Autor: manuelzunigah
Huelga General 14N, una nueva fiesta
En un artículo anterior comentaba que era importante hacerse fuertes en los puntos de nuestra economía en los que éramos líderes e incluso estábamos subiendo, como el turismo. El 14 de noviembre es día de fiesta sindical, se trastocará el país entero para la justificación de las grandes organizaciones y sus líderes y la satisfacción de las pequeñas que viven todavía ancladas a los tiempos de Marx. Saldremos de nuevo en las portadas de todos los periódicos mundiales, nos asociarán de nuevo a Grecia y perderemos unas decenas de miles de visitas en los próximos meses hasta que la cosa se olvide.
Pero, ¡Y lo contentos que se van a quedar todos esos militantes recalcitrantes con el día que van a pasar…! Los veremos felices con sus megáfonos, panfletos, pancartas y pegatinas, que quedarán fijadas en todos los sitios que incomoden al resto de ciudadanos, para que no pase desapercibido el mensaje. Gritarán pareados ingeniosos contra el poder, el gobierno, los corruptos (mejor que se miren ellos también), por supuesto los bancos… y a favor del pueblo, los trabajadores, los desheredados de la fortuna, etc, etc… Ya nos sabemos todo esto de memoria de trillado que está. Que maravilloso día de lucha van a pasar.
A las 12 de la noche se abre la veda para que unos compañeros puedan criticar, insultar o despreciar a otros que también están en su derecho de no estar de acuerdo y trabajar. ¿Y cómo se hace esto? Pues quizás se zarandee algún coche, quizás vuele alguna piedra, quizás algún globo con pintura, quizás algo lo raye al entrar en la fábrica… O a lo mejor hay que pasar por debajo de una pancarta puesta en la puerta o escuchar palabras no muy agradables de “compañeros” de trabajo que a lo mejor hace algún que otro año que no trabajan porque están liberados. Hay muchas maneras y todas se usarán.
Pero a pesar de todo esto, la gran realidad es que, de una forma u otra, la mayor parte del país estará funcionando, con cierta incomodidad, pero lo hará. La huelga no es igual en grandes fábricas que en el pequeño comercio, en el centro de las ciudades o en los barrios, a las nueve de la mañana o a las doce. Cambia según la incidencia mediática, porque lo que sí hay que reconocer es que eso lo manejan bien. Si hay cámaras, se cerrarán tiendas en tal calle, si no las hay puede que sí, puede que no. Y en la pasada huelga general tuvieron un acierto importante: la gran manifestación, el acto culminante de la misma, lo convocaron por la tarde noche. Así pudieron también asistir los que ese día estuvieron trabajando para decir que la participación había sido masiva… que no lo fue.
Estoy convencido de que para los líderes sindicales fue un alivio que el Partido Popular ganara las elecciones. Tienen sentido sólo si hay conflictos. Por eso les interesaba un gobierno que fuera capaz de asumir las medidas que se están llevando a cabo y que ellos en la intimidad de sus despachos saben que no hay más remedio que tomar hasta enderezar la situación después del desgobierno y derroche anterior. Antes parecía incongruente protestar contra un gobierno de izquierdas y progresista, con lo que su posición fue incómoda durante mucho tiempo. Ahora pueden dar rienda suelta a su protesta y demagogia.
¿Y el mensaje?, ¿Cuál es el mensaje? Los carteles dicen:
NOS DEJAN SIN FUTURO – HAY CULPABLES – HAY SOLUCIONES
“Otros” nos dejan sin futuro, hay culpables… pero son “otros”… nosotros no hemos hecho nada… qué malvados son los otros, como me los encuentre… Y lo último, “hay soluciones”, pero puesto en letra más pequeña, eso ahora importa menos. Tanto menos importa que ninguno de ellos se ha dignado, o quizás no ha sido capaz de dar ni una sola. Que las den también los “otros”. Ninguna propuesta, sólo protesta estéril que servirá para justificar a los grandes líderes y las maquinarias de estas organizaciones, alguna de las cuales se apuntó también a los ERE hace algunos meses.
A todo esto, la foto de los carteles es de la pared del portal de la casa donde yo vivo. Yo supongo que a partir del jueves, el día después del 14N, pasarán los que los pegaron (para informar) a limpiar la pared, igual que arreglarán los cajeros, bancos, señales de tráfico, cristales de comercios esquiroles, etc, etc, perjudicados por los más enaltecidos y por los que siempre se apuntan a romper sea cual sea la concentración. Pero me temo que no, que eso correrá por cuenta de todos.
No hay mensaje claro, no hay ni una sola propuesta, ¿cuál será el resultado de esta huelga? Nada, o a lo mejor sí obtenemos algo… un poco más de desprestigio internacional, que nos vendrá de perlas y unos ingresos extra en el sector de impresión (por las pancartas, carteles y pegatinas). Quizás con el coste de hacer la huelga en pancartas, desplazamientos, suciedad, destrozos y, sobre todo, horas de trabajo, pudiera crearse un interesante fondo para ayudar a resolver alguno de los problemas que tenemos en el país o al menos para que algunos bancos de alimentos pudieran ampliar sus servicios.
Desahucios: ¿De quién es la culpa?
Desde que Aristóteles enunció en su “Ética a Nicómaco” aquello de que en el término medio está la virtud, la idea del equilibrio ha perseguido a la humanidad en todos los aspectos de la vida. Pero a pesar de que reconocemos la veracidad de este antiquísimo principio, nos empeñamos en no hacerle caso de forma sistemática y vamos de un extremo a otro.
Es importante que los dos partidos mayoritarios del arco parlamentario se pongan de acuerdo para actualizar una ley muy antigua y para establecer medidas de urgencia ante la situación de alarma social que se está generando. Pero es importante también que sepamos asumir el origen de las distintas situaciones y reconocer que no todos los desahucios que se producen son iguales, ni su origen tampoco.
Pues de la misma forma que cuando hay un accidente entre un coche y una bicicleta, la tendencia es a criminalizar al conductor del coche (pobre ciclista indefenso), en estos momentos con el tema que nos ocupa también podemos estar criminalizando “sin saber” la realidad de las situaciones. Es posible que el ciclista se hubiera saltado de forma imprudente un semáforo y cruzado una avenida por la que venía el coche de forma correcta. Y es verdad que siempre hay que exigir que los que conducimos vehículos a motor de todo tipo tengamos en cuenta estas circunstancias que puede hacer que otros vehículos de menor peso o peatones salgan muy perjudicados. Pero es inexcusable la total exigencia de responsabilidad que hay que hacer al ciclista o peatón, que debe asumir también las consecuencias de sus actos.
Somos un país de extremos y en el último caso tan sonado de suicidio “por el desahucio”, se trataba de una persona que trabajaba como responsable de recursos humanos de una empresa, y que había sido concejal de uno de los partidos de implantación nacional. Por lo tanto no estamos hablando de una persona sin preparación a la que el maléfico Banco engañó con su hipoteca haciendo que se endeudara hasta las cejas con promesas de un país multicolor y maravilloso donde todo iría bien. Creo que habría que investigar más en los motivos del suicidio de esta persona y no quedarnos sólo con el hecho del desahucio, que, sin duda, también sería uno de los granos de arena de esa montaña.
Hemos alentado la propiedad, la multipropiedad y las propiedades múltiples, es cierto. Pero entrar en el juego es una decisión de cada persona y de cada familia, la situación se ha ido endureciendo con el tiempo y hemos podido tomar medidas y no en todos los casos se ha hecho. Se ha alentado la ambición pero este es un vicio de la persona, no de una colectividad ni de un estado, y es la persona la que puede ponerle freno con una forma distinta de vivir.
Debemos asumir nuestros errores, los que nos llevan a situaciones difíciles. Y desde esta posición de reconocimiento y de humildad, pedir la ayuda necesaria, sí. Y digo pedir, no exigir, porque nadie nos obligó a vivir durante años por encima de nuestras posibilidades con una vanidad que parecía no tener límites. Esta creo que debe ser la postura del peatón o del ciclista de ese accidente.
Y la del conductor, o la de la autoridad que llega al lugar del suceso, ahora será la de aquel que no sin razones en su lado, es capaz de dar una salida digna para que todos sufran lo menos posible y el problema se arregle. Que los daños se repongan cuanto antes y que la vida continúe para todos. Los Bancos pueden aflojar un poco la tensión en la cuerda, porque están recuperando viviendas para al final meterlas en un saco que tampoco tiene salida y que acabarán en el tan traído y llevado “banco malo” por menos de la mitad de su valor. El Estado puede utilizar parte de los millones y millones de fondos destinados a la banca para crear y fomentar el alquiler de forma que todas esas viviendas sin salida puedan ser utilizadas, quizás por sus antiguos propietarios pero en lugar de en una situación de propiedad en una de alquiler que sea razonable para el estado de nuestra economía.
La culpa de los desahucios la tiene todo el que ha intervenido: El Banco (que ahora es el malo de la película, pero que era muy bueno cuando nos dio el crédito) por la ambición sin límites y las prácticas incorrectas que ha realizado, el Estado porque ha mirado para otro lado y ha permitido esas prácticas con un regulador que ha llegado a la ridiculez. Pero una parte importante, fundamental de esa culpa, la tenemos los particulares que, con los cantos de sirena del maldito “Estado del Bienestar”, hemos entrado en un juego de búsqueda sin condiciones de la riqueza material que nos está ahora hundiendo en la mayor de las miserias.
Es necesario que entremos en otra era, en la que usemos la Economía para una mayor realización personal, para apostar por los intangibles que nos hacen más persona, que por lo material que nos inclina a la barbarie.
Captar negocio desde la acción formativa
Este es otro artículo que escribí hace ya varios años, en noviembre de 2006 en concreto, y que he recuperado de la Revista Capital Humano. Se trata de algo sobre lo que hablaré en próximas entradas en el blog dedicadas a la formación como columna vertebral del progreso humano.
¿Por qué nos formamos los humanos? ¿Por qué nuestras necesidades van más allá de lo estrictamente necesario para sobrevivir? ¿Por qué hemos acumulado como especie un conocimiento muy superior al que necesitamos para este fin? Creo que hemos llegado a aprender por placer en muchos casos, que el saber no es ya un medio sino un fin en sí. Pero lo discutiremos en otro momento.
En lo que atañe a este artículo de “Capital Humano”, y viendo la situación de las Cajas y lo que ha pasado desde entonces, hay algunos párrafos que me causan, yo diría que incluso un profundo dolor que ya expresé en un post anterior, “La empresa sin alma”. En él hacía alusión a las frases grandilocuentes que se habían pronunciado en las empresas sobre sus recursos humanos y que quedaron vacías en cuanto vinieron los problemas por la actual crisis moral y económica.
Pero resulta que este artículo lo escribí yo, una persona comprometida con mi trabajo y criterios, responsable de la formación de esa empresa y que creía en lo que estaba haciendo para ayudar a los profesionales de mi organización. Ligar la formación a resultados y actividades del día a día, con objetivos reales y sobre las tareas fue un éxito por la implicación de todos los que intervinimos: el equipo de formación, los formadores internos, los externos de Epise y, sobre todo, los participantes que pudieron sentir calor y ayuda en momentos en los que creo que les hacía falta.
Esta cercanía de la formación a los objetivos, de la posible especialización excesiva, o del momento en que esta especialización es requerida, son cuestiones difíciles pero apasionantes que trataremos para todos los niveles de la educación, desde la guardería a la empresa o al calor de un sofá en el rincón más acogedor de nuestra casa
Gracias a los amigos de Epise, que me invitaron a participar con esta ponencia en sus jornadas de estudio de Granada del año 2006 y que dio origen a este artículo de Capital Humano.
Artículo de la Revista Capital Humano: «Captar negocio desde la acción formativa» (noviembre 2006)
Difuntos y fiestas
Hay un poco de niebla esta tarde noche en el centro, el tiempo fresco ya y de vez en cuando llueve. Qué niebla más rara, cuanto más intensa mejor huele. Bueno, pues resulta que de niebla nada, que era un puesto de castañas. Aprovecharé para comprar un par de euros y acabar con los dedos negros y una sensación reconfortante en el cuerpo.
Es pleno otoño ya, tiempo de los frutos secos, aquel en el que las familias visitaban…y visitan los cementerios para recordar a sus difuntos y dejar todo reluciente. Aunque, hoy en día que quemamos todo, alguno no tendrá que salir de casa para el recuerdo y algún otro tendría que ir a un millón de sitios o a ninguno. Bolsa de nueces y almendras, tabla de madera, un buen martillo y un cuenco para el resultado. Golpe, una abierta, mitad para el cuenco y mitad para adentro… La segunda igual, y la tercera, no sé si ese cuenco se llenará.
Los que se dedican a vender flores esperan el momento para arreglar un poco su economía antes de una de las grandes fiestas que ya va asomando por el camino. Los niños en el colegio ya han cogido ritmo y parece que no existió el verano y la playa, y los mayores… también lo han cogido, porque el año natural es importante, pero como siempre hemos estado estudiando, para la mayoría el año “normal” empieza en septiembre. Y, salvando fiesta nacional y desfiles, esta de los santos y de los difuntos es la primera que, para los que tenemos cierta edad, supone un pequeño alto en nuestra vorágine diaria, supone valorar la vida y a todos los que pasaron por ella y ya no están y, además, celebrarlo con esta cualidad que tiene nuestra especie de encontrar explicaciones y saber ver todo lo bueno que tiene incluso lo que en apariencia es malo.
Teniendo cementerios, tumbas, nichos, urnas, flores naturales o hasta de plástico (qué horror), y además puestos de castañas y almendras, nueces, tablas, martillos y cuencos, y sobre todo, el recuerdo que nos dejó la gente que nos enseñó mil cosas, ¿qué necesidad hay de “zombis” y demás muertos vivientes, brujas, trucos y tratos y unos míseros caramelos? Yo prefiero los muertos propios que los ajenos… pero cuidado, hay que hacer ver a los más jóvenes que los muertos del cementerio no nos hacen nada, somos los vivos los que tenemos la manía de hacer daño.
NOTA: Este artículo quiere ser un homenaje a las familias que partían (y parten) nueces y almendras en “tosantos” y difuntos en el salón, sentados a la mesa-camilla y con el brasero puesto.
Motivación: ¿Ilusión o realidad?
Esta ha sido otra de las “vacas sagradas” de los Recursos Humanos en los últimos años. Sin embargo, estaremos de acuerdo en que, al final, ha llegado a hablarse más, mucho más, muchísimo más, de su opuesta: la des-motivación. No hay que preocuparse por esto, sin embargo, sólo concienciarse de ello. Con el nivel directivo del que se ha hecho gala en este país en los últimos quince años, la gestión de la motivación más que a una herramienta empresarial de desarrollo profesional, se ha parecido a ese juego en el que hay que dar con un martillo a la cabeza que asoma por el agujero: una persona motivada, con ilusión, saca la cabeza e inmediatamente un directivo al uso lo des-motiva de un martillazo.
A partir de ahí, el profesional que ha intentado hacer algo por su empresa (algo por lo que además le pagan y es “su obligación”), aturdido por este primer golpe se plantea el porqué de lo ocurrido, e incluso llega a darse a sí mismo una explicación razonable. Y vuelta a empezar. Segundo martillazo… ¿y ahora cuál es el problema? Explicación y vuelta a empezar. Y así sucesivamente hasta que ya empieza a no sacar la cabeza y quedar sumido en una realidad de monotonía o de instrucciones sin sentido aparente (claro que los de arriba tienen más información de por qué se hacen las cosas como se hacen) que constituyen lo que yo llamo la “dirección por bandazos” (ahora todos para allá, ahora todos para el otro lado…). Pero claro, los golpes duelen.
Si llegados a este punto, alguno de los lectores está sonriendo, aunque sea levemente, será que algún golpe se ha llevado. Esto es un problema empresarial grave porque hay que saber encauzar las iniciativas de las personas, sin hacer cosas que a la empresa no le interesen, pero sin frustrar a nadie porque esa fuerza, esa iniciativa y esa capacidad de pensar siempre es necesaria.
En cualquier caso, el tratamiento “teórico” de la motivación desde el punto de vista de la empresa lo dejaremos para otro momento. Hoy me quiero centrar en la actitud del profesional que ha experimentado este “juego de despropósitos”. ¿Debemos caer en el pozo de la mediocridad para no llevarnos más martillazos en el juego? ¿Debemos dejar de tener ideas, iniciativas, para hacer lo normal, “lo que se nos pide” sin aportar nada más? Categóricamente NO. Pero no porque sea malo para la empresa, que lo es, sino porque es malo para el profesional. Porque lo que no se ejercita se atrofia y en este caso estamos hablando de nuestra mente.
Aunque una propuesta no salga adelante por cualquier motivo, (y cuando digo “cualquier” hablo desde una explicación razonada hasta un ridículo, estúpido y tajante NO sin más o una callada por respuesta), el ejercicio de pensarla, estructurarla, darle forma en el papel y llegar a defenderla es tan importante para el profesional, que no podemos permitirnos el lujo de tan siquiera dudar si debemos hacerlo. Hay que seguir porque nuestra “persona” gana cada vez que lo hacemos.
Con un poco de suerte, de estas experiencias aprenderemos a que vaya saliendo poco a poco algún proyecto. Aunque si los golpes son muchos y continuados, quizás no estemos en la empresa correcta, quizás debamos emprender nosotros nuestro camino por otro lado. Y qué difícil es esto en nuestra cultura de estar toda la vida en una empresa aunque vivamos nuestro trabajo de forma triste y el mejor proyecto sea la lotería primitiva compartida con los compañeros del departamento.
Cambiemos el concepto. Hablemos de AUTO-motivación. Hagamos depender nuestro contento o descontento de lo que seamos capaces de hacer, de lo que seamos capaces de progresar nosotros mismos. No dejemos descansar este impulso sólo en el reconocimiento de otros. Porque esos otros podrán ser mejores o peores, pero tarde o temprano irán desapareciendo y apareciendo otros nuevos. Lo que siempre estará con nosotros será nuestra capacidad, nuestro convencimiento y nuestras ganas de hacer los proyectos que creamos oportunos para avanzar.
Si conseguimos la complicidad, ayuda o aprobación de los demás, habremos dado un gran paso, pero si no lo conseguimos, tenemos que seguir en el empeño de hacer grandes cosas. Y la más grande de todas probablemente sea que nuestra mano nunca llegue a manejar un martillo en el juego.
La automotivación es una de las cualidades de los profesionales de la “Nueva Economía” y la ayuda a los demás, la principal cualidad de sus directivos.
Consolidar los puntos fuertes de la Economía. El primer paso para la salida del túnel.
Como la situación todavía no es muy buena que digamos, hacen falta soluciones a muchos problemas que hay sobre la mesa y hay que empezar a buscarlas… y a encontrarlas, claro. Pero todo esto, con tantas cosas a la vez, en algunos momentos hay que hacerlo de la misma forma que se pela un saco de patatas (o papas, como se dice en algunos lugares de nuestra geografía). Esta es una broma que teníamos algunos compañeros de un departamento de organización que una vez existió y que utilizábamos cuando teníamos muchos trabajos que realizar a la vez.
Pues bien, ¿saben ustedes como se hace? Muy sencillo: UNA DESPUÉS DE OTRA. Fácil, puesto que de lo contrario, tendríamos todo siempre a medio hacer. Es más, cuando empiezan a terminarse de pelar patatas, la cadena que va detrás empieza a funcionar y eso hace que todo se calme, incluso que haya más recursos para seguir pelando. Cuando nos poníamos a trabajar de esa forma, iban saliendo temas y dando respuesta a nuestros usuarios de una forma muy razonable tanto en tiempo como en calidad. Este binomio es un poco complejo porque suelen crecer las dos variables de forma simultánea pero no proporcional, hasta que llegue el punto de que por mucho tiempo que le dediques será difícil que aumentes la calidad de la salida. Por lo tanto, hay que tener muy en cuenta el momento del equilibrio para no trabajar por amor al arte.
Nuestra situación en la economía es parecida a uno de aquellos periodos; todo hay que resolverlo a la vez, pero no puede ser, porque ni hay pinches para pelar patatas, y lo que es peor, tampoco hay cocinero para tanta patata pelada. Y el problema es que si la nuestra NO es una de las patatas que se están pelando ¡ahora!… ¡YA!… empezamos a perder la paciencia y esto nos trae actitudes hostiles contra todo lo que nos rodea. Y empiezan las protestas. Y todos los que están en una patata sin pelar empiezan a protestar ya sin tener en cuenta el tiempo que llevan en esa situación, si las situaciones son razonables, cómo están los demás, etc, etc…
Cuando las protestas empiezan a ser un fenómeno de seguridad ciudadana en todos los aspectos, porque cualquier acto público en ayuntamientos, comunidades o estado, se convierte en una algarada, en una tangana, o en una batalla campal como hemos vivido ya varias, los problemas no hacen más que empeorar. Y sólo empeoran porque los pinches ya dejan de pelar, a los cocineros no les da la gana de cocinar (y además dejarán de tener patatas) y al dueño del saco ya todo le dará igual. Resultado: NADIE come en este restaurante.
Cuando vienen los problemas, como ahora, es necesario hacerse fuertes en aquellos aspectos en los que el país funciona. Y todos debemos hacerlo, los que tienen trabajo y los que no, los que están en estos sectores fuertes y los que no. Y luego protestar por los cauces más efectivos que no deterioren otras situaciones, y siempre proponiendo soluciones, no sólo exigiéndolas.
En concreto, sabemos que en España el sector turístico nos lleva sacando las castañas del fuego (o las patatas del saco) durante muchas décadas. Que somos líderes, que en plena crisis hemos conseguido que el número de visitas aumente un cinco por ciento y que hay economías emergentes que están creando una clase media que en los próximos años se colgará su cámara al hombro y saldrá al extranjero. Hablo de Rusia y China, que son los más lanzados al exterior del famoso BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Si conseguimos atraer el flujo de personas que va a salir de estos países, nuestra economía mejorará y este sector estrella volverá a crear empleo en grandes cantidades. Muchas personas tendrán su salida aquí.
Pero es necesaria la colaboración de TODOS, trabajemos en el sector que trabajemos. Si no, pensemos en la posibilidad de ir ahora a Grecia. No creo que se nos antoje muy agradable sabiendo que nos podemos encontrar manifestaciones, cargas, piedras volando, neumáticos quemándose y demás recursos singulares de protesta.
No se puede convertir cada acto público en una manifestación del tipo que sea, no se puede estar continuamente en la calle cortando el tráfico, tanto que va a llegar el momento en el que se van a tener que montar turnos para manifestarse. Pensemos un momento en dos temas: el primero, los que provocaron todo esto están en su casa viéndolo por la tele, no ahoguemos a los que están intentando arreglarlo. El segundo y más importante, todo lo que hagamos lo están viendo aquellos que queremos que vengan a nuestro país. ¿Les vamos a quitar las ganas de venir? ¿Vamos a destruir una de nuestras posiciones fuertes que nos permitirán salir de todo esto? Mejor vamos a por ellos, para que vengan a conocernos.
Elecciones en Galicia y País Vasco, los dos extremos de España
Las elecciones de este fin de semana, algo que merece comentario aunque sea breve. Son los dos extremos de España. Uno, el de Galicia, que ha sido valiente, reconociendo un trabajo sensato de un equipo de gobierno sensato. Un pueblo que ha hecho de tripas corazón para reconocer que los sacrificios eran necesarios y que, de esa manera, en algún momento se verá la luz al final del túnel, y no con discursos de falsa política social sin fundamento porque no hay recursos para aplicarla.
El otro, temerario, el del País Vasco, algo a lo que ya nos han tenido acostumbrados. Una sociedad que permite que las armas tengan respaldo social y estén en su parlamento. Esto no debería ser así por muy frustrados que estén los vascos con sus dirigentes. Es evidente que hay fallos en nuestro sistema democrático que permite que los que no lo son entren en el sistema para, sin duda, intentar dinamitarlo. ¿Se pondrán ahora de acuerdo la derecha nacionalista con la extrema izquierda nacionalista y terrorista para gobernar primando a sus cantos de sirena antes que el bienestar de su propio pueblo? Tendremos que ver atentamente lo que ocurre.
He leído hoy que al final se tiene lo que se vota y así entiendo que será. Si no, miren en Andalucía, corrupción y atraso, después de treinta años con el mismo gobierno. Al menos, tanto en Galicia como en el País Vasco, al igual que se hizo a nivel nacional, se ha dado la espalda al partido que nos ha traido al país esos regalos por su absoluta incompetencia. Lo que en Andalucía no tuvimos el valor de hacer, con tanto «miedo» y tantos «fantasmas del pasado… muy pasado ya».
Todos necesitamos un momento para pensar en nuestra realidad política y social. Busquémoslo, porque nos hace falta, mucha falta.
Cuando la persona reclama el protagonismo
En el mes de marzo del año 2002, siendo jefe de Formación, publiqué en la revista “Capital Humano” un artículo denominado “La persona, la nueva formación y los ciclos”. Mucho ha llovido desde entonces, pero creo que es interesante recordar algunas cosas de las que decía entonces y que ahora son incluso más aplicables a las situaciones vividas en la última década.
El sentido que le di entonces fue el de la existencia de ciclos en la vida y en la economía, esos que ahora se niegan diciendo que probablemente no volvamos a un sistema como el que hemos conocido hasta ahora por la relevancia de los cambios.
Lo que venía a decir en él es que no podemos dejar que el sistema, cualquiera que sea, piense por nosotros, que la cantinela del estado del bienestar nos atonte, porque incluso ese estado del bienestar puede también terminar su ciclo. No podemos dejar que esto sea un “café para todos” y al precio que sea. Debemos asumir nuestro protagonismo y no dejarlo todo en manos del Estado, al que ahora le pedimos todo, arrogándonos derechos sobre cualquier cosa por poco trascendente que sea.
El paso de la Economía Social de Mercado al Estado del Bienestar ha supuesto un incremento de la comodidad y de las posesiones materiales para los que nos hemos encontrado dentro de uno de los países que siguieron esta tendencia, pero creo que a costa de evolucionar hacia un encefalograma plano. Hemos dado importancia a cosas que no la tenían y nos hemos debilitado moralmente.
En los sistemas de Economía Social de Mercado creció nuestro bienestar pero teniendo plena conciencia de nuestra propia aportación e importancia. Volvamos como personas, a adquirir ese protagonismo aprendiendo de los grandes errores recientes. Seguro que sabemos hacerlo, para ser conscientes de lo verdaderamente importante en la vida.
Artículo de la Revista Capital Humano: “La persona, la nueva formación y los ciclos” (marzo 2002)
La confianza perdida en las Entidades Financieras
De entre todas las pérdidas que han sufrido las entidades financieras de este país en los últimos años, hay algo que destaca sobremanera: Han perdido la confianza de los clientes y de la sociedad en general y esto es bastante más importante que las inversiones en ladrillo que ya no se saben cómo atacar, pero que al fin y al cabo no son más que un hecho económico que sanear de su balance, que pasará en más o menos tiempo y de lo que se podrán recuperar según las habilidades que cada una aplique.
Hace años, los clientes iban a su entidad financiera a consultar a los empleados de la oficina, en general o a alguien en concreto, cosas que en algunos casos nada tenían que ver con la actividad financiera que les resolvía dicha entidad. Cualquier aspecto casi de su vida en el que intervenía un flujo monetario era susceptible de consultar a su asesor ,o más que asesor amigo, de confianza de la oficina. Se sucedían así preguntas sobre una carta que le había enviado Hacienda, qué coche podría venir mejor a la familia o qué hacía con las vacaciones.
En realidad este tipo de preguntas (y sus correspondientes respuestas) hacía que las entidades financieras estuvieran presentes como factor de firmeza y confianza en la vida de las personas, y en esto siempre tuvieron más fama las Cajas que los Bancos. Bien, pues este activo, esa penetración en la vida de las personas, ha sido la más importante posesión que se ha tenido para poder hacer luego los negocios, para atraer el pasivo, conceder créditos y, ahí comenzaron los problemas, “colocar” todo tipo de productos.
La ambición sin límites de las cúpulas de estas entidades ha hecho que para crecer y crecer, y ganar más y más, se hayan tenido que poner en práctica dos tipos de actuaciones lamentables. La primera la pérdida de la prudencia en el crédito, error de libro para los financieros bancarios. Se han concedido créditos por encima de las capacidades de pago de las familias, amparándonos en que había suficiente garantía o mejor dicho, suficiente evolución al alza en el valor de la garantía (el ladrillo tan traído y llevado).
Pero la segunda actuación fue aún peor; la venta de productos financieros tan complejos, que en algunos casos yo dudo que muchos de los empleados de banca que los estaban vendiendo supieran de forma cierta el alcance de los mismos. Demasiado complicados para el tipo de clientela de muchos de los segmentos en los que se “colocaron”. Pero había objetivos que cumplir para crecer y crecer y ganar y ganar.
Ahora, esta confianza se ha venido abajo, y las entidades financieras se han convertido en unas empresas vulgares, mal vistas y que han ido tapando sus errores, su pérdida de confianza y sus agujeros económicos con fusiones que parecían poner una cortina de humo en todo lo que había pasado: Borrón y cuenta nueva.
Queda un importante camino por andar. Porque una economía no se puede permitir el lujo de que su gente no tenga confianza en sus entidades de crédito. Porque estas entidades son un punto de referencia muy importante que da solidez y tranquilidad a las personas, y eso ahora no es así. Las entidades financieras, además de sanear balances y realizar la reconversión del sector, lo mismo que hicieron la siderurgia o los astilleros, tienen un trabajo pendiente muy difícil que realizar pero totalmente imprescindible: Recuperar la confianza de la gente. En un próximo post, hablaré de cómo entiendo yo que debería abordarse.
¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?
Hace unos días me encontré por la calle con un buen amigo, que fue alumno mío en la universidad y con el que comparto también Hermandad, la del Cristo, aquí en Jerez y que es dueño de un pequeño hotel en el centro de la ciudad.
Hablando de todo un poco y sobre todo de cómo están las cosas y cómo nos iba a cada uno, me hizo el siguiente comentario: “Estoy contento con el tamaño que tiene mi hotel y no lo quiero más grande. Somos varias generaciones ya, aguantó en la guerra civil, las demás crisis y esta también la pasará. Hace unos años algunos me aconsejaron que comprara el edificio contiguo para ampliarlo y les dije que con lo que tenía era suficiente. Ahora me alegro de esa decisión porque si les hubiera hecho caso, tendría muchos problemas para soportar los pagos de esa ampliación.”
Agustín, que así se llama mi amigo, y que es persona comprometida, tanto como para llevar el simpecado de la Hermandad el Viernes Santo durante varios años, acertó en su decisión. Renunció a la ambición desmedida que nos ha inundado en los años pasados, al afán de ganar más y más dinero aunque para ello tuviéramos que renunciar a muchas horas de disfrute para poder dedicarlas a este fin, ganar más y más dinero comprometiendo algunas veces hasta nuestra propia salud.
Hoy, su hotel sigue teniendo una ocupación importante, dice que el mundo es muy grande y que los clientes que necesita si no los saca de los sitios que venían antes, los buscará en otros, pero su ocupación sigue igual, y por lo tanto los recursos que necesitaba antes, también los necesita ahora, y los ingresos que tenía antes, quizás con alguna reducción, también los sigue teniendo ahora. Su teórica “falta de ambición” a la que yo llamaría prudencia y buen hacer, resulta una bendición en los tiempos que corren.
Los políticos petimetres de los últimos años han aplicado para las empresas la máxima de “cuanto más grandes mejor”, la versión moderna del “caballo grande ande o no ande” y siguen haciéndolo, véase el ejemplo de la banca hacia dónde nos está llevando. Siempre se ha comprobado que las pymes españolas eran las que daban el mayor porcentaje de empleo del país… pero cuanto más grandes mejor. Tendremos que hablar del enfoque de estas pymes que ha podido llevarlas por algún mal camino que ahora estén pagando, pero será en próximas entradas.
Mientras tanto, dediquemos un momento para pensar en lo que nos dice Agustín, porque la obsesión por el tamaño de las empresas ha acabado con muchas de ellas, pero claro, es que las pequeñas no cotizan en bolsa en este mundo globalizado… mala suerte. Sin embargo estas empresas son nuestra economía real, la base de nuestro país y la base también de la Nueva Economía.
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