Tempus fugit
Nos acercamos al final del año. Época de revisiones, de ansiedad por cubrir los objetivos o de resignación porque ya sabemos que no vamos a llegar. A este estado de ánimo empresarial se incorpora el «espíritu navideño» para ayudar en el cóctel explosivo del momento. Ojo… no dejemos atrás las comidas con «mesura» que estamos haciendo, los extras azucarados que tomamos entre horas, un poco de alcohol para aderezar y sin olvidar las sesiones de compras que llevamos ya o nos quedan por el camino que vamos.
Visto así, estaremos deseando que llegue el 15 de enero, sin duda ninguna.
Pero como dice el título, el tiempo se nos va. Se nos va en desear siempre que nos llegue algo. Cuántos comienzan el lunes deseando que llegue el viernes. Cuántos a poco que baje el termómetro están deseando que llegue mayo, o que cuando aprieta el calor llegue noviembre… o diciembre… o enero o no se sabe ya qué mes para que refresque algo. Los hay que viven pensando en las vacaciones. Hay quien está deseando que llegue la noche y quien desea que levante el día. Y de la jubilación ni hablamos.
Y entre deseo y deseo se nos va el presente, el único momento en el que podemos VIVIR. Hoy, en este preciso instante que vivimos, somos lo que hemos conseguido hacer con nuestro pasado y tenemos la oportunidad de afianzarlo o cambiarlo si queremos con lo que podamos hacer en el futuro, pero es solamente hoy cuando podemos HACER. Y el hacer también en el sentido contrario si es que vemos que puede ser más conveniente, porque también el «no hacer» puede ser lo correcto en muchos casos. Se trata de poder decidir, de actuar o no, de decir algo o callarlo, de ir o quedarte, pero hacerlo todo porque hemos tomado esa decisión que sólo se puede tomar HOY y AHORA.
El hoy y el ahora es una herramienta potentísima. Podemos agradecer, ayudar, aconsejar y consolar. Pero también podemos decidir no odiar, rechazar o herir. Tomar la vida con la calma que necesitan las decisiones. Apartar la prisa y la ansiedad. Disfrutar al conocer a otras personas o al conocer, sin más.
En este año 2022 me incorporé de nuevo al grupo CEN de networking al que pertenecí como miembro y al que he vuelto como colaborador para aburrirles con estas cosas que se me ocurren de vez en cuando. Solo les puedo dar las gracias por acogerme y escucharme y permitirme ayudar quizás de la mejor (o única) forma que sé, con la reflexión serena que nos lleve a disfrutar un poco más… de la empresa… y de la vida.
El título del artículo no es porque ahora me crea yo un pensador o un erudito, es porque estuve el otro día comiendo en Cádiz y el restaurante se llamaba así, Tempus fugit, y me dio la idea para escribir esto, que también comenté en el grupo de networking de esta semana. Que, por cierto, también el restaurante os lo recomiendo porque comimos de lujo.
Ya que tenemos la Navidad aquí, disfrutemos de los momentos que nos traiga, porque habrá muchos muy buenos y no es cuestión de desperdiciarlos. Ya hablaremos más adelante en el nuevo año de objetivos, beneficios, costes, mercados y otras cosas que son importantes y que nos pueden también hacer disfrutar aunque de distinta forma. Pero por el momento, centrémonos en nuestro hoy con cantes, bailes, comidas y bebidas. Disfrutemos de las felicitaciones, de las sinceras y hasta de las de compromiso y que seamos capaces de absorber toda la ilusión para convertirla en la energía que nos hará falta para vivir un día tras otro el 2023.
