Personas y empresa (III) – Los perfiles necesarios

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El marco de actuación que he definido en mi anterior entrada del blog puede entenderse para las personas, en su binomio normativa-sociabilidad, como un estado de ánimo en un momento determinado de la vida laboral. Pero, como decía al finalizar el artículo, las posiciones de esta tabla que obtuvimos analizando las diferentes combinaciones, no tienen por qué coincidir para las personas con las que nos relacionamos, con lo que realmente necesitamos.

Y si pensamos detenidamente qué tipo de perfiles necesitamos, vemos que nos hace falta gente capaz de generar ideas, de tener una visión diferente del mundo que nos rodea para encontrar soluciones a nuevos retos y hacernos avanzar. También nos hará falta gente infatigable que asuma los primeros momentos de cada proyecto, gente capaz de poner un poco de orden en un caos inicial y que encauce la acción de una forma razonable y productiva. Y nada podría hacerse si nos faltara esa gente disciplinada y eficiente que, con pico y pala, saca adelante el día a día de cada una de nuestras líneas de actuación.

Y no se me ocurren más perfiles que estos para sacar adelante una actividad. Porque, cuando estamos en la labor de definir los perfiles que necesito, nunca debo hacer la definición de algo negativo, de algo que no buscaré, y que si nos fijamos, más que un perfil, resultará un estado de ánimo, una vivencia de un momento negativo más o menos largo para una persona, una «ausencia» de cualquiera de estas tres actitudes que buscamos. Y esta «ausencia de lo positivo» nos instalaría en uno de los estados definidos en el marco de actuación del artículo anterior o bien en una actitud negativa con respecto a la evolución personal, algo que trataremos en el siguiente.

Creativos

El primero de los perfiles que debo tener cerca es el de aquella persona «capaz de hacer magia» y sacar un pájaro de la chistera en el momento adecuado, cosas de la nada que a los demás no se nos ocurren. Gente capaz de «volar», que no tiene límites ni filtros y que no está encorsetada por nada. Pero, cuando pensamos en este tipo de personas, nuestra mente se va a grandes genios de la historia que nos parecen inaccesibles y, aunque éstos también serán necesarios (y mucho), no son realmente los que nos ocupan ahora. Tenemos un día a día, una vida normal en la que nos hacen falta estos papeles creativos.

Podemos ser nosotros los creativos, que hayamos tenido una idea que hayamos sido capaces de plasmar en una empresa para cubrir una necesidad de la sociedad, con un nuevo producto, un nuevo método de producción que abarata los costes, etc. Es posible también que necesitemos una campaña comercial para darnos a conocer y entren en juego los que llamamos de hecho «creativos», dedicados a la publicidad y la comunicación y que nos hagan conocidos en el mercado. Pero quizás haya tendencia a identificar este papel solo con personas extrovertidas como emprendedores y comerciales y nada más lejos de la realidad. Imaginemos un científico genial, capaz de descubrir un nuevo medicamento u otra fórmula magistral para cualquier aspecto que nos podamos imaginar; esa persona introvertida, casi asocial, a la que le cuesta trabajo hablar con los demás y hay que sacarle las palabras tirando de la lengua casi… también este perfil será creativo.

Si no existiera este perfil, estaríamos todavía viviendo en las cavernas. Pero, sin embargo, también los hay culpables de la sociedad de consumo extremo en la que vivimos. La creatividad es algo magnífico pero otra cosa muy distinta será el uso que le demos; estemos siempre atentos a esto.

Rompehielos

Después de muchos años de observación, la verdad es que la mayoría de estos creativos geniales, tanto por ser muy extrovertidos, como muy introvertidos, no sirven para poner en práctica las ideas que se les ocurren. Incapaces de «soportar» las exigencias, los rechazos y las actitudes en general de esos «mortales de mentes inferiores incapaces de apreciar su genialidad», sucumben a la realidad y al desánimo, dinamitando sus proyectos que puede que otros, mucho menos geniales pero más avispados, rescaten más adelante para beneficio propio y de esto sabemos mucho en España desde antes de la conquista de América.

Por esto, necesitamos de otro perfil fundamental. Gente capaz de traer a la tierra las ideas de los creativos, incluso bregando (negociando) con ellos mismos. Capaz de romper las resistencias de los distintos grupos de interés, de hacer ver las ventajas tanto en momentos cercanos como, sobre todo, en el medio y largo plazo, algo tan necesario pero tan difícil. Generación de acuerdos, cumplimiento de la legalidad, animación para la innovación, petición de colaboración y estructuración de los proyectos.

En definitiva, la apertura de caminos para avanzar con la nueva idea, el perfil del «rompehielos» que deja vías transitables para los demás.

Soldados.

Si tenemos una buena idea y hemos sido capaces de ponerla sobre la mesa y hacer que «aterrice», probablemente nos encontremos con que ninguno de los dos perfiles de los que hemos hablado hasta ahora tiene la suficiente «disciplina» para dotar a estos nuevos procesos de algo fundamental: la CONTINUIDAD. Será el perfil más numeroso, un ejército de «soldados» que, a base de pico y pala, con constancia y resistencia a la frustración, será capaz de hacer que el proyecto avance superando las dificultades de un día a día que puede aburrir tanto a los creativos como a los rompehielos.

Este perfil disfruta con la ejecución de las tareas, tiene una visión más a corto plazo, pero sin dejar de proyectarla al medio y largo. Es constante y capaz de resolver problemas con inmediatez, de forma que no se detenga la marcha. Es (debe ser) solidario y cree en el trabajo en grupo que fortalece las acciones y las orienta a logros. En definitiva, constituye la fuerza de trabajo sin la cual nada puede alcanzarse.

Podemos intentar complicar las cosas pero, a lo mejor, son así de simples… y a mí no se me ocurren más perfiles que sean necesarios para sacar las cosas adelante. O tenemos ideas, o somos capaces de traerlas a la tierra, o somos capaces de ejecutarlas, no hay más que se pueda pedir. Pero sí nos podríamos preguntar en cuál de estos tres perfiles nos situamos cada uno de nosotros. Pensadlo un poco y veréis que la cuestión no es tan fácil. Dependerá de en qué faceta de la vida nos centremos, en qué momento, cuál es nuestro estado de ánimo. De la misma forma que sucedió con el marco de actuación, las variables que tenemos que considerar son múltiples, por lo que no habrá una solución única ni un perfil totalmente claro.

La combinación de los perfiles.

Por lo tanto, ¿Podemos identificarnos con uno de estos tres perfiles? La respuesta, según mi punto de vista, será que no al cien por cien. Es más, en cada persona que analicemos habrá, en un momento determinado, una combinación de estos perfiles. Pero lo que sí es verdad es que, por nuestra formación, entorno, trayectoria personal y profesional, a lo largo de los años, sí que habrá alguno de los perfiles con los que nos identificaremos de forma mayoritaria.

Por ejemplo, he comentado que en el perfil de soldado se ejecuta, pero que también se deben resolver problemas con inmediatez. Pues este tipo de resolución de problemas necesita en ocasiones un punto creativo y alguna que otra habilidad de negociación, características básicas de los otros dos perfiles.

De la misma forma que sería necesario que el que estuviera como un rompehielos abriendo camino, fuera capaz de ejecutar actividades como un soldado. O que el creativo, con una idea en mente, fuera capaz por un momento de ver pros y contras y dar su brazo a torcer.

Cada uno de nosotros lleva dentro una combinación de los perfiles, nadie es al cien por cien uno de ellos siempre y en todas las circunstancias y esto también es algo que podemos modelar con trabajo y experiencia.

Por lo tanto, en un momento determinado de nuestra vida, tendremos una combinación de estos perfiles, pero, además, gracias a esta combinación, tendremos una disposición determinada en el cuadro que definimos como marco de actuación y, con respecto a nuestra actividad profesional, podremos ser más social que cuadriculado, o más normativo que estricto o, quizás, por los avatares de la vida, podríamos habernos convertido en un lastre. Sin embargo, nos nos preocupemos. De la misma forma que podamos haber evolucionado hasta una determinada situación, también podremos poner los medios para evolucionar hacia otra distinta. Y de esto es de lo que trataré en el último artículo de esta serie.

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