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Un mundo de decisiones

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Hace más de dos mil trescientos años desde que Aristóteles escribiera sus obras de ética. Un largo camino de sentido común aplicable a todos los ámbitos de la vida y que algunas veces complicamos más de lo necesario. Lo cierto es que cuando queremos buscar un poco de inspiración para ordenar las ideas y seguir adelante, no viene mal echar un vistazo a estos textos, algo difíciles en algunos párrafos, pero muy esclarecedores y aplicables a nuestras actividades actuales.

Vamos a analizar algunos de los aspectos fundamentales que pueden encontrarse en sus obras de Ética. Principios universales para gobernar nuestras empresas y, sobre todo, nuestras vidas, de las que nos olvidamos a veces, perdidos en una vorágine de obligaciones y falsos problemas que nos creamos para que el tiempo siempre esté ocupado y no nos permitamos pensar demasiado, porque pensar, algunas veces resulta hasta peligroso.

Una finalidad sencilla y aplastante

La buena vida. Sí, eso que decimos muchas veces de modo peyorativo para criticar lo que hacen algunas personas. Aunque el sentido en el que lo decimos, que tiene que ver con mucho ocio y poco hacer, oculta la realidad a la que nos tenemos que referir. Se trata de ver qué hacemos con nuestro tiempo. Se trata de qué actividades debemos abordar para caminar hacia la satisfacción y la felicidad. Se trata, en definitiva, de un camino de búsqueda del bien último que nos haga sentir nuestro vivir como un disfrutar de manera real y profunda nuestro tiempo en el mundo.

Es evidente que habrá que pensar qué significa disfrutar. Porque no nos servirá aquello de «eran pobres pero felices» donde se ve un conformismo velado que nos puede bloquear; pero tampoco vemos que sean más felices los que tienen de todo. Ya hemos hablado en estos artículos del modo de consumo extremo actual. Y cuántas veces hemos visto a un niño pequeño disfrutar más con la caja que con el juguete, y no digamos si la que llega es la caja de una lavadora o un frigorífico… da mucho que pensar esto también.

«…así también son los que actúan rectamente los que pueden alcanzar las cosas bellas y buenas de la vida. Y la vida de éstos es placentera por sí misma, pues sentir placer pertenece a las cosas del alma.»

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro I,8

Vida placentera por sí misma, un matiz importante. No solo hago cosas para obtener algo aunque lo que tenga que hacer sea desagradable. También es importante que lo que hagamos en sí nos agrade. Y cómo cambia esto por ejemplo con el trabajo, ocho o diez o incluso más horas de martirio para tener mucho dinero que nos posibilite poder comprar o hacer otras cosas que nos ocuparán mucho menos tiempo. Pasar la mayor parte de la vida insatisfecho para poder estar ¿satisfecho? una pequeña parte de la misma. Quizás sería mejor que pudiéramos estar satisfechos durante esa gran parte de la jornada que nos dedicamos a sacar adelante ese castigo bíblico llamado trabajo. Pero es posible que nos encontremos con una limitación: nuestro «sistema». Será que tendremos que modificarlo un poco aunque ¿qué puedo hacer yo, un pobre mortal?

Un problema de recursos

Está claro que no podemos vivir solo del aire, que necesitamos recursos para poder desarrollarnos. Y el ser humano ha demostrado ser especialista en la obtención de recursos. Nuestra evolución se ha basado en una ilimitada habilidad para el aprovechamiento de los entornos en los que hemos vivido y en una creatividad desmedida para ser capaz de mejorar física e intelectualmente.

«Con todo, parece que también necesita adicionalmente de bienes externos, pues es imposible o nada fácil que nos vaya bien si carecemos de recursos.«

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro I,9

Podremos tener todas las aspiraciones espirituales e intelectuales del mundo, pero casi con toda seguridad, no estará en nuestra mente el ideal de ser un esquelético y mugriento ermitaño. Y desde que empezamos en las cavernas hemos evolucionado para eliminar el hambre, el calor, el frío, el dolor y fomentar el placer y el bienestar. Cuando hemos visto que podríamos mejorar, sin dudarlo lo hemos hecho. Hemos sido capaces de aprovechar todos los recursos que teníamos a nuestra disposición a través de una técnica cada vez mejor. Hemos organizado los recursos para evolucionar… hasta hoy, el momento en el que parece que estamos quebrando una de las máximas fundamentales: debemos mantener y mantenernos en equilibrio con nuestro entorno.

Los griegos clásicos, que pusieron las bases de nuestra cultura, eran conscientes de que se necesitaban recursos externos para alcanzar nuestro bien supremo, pero a mi me gustaría conocer su opinión hoy en día a la vista del despilfarro y el agotamiento de dichos recursos hasta el punto de que pueda comprometerse en algunas décadas más el bienestar propiamente dicho, todo porque nos creemos no solo superiores a cualquier otra criatura del mundo, nos creemos el ser supremo.

Un camino de lógica y cordura

Aún admitiendo que nos hacían falta medios para conseguir mejorar y llegar a una buena vida, siempre el camino fue más espiritual que material. Y, hoy en día, también creo que una hora de buena lectura es infinitamente más gratificante que una hora de videojuegos. Lectura que te hace pensar, que te lleva a lugares, que te hace vivir sensaciones y que te proyecta hacia tu desarrollo personal, ante una actividad sin más pretensiones que una recompensa inmediata de satisfacción adictiva matando a doscientos monstruos ficticios o configurando la mejor plantilla de fútbol del mundo para jugar en una pantalla en la que pocas calorías vamos a perder.

Somos seres sociales que necesitamos relacionarnos pero vamos a una sociedad cada vez más numerosa, pero cada vez más aislada. Ese es nuestro camino. Pero hace poco hemos tenido una pandemia que nos ha mostrado hasta dónde pueden llegar las consecuencias del aislamiento… y no aprendemos, a pesar de todos los problemas de ansiedad y mentales de todo tipo que han surgido de este hecho lamentable que la «Ciencia» nos provocó y también nos resolvió con unos cuantos más ricos por el camino.

Por muchas vueltas que le doy, no veo ninguna señal en la marcha de la vida actual que nos lleve hacia ese bien supremo. Y quizás es que nos equivoquemos en el planteamiento. Tanto pensamos en lo que queremos llegar a ser, a sentir, a vivir, que parece que ese objetivo es una vida futura distinta de la que estoy viviendo. Pero hay que tener cuidado, porque cuando hablamos de la «buena vida» nos referimos a «nuestra» vida y esa la llevamos encima en cada momento, no es algo exterior a nosotros. La felicidad, la buena vida deberá ser un ideal al que nos gustaría llegar y por el que haremos grandes esfuerzos, pero que no vamos a conseguir si no miramos a lo que nos esté pasando ahora mismo, a lo que estemos haciendo por nosotros, por los demás y por el mundo ahora mismo.

Si quiero ser una persona valiente, justa, respetuosa y sensata, si quiero sentir lo que decía la primera cita que hemos apuntado en este artículo, «tener una vida placentera por sí misma», debo empezar ya. Debo hacer en cada momento lo que considere correcto y eso me llevará a la satisfacción.

Ser una persona virtuosa no es fácil, es más, es imposible, pero también nos viene el análisis desde esa lejanía de dos mil trescientos años:

«… de esta manera, todo experto rehúye el exceso y el defecto y en cambio busca el término medio y lo elige -pero el término medio no del objeto, sino el relativo a nosotros-.»

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II, 6

Sí, así es, esta es una de las formulaciones de aquello que conocemos de forma popular como «en el término medio está la virtud» y por muy vulgar que se haya vuelto de tanto repetirlo en mil situaciones de nuestra vida, incluidas aquellas a las que no les va, el análisis es demoledor. Es un no a la obsesión, un no al perfeccionismo, un no a la generalización vulgar de todo lo que hacemos y una bienvenida a la adaptación, a la mejora y al sentido común.

¿Cómo debemos comportarnos en cada momento? Debemos ir domando nuestro carácter, debemos convertirnos en personas sensatas y en las que los demás puedan confiar por nuestro buen criterio. Pero las circunstancias de la vida son cambiantes y tenemos que saber adaptarnos, de ahí la segunda parte de la frase de Aristóteles.

En la cúspide de las virtudes, hay una moneda con dos caras, una teórica y otra práctica, y que parece resumir a todas las demás a la hora de definir nuestra vida. En la cara, el apartado teórico, está la sabiduría y en la cruz, el práctico, está la prudencia. Este tándem poderoso es el que nos hará vivir una vida buena y plena, pero no es fácil… sobre todo la práctica.

Cuando las cosas se tuercen: el mal menor.

Pero ya hemos dicho que las cosas no son fáciles y la vida nos trae circunstancias en las que no podemos poner en práctica nuestros criterios y maneras de pensar de una manera efectiva. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando te nombran jefe de algo y te sientas por primera vez en tu despacho. Si, los ves al llegar, allí te están esperando unos cuantos «marrones» sobre los que tendrás que tomar una decisión para no parar los temas en marcha de la empresa.

Es posible que algunas cosas que haya que hacer (algunas, muchas o incluso todas) no se adapten a tu forma de proceder, pero tienes que dar una respuesta porque el no hacerlo, sin duda, traerá peores consecuencias. En este momento será en el que tendremos que aplicar la teoría del «mal menor».

«… como es extremadamente difícil acertar el término medio, hay que aceptar el menor de los males.» y «… la condición de medio es elogiable en todos los casos, pero que hay que inclinarse unas veces al exceso y otras al defecto.»

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II, 9

No siempre podremos operar con total rectitud en las circunstancias de la vida, habrá momentos de desasosiego, pero que nuestro criterio siempre sea tender a ese medio correcto evitando que provoquemos males mayores para nosotros y para los demás. Pensad en esas personas que nos dicen que son muy directas porque siempre dicen lo que piensan (que puede ser lo más honesto), ¿cuántas veces hay que callarse algo por muy verdad que sea?

La importancia de la ACCIÓN.

Bien hasta aquí, tenemos ya bastante para reflexionar sobre cómo podemos enfocarnos hacia una vida buena, que nos cause satisfacción. Conocemos la virtud, el término medio para su aplicación y la posibilidad de que se nos tuerza algo y tengamos que readaptarlo todo. Además valorando los medios con que contemos. Pero vayamos a una última cita:

«Lo mismo que en las Olimpiadas no reciben coronas los más hermosos y fuertes, sino los que compiten (es entre éstos entre los que algunos vencen), …

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro I, 8

Esta es justo la frase anterior a la que sigue la primera cita que he hecho en este artículo, probad a leer las dos juntas y tendremos el sentido completo del artículo.

Si no somos capaces de actuar, NO TENEMOS NADA. Y es un tema repetitivo en Aristóteles la llamada a la acción. Solo seremos capaces de forjar nuestro carácter, nuestra forma de ser, mediante el mantenimiento de «hábitos», otro referente en este autor. No basta que hagamos algo una vez, debe ser nuestra norma para que pase a ser parte de nosotros, para que podamos sentirnos bien porque hacemos algo de forma correcta.

La prudencia, a la que hemos aludido anteriormente, es una virtud práctica, solo se puede dar si en realidad estamos siendo capaces de hacer algo. Algo que además sea voluntario, aquello por lo que el ser humano se distingue de los animales. No nos mueven sólo los actos reflejos de nuestra supervivencia sino también la capacidad de actuar según nuestros propios criterios, esos que nos habremos formado si hemos sido capaces de aplicar lo que nos dicen las demás citas de este hombre genial.

Y para actuar, debemos entrar en «un mundo de decisiones». Todo depende de nosotros. Podemos levantarnos o quedarnos en la cama, la primera decisión de cada día, podemos cumplir en nuestro trabajo, solo cubrir el expediente o sacudirnos de todo lo que nos llegue, podemos ayudar a otros o no. Continuamente tenemos que decidir, pero ya tenemos herramientas para hacerlo… la actuación según virtud, la mesura del término medio y la solución del mal menor adaptando todo a cada circunstancia de nuestra vida.

Algunas decisiones serán erróneas, claro que sí, otras veces dudaremos, pero es que no somos infalibles, ni tampoco tiene que ser perfecto. Pero tenemos que actuar y para hacerlo tendremos que tomar decisiones… con sabiduría y prudencia.

El sentido de la producción

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A las 11 de la mañana en el colegio, tocaba el timbre de la «antigua EGB», que estaba en la primera planta, para salir al recreo. Yo, que ya estaba en el «antiguo BUP», en la segunda, veía algunas veces por la ventana lo que ocurría en el patio. Una horda de niños salía en estampida del hueco de la escalera y comenzaban a correr gritando como si no hubiera un mañana hasta que los frenaba la pared verde del frontón que estaba justo en el otro lado del patio. Ahí paraban, no se podía llegar más lejos… ¿y ahora qué? O lo más interesante, ¿a dónde creían que iban esos niños si estaban viendo la pared desde que salieron? ¿En serio era necesaria esa carrera?

Pero eran niños, no estaba el uso de razón todavía desarrollado del todo y se hacía notar este hecho. En realidad nada distinto de lo que ocurre con cualquier otra manada de mamíferos que metemos en una cerca: llegan corriendo al cercado como si les persiguiera el diablo hasta que se dan con la valla del otro lado y no pueden seguir, fin de la historia… a comer hierba.

Lo mismo ocurre hoy en día con la producción, más y más sin saber para qué, pero con la diferencia de que todavía no se ve ni la valla ni la pared del frontón para parar. O tal vez si que se ve, pero aún no queremos reconocerlo y hacemos lo posible por ponerla cada vez más lejos. La pared es la limitación de recursos. O el deterioro de nuestro ecosistema. O la laxitud moral y la falta de criterio razonable de la persona de nuestro tiempo.

A esto último, englobado en el concepto del «consumo» he dedicado un artículo anterior de este blog. Depende de las personas, de los consumidores que operamos en el sistema. Depende de que pensemos de forma razonable cómo queremos vivir y qué es lo importante en nuestra vida de forma que tomemos las decisiones más razonables en cada momento incluida la de decir no.

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Pero hay también una responsabilidad manifiesta en los productores porque no se puede, o mejor, no se DEBE producir necesariamente todo lo que se demanda. Porque si los consumidores demandasen drogas como la heroína, cocaína o marihuana, ¿habría que producirlas? Salvando un grupo de gente muy «progre», casi con toda seguridad la mayoría diría que no, porque sólo pensarlo asusta un poco. Pero se producen, se distribuyen y se consumen y, además, es un negocio muy rentable.

Esa mayoría que diría que no, en la que me encuentro, hay que reconocer que tiene un punto hipócrita. No todos claro, pero muchos sí. Porque yo no he caído y ni siquiera he probado ninguna de esas tres mencionadas en el párrafo anterior, y que Dios me libre. Pero la cerveza y el vino sí que me gustan y hay personas que acaban alcoholizadas, o sea, que su peligro también tienen. ¿Qué diferencia hay? Alguien dirá que no habrá problemas si hay un «consumo responsable» (como dicen en la publicidad). Pero ¿sería posible también un consumo responsable de las tres drogas duras que he mencionado? Yo llego a dudarlo pero el planteamiento es parecido e igual de lógico, al menos para una de ellas.

Quizás este es un melón que habrá que abrir en otro momento porque no va en línea con los objetivos que tengo para este artículo. Se trata de un ejemplo muy extremo pero que nos sirve para ilustrar que en el tema de la producción, como en el resto de cosas en la vida, no hay verdades ni razones absolutas, no hay sólo blanco o negro sino muchos matices. Y es la gestión que hagamos de estos matices lo que nos llevará a una acción razonable o no.

Necesidades del consumidor: De la identificación a la creación.

Voy a comenzar por la relación con los consumidores. La evolución a lo largo de las últimas décadas es evidente. Todo comienza por el hecho de que si yo quiero producir, organizar la actividad empresarial para ganar dinero, debo dedicarme a algo que tenga salida, de lo contrario no irá muy bien el negocio. De hecho hay miles de productos y servicios que, sobre el papel, son muy buenos y que incluso pueden ser reconocidos así por los propios clientes. Pero cuando llega la pregunta clave de si «pagarías por esto», se hace un silencio incómodo, no lo compraría.

«El ordenador nació para resolver problemas que antes no existían.»

Bill Gates

Pero ojo a la cita de Bill Gates, una de las personas más ricas del mundo gracias, según nos dice él mismo, a la enorme oferta de productos que sirven para resolver esos problemas que no existían y que nosotros mismos hemos creado.

Parece normal que si nuestra vida evoluciona… y para mejor, vayamos superando etapas y tengamos nuevas necesidades que satisfacer. En las economías avanzadas, una gran parte de ellas relacionadas con el ocio. También es normal que si la investigación y la tecnología avanzan, aparezcan cosas que puedan ser deseables. Productos o servicios que no hubiéramos echado de menos pero, ya que se presentan delante de nuestros ojos, podamos desear y consumir.

El problema se presenta cuando esto se convierte en una parte importante de la actividad empresarial. Investigar, crear nuevos productos que a nadie les resultan imprescindibles o ni siquiera necesarios, pero que, con su adecuado márketing, se convierten en objeto de deseo y en algunos casos hasta de culto. Pensemos en lo que ha ocurrido con los últimos lanzamientos de móviles, en esas colas de gente esperando de madrugada a que abran la tienda para ser los primeros en «pagar un pastizal» por el nuevo aparato que, casi seguro podrán comprar dos días después sin hacer cola y que funciona no mucho mejor que el que tienen en el bolsillo.

Una pregunta, ¿es ético hacer esto?

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Las disyuntivas de la industria moderna.

Tenemos que afrontar decisiones de mucho calado y de forma continuada. Desde el punto de vista de la industria (la empresa), podemos ver dos líneas de actuación en la toma de decisiones en cuanto a la producción y comercialización de nuevos productos:

La primera tiene que ver con lo que ya hemos comentado: genero nuevos productos casi sin control haciendo ver a los consumidores que su vida será otra si los tienen, que son imprescindibles y eran aquello que estaban esperando desde siempre. Generar necesidades que no existían, como decía Gates al hilo del ordenador y todo lo que nos ha traído.

La segunda es un poco más complicada. Si la primera se trataba de crear nuevas opciones «de lo que sea» y sacarlas al mercado creando la necesidad, esta consiste en parar la comercialización de algo que se ha creado, porque sería sustitutivo de productos que dan pingües beneficios en la actualidad o bien, si lo vemos por el otro lado, generaría unas adaptaciones en la industria tan importantes que no convienen. Porque, ahora que están ya de moda los coches eléctricos… ¿cuánto tiempo hace que existe esa tecnología? Creo que mucho, pero no convenía aunque fuera beneficiosa. Lo mismo con la generación de energía. ¿Cuánto tiempo hace que se conoce la energía solar y la eólica? ¿Por qué España con sol y viento para parar un barco no ha invertido más hace ya muchos años? ¿Hace cuántos años ya llevamos hablando del problema del carbón… y del nuclear? Con más sol y viento que nadie, seguimos a la cola. Y el problema lo tenemos ya en Europa.

Y volvemos a la misma pregunta ¿es ético hacer esto? Si llevamos años usando energías no renovables y «sucias» cuando podríamos haber estado migrando a las limpias, la cosa no pinta bien. Si creamos cosas que no sirven para nada pero tenemos la habilidad de venderlas por miles, algo no funciona correctamente en nuestras cabezas.

Pero hay más. Mientras todavía siguen funcionando electrodomésticos que compraron nuestros padres, los nuevos tienen una vida útil programada. La vida útil es muy efímera y es casi más caro relativamente reparar que comprar uno nuevo. Al caso de las impresoras me remito, en el que cuando tienes que cambiar el tóner, por poco más tienes otra nueva que, por supuesto, tendrá nuevos elementos más avanzados. Más chatarra en los puntos limpios. El concepto económico de obsolescencia, muy relacionado con el de amortización, que hace referencia a la vida útil y productiva de un bien y de la relación con su coste y su financiación, se retuerce para convertirse en el de «obsolescencia programada». ¡Qué contrasentido! Como si a nosotros nos hicieran viejos a más velocidad para que consumiéramos cuanto antes productos de la etapa senior… incluidas las residencias de ancianos.

El envejecimiento es el que es, en función del uso y del paso del tiempo por deterioro natural, pero en el caso de los productos, en los últimos tiempos, hemos programado conscientemente su deterioro, con algunas piezas débiles de corta duración que condicionan el producto entero.

Vemos de nuevo, al igual que con el consumo, que un término económico con sentido en la producción, como es el de la obsolescencia, pasa a ser una aberración en manos de los perseguidores del beneficio sin límites.

Soluciones para salir del paso

Este comportamiento descrito de la industria genera problemas evidentes. Montañas de residuos físicos y, lo que es peor, mentales. Acudiremos al término «hiperproducción» utilizado por algunos filósofos contemporáneos como justificativos de una sociedad sin sentido, acelerada, que no sabe a dónde va. Estamos produciendo mucho más de lo que realmente se necesita. Estamos creando necesidades sin una finalidad real para los consumidores, productos que solucionan problemas que no existen. Pero no importa, creemos el problema para vender nuestro producto, el carro delante de los bueyes.

Hoy en día no se imagina un desarrollo para luego investigar y llegar a soluciones que lo posibiliten. Se siguen creando nuevos productos, nuevas versiones que mejoran cosas innecesarias, la producción no tiene un sentido distinto que una comercialización agresiva para la generación de ingresos y beneficio. No existe el sentido de la utilidad, sólo el hecho de la venta.

Sólo con pensar un poco… sólo un poco, se genera en las personas normales un cargo de conciencia importante. El «angelito» en el hombro que nos susurra: «No vamos bien por aquí». Pero las correas de transmisión de nuestro sistema sin sentido siguen haciendo fluir esa corriente que nos arrastra sin remedio y entra en escena el «demonio» en el otro hombro: «Qué le vamos a hacer… déjate llevar».

Con ángeles y demonios luchando, llegamos a una solución que nos tranquiliza al menos: el reciclaje. Y si llegamos a más y lo convertimos en una nueva teoría, aparece ante nosotros la «economía circular». Todos los desechos que generemos, seremos capaces de reutilizarlos para incorporarlos de nuevo al sistema. No me lo acabo de creer. En principio hay ya una cantidad inmensa de residuos de todo tipo en todas partes. En tierra todo lo que podamos imaginar, en el mar, aunque el protagonismo es del plástico, si no me equivoco, también han caído algunos bidones radiactivos. Pero es que ya hasta en el espacio hay porquerías generadas por nuestra especie.

Y la solución es reciclar. Sí, tengo que reconocer que es la única solución para la mierda que ya hemos generado. Pero es que se normaliza dentro de la economía circular para todo lo que hagamos a partir de ahora. ¿Nunca nos vamos a preguntar si hace verdaderamente falta esto que vamos a producir? ¿Si algunas de las investigaciones que estamos llevando a cabo sólo atienden a temas económicos y no al desarrollo real de nuestro bienestar?

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No creo que en esa teórica economía circular esté nada previsto para los miles de baterías que van a quedar inutilizadas dentro de ocho o diez años y que mueven a los coches híbridos o eléctricos actuales. De la misma forma que no se está haciendo una transición lógica del carbón a otras energías, sobre todo para los trabajadores del sector. Como tampoco ha habido verdadero interés en las renovables en años, sólo ahora que la cosa es urgente entre calentamiento global y guerras cercanas. Y eso a pesar de la destacada autonomía energética que podría haber facilitado a España el liderazgo en la investigación e inversión en energías renovables. Probablemente otros liderarán para aprovechar nuestro sol y nuestro viento.

¿Y acaso no es esto un contrasentido? Nos entregamos a una hiperproducción, investigamos para sacar novedades contínuas al mercado, pero no implantamos sistemas energéticos que posibilitarían a medio plazo una bajada de costes del recurso fundamental que mueve todo. El beneficio y la comodidad de gobernantes hipócritas de estados y grandes empresas retuerce los principios fundamentales de un sistema económico que hace ya muchos años habría iniciado una transición en los sistemas de producción para el uso de estas nuevas energías, atendiendo a sus mejores costes de oportunidad en un futuro cercano, pero que se está convirtiendo en un horizonte sin límite.

Por supuesto que el reciclaje es necesario como parte fundamental de cualquier proceso productivo, esto no es nuevo, recordemos que hace años se devolvían los envases de vidrio al comercio de nuestro barrio, no para su reciclaje, sino para su reutilización, más aprovechamiento imposible. Pero las empresas necesitan una reflexión profunda y serena. Para plantearse la finalidad de sus investigaciones y de su producción. Para ver si es necesario lo que están haciendo y si deben reorientar su actividad. Para decidir el ritmo de su innovación y la calidad de sus productos. Y como siempre digo, la actuación no debe ser radical, sinceramente odio esta actitud, sino meditada, pausada y acorde con nuestras posibilidades. Para que podamos aprovechar incluso la corriente de sinsentidos que desata nuestra sociedad actual y que condiciona nuestro sistema económico.

Los «residuos mentales»

He comentado en el punto anterior la problemática de los residuos físicos que genera el sistema. Y es este un problema que está al final de todo el proceso productivo. La producción en sí genera desechos en los procesos de fabricación, como es normal y siempre ha ocurrido. Pero la tendencia a una hiperproducción sin límite vomita al sistema una cantidad ingente de productos que sirven pero ya no están de moda y que, por consiguiente, son desechados por los consumidores.

Pues esta segunda tendencia es la realmente preocupante. Nuestra sociedad tiene adicción al consumo. Ya traté este problema en otro artículo del blog. Pero quiero también hacerlo aquí desde el punto de vista de los productores. Y esto es mucho más difícil. Porque como consumidores podemos adquirir una conciencia de qué es lo que hacemos, cómo estamos consumiendo y decidir cambiar o no consumir, lo que como vimos tampoco resulta fácil. Pero como productores, cada uno en su negocio, deberíamos plantearnos si es realmente ético lo que hacemos. Pero es que resulta de que se trata de nuestro medio de vida, y esto no se puede cambiar así como así.

Por lo tanto, necesitamos un planteamiento reposado sobre qué cosas hacemos y cómo las estamos haciendo, para poder reorientar nuestras formas o incluso nuestra actividad misma. No se trata de cerrar nuestro negocio y dar un salto al vacío para dedicarnos a otra cosa. Se trata de pensar si con alguna de nuestras actividades estamos promoviendo ese consumo desmedido, esa adicción de los consumidores que supone una lacra social aunque sustente nuestro sistema.

La pregunta que deberíamos hacernos entonces sería: ¿Está nuestra actividad, nuestro producto, nuestro servicio, aportando algo positivo al desarrollo y bienestar de los consumidores y de nuestro sistema?

Aunque os la formulo con toda la inocencia y buena intención, tiene mucha trampa esta pregunta. Porque pueden existir productos que salven cientos de vidas pero para cuya producción se vean afectadas las vidas de miles de personas. ¿qué sería bueno en este caso? Tendríamos que definir los términos «desarrollo» y «bienestar». Pero hay que tener en cuenta también en estos casos si nos estamos refiriendo al bien individual de un consumidor o al bien colectivo de un grupo o comunidad. Y si nos referimos a comunidades, tendríamos que ver si se trata de una zona geográfica concreta, pequeña o grande, de una zona económica con los mismos criterios genéricos o de la comunidad global del planeta.

Según el punto de vista que tomemos, la actividad, el producto o servicio que estemos analizando podrían producir resultados y conclusiones distintas. Y esto nos llevaría a que, para cada actividad productiva que desarrollemos, tengamos que considerar varios niveles de análisis. De otra forma nos veríamos en una simplificación peligrosa que no nos serviría nada más que para engañarnos en algunos casos y dejar nuestra conciencia tranquila, o todo lo contrario, para no ser capaces de abordar proyectos que tienen más beneficios que inconvenientes si se miran desde un punto de vista más global.

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Llegamos así a la necesidad de un «balance de la producción» de cada actividad empresarial, necesario para comprender la realidad de las aportaciones que hacemos al sistema, así como para plantear una correcta evolución de la misma hacia una mayor satisfacción real tanto de nuestros clientes como de nosotros mismos. Dejaré este concepto para un próximo artículo para no extenderme demasiado.

Es importante, sin embargo, que tengamos claro que un desarrollo mal balanceado como el de los últimos años nos llevará a un círculo vicioso, con un consumo desenfrenado que exige una hiperproducción que, a su vez, alienta más aún el consumo y sin saber ya a ciencia cierta si fue antes el huevo o la gallina. El resultado sí sabemos que es una sociedad de excesos y con pérdida clara del sentido de muchas cosas. La sociedad que, filósofos contemporáneos como Byung-Chul Han, denominan «la sociedad de la transparencia», en la que «la mera existencia es por completo insignificante» y… «las cosas se revisten de un valor solamente cuando son vistas.» Para entendernos… lo más maravilloso e importante de la vida hoy en día no es nada si no tiene visibilidad y, sin embargo, estamos inundados por la mediocridad.

Conclusiones

Tenemos que plantearnos si queremos dedicarnos a las cosas importantes. A aquellas que se orientan al bien de las personas. Pero al «bien» con mayúsculas. No se trata de ser sólo altruistas porque con eso no nos ganaríamos la vida, se trata de no identificar sólo nuestro bienestar con nuestro dinero en la cuenta bancaria. Porque esta es una concepción muy pobre que excluye cosas como la salud, la tranquilidad de espíritu, la confianza en nosotros y en los demás y muchas otras que, sin darnos cuenta, nos aportan unos niveles de satisfacción insospechados de los que muchas veces no somos conscientes. Sólo lo somos cuando nos faltan. Pero hoy en día, en una sociedad cada vez más banalizada, quizás no nos demos cuenta de que nos faltan estas cosas. Probablemente haya personas, los más jóvenes, que, con la excepción de la salud, el resto no las haya experimentado nunca.

Los términos en que se plantean la producción y el consumo hoy en día se dirigen a una satisfacción urgente, inmediata pero también efímera, que genera una adicción porque no solo se consumen los productos sino, sobre todo, las características que se asocian a los mismos, y éstas desaparecen casi con el momento de la compra, dejando de nuevo un vacío que se llenará con la siguiente. La tranquilidad a la que yo me refería no se llena con satisfacciones inmediatas por muchas que sean y muy continuadas.

Por esto debemos plantearnos si nuestros productos y servicios tienen la suficiente calidad. Si tienen una duración razonable y adaptada al objetivo que pretenden cubrir. Si realmente sirven para algo que beneficie a quien lo compra o serían totalmente prescindibles. Debemos plantearnos si facilitan la existencia y se orientan al bien (con mayúsculas) de los clientes y del resto de la comunidad.

Y si con estas preguntas nos surgen dudas, quizás debamos ampliar el horizonte de pensamiento porque probablemente ni siquiera nosotros estemos muy satisfechos con lo que estamos haciendo y habrá llegado la hora de mover el timón de nuestra empresa y de nuestra vida para cambiar algo, poco a poco, como se saca a un palio de un templo… pero cambiarlo.

La paradoja del desarrollo

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De la misma forma que siempre digo que el crecimiento y el beneficio están en el ADN de la empresa, el concepto de desarrollo también lo está. Y, además y con más fuerza, en el de la persona y creo que de forma previa y necesaria al de la empresa. Nunca debemos perder de vista la relación entre persona y empresa porque si prescindimos de esto no seremos capaces de encontrar el sentido a muchas de las cosas que ocurren. Es más, podemos llegar a importantes contrasentidos.

Pero esta dialéctica de lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo que aporta y lo que resta, ha estado siempre en todos los pasos de la evolución humana. Y así como de lo negativo que nos ocurre podemos obtener importantes aprendizajes, también lo bueno que hace la humanidad tiene sus sombras. Pensemos en el Nobel de la paz, el «premio» por excelencia, el reconocimiento a personas y organizaciones que luchan en el mundo por la justicia y el sentido común. Pensemos en cuánto de remordimiento hubo en su creación, por el testamento de un hombre que se dedicó al «desarrollo» en sentido estricto.

Alfred Bernhard Nobel (1833-1896)

Lo más conocido por lo que se le conoce, además de los premios que llevan su nombre, es por la invención de la dinamita al conseguir que la nitroglicerina fuera absorbida por un material sólido y plástico de más fácil y seguro manejo. Importante avance para la minería, por la mejora de la seguridad en el trabajo y por el incremento de la productividad de las explotaciones que produjo el invento. Pero, ¿sólo se ha utilizado la dinamita en el mundo para fines productivos? Estaríamos hablando de «un mundo feliz» inexistente. ¿Cuántas veces se habrá usado para la violencia en revueltas, atentados y guerras? El desarrollo productivo de Alfred Nobel democratizó el uso de explosivos y lo puso al alcance de cualquier descerebrado que quisiera imponer sus ideas a pequeña escala.

Pero Nobel, ingeniero además de químico, también se dedicó desde su compañía Bofors al hierro y el acero orientados a la fabricación de armamento, y ahí siguen. También han trabajado para los que quieren imponer sus ideas a gran escala. Y llegados a este punto, ¿cuántas muertes tiene Alfred Nobel a sus espaldas? ¿se puede compensar con la «bondad» de sus premios? Da igual su redención, por lo menos a él, que era ateo y eso de la transcendencia se lo debía traer al pairo.

Pero pensemos en el balance. Quizás sería mejor que no se hubiese inventado la dinamita… o no… quizás estemos dispuestos a asumir sus daños colaterales, porque si no se hubiera inventado seguramente no tendríamos el nivelón de vida que tenemos en el mundo desarrollado… y esto es así, pensémoslo. ¿Estaríamos dispuestos a renunciar a nuestro bienestar actual si supiéramos que podríamos haber contribuido a disminuir la violencia en el mundo desde finales del siglo XIX? Aquí y ahora, mientras escribo este artículo, no me siento capaz de responderlo. Además, no pasaría de ser una quimera, aquello que nos gustaría que «pudiera haber ocurrido». Mejor os quito la responsabilidad… No respondáis a esta cuestión, pero vamos a plantearnos qué podemos hacer en nuestro pequeño mundo para no caer continuamente en esta paradoja del desarrollo.

En lo que sí tengo una confianza ciega es en la capacidad que tiene el ser humano de utilizar de forma perversa cualquier cosa que caiga en sus manos, por muy buenas que fueran las intenciones que tuvieran sus creadores. Y es que algunas veces, esta sencilla ley, que no es exactamente la de Murphy sino mucho peor, la utilizamos contra nosotros mismos sin necesidad de que nadie más intervenga. Vamos a pensar en el ordenador portátil, nos saltamos incluso la aparición de los propios ordenadores de sobremesa que tanto nos han «ayudado», esos portátiles ¿nos han facilitado el trabajo? ¿o estamos trabajando más… mucho más?

Y si llegamos a tener esta duda de los portátiles… ¿cuál es el razonamiento que tendremos que hacer de la locura absoluta de los teléfonos móviles? Quizás hayáis visto a una pareja en un banco «relacionándose» cada uno con su móvil. O a alguien a quien hayáis tenido que esquivar en la calle porque no tenía otro momento para ver los mensajes… o un vídeo. O quizás os hayáis sentido un poco ninguneados porque en una reunión vuestro interlocutor estaba más atento al aparatito que a lo que le estábais diciendo. Se admiten más situaciones… a lo mejor si en un grupo expongo esto que estoy tratando aquí, puede que haya más de uno inquieto con su móvil en vez de escuchar lo que digo, no sé… imaginaciones mías.

Trabajar en cualquier parte con tus herramientas hiperconectadas te facilita la labor, la flexibiliza, te permite adaptar tu tiempo (eres dueño de tu tiempo… o al menos eso piensas tu), te permite centrarte en los objetivos, bla, bla, bla… pero piensa si tanta flexibilidad y tanta hiperconetividad te está aislando. Aunque desde luego, para eliminar la sensación de aislamiento tenemos las redes sociales. Pero cuidado, eliminan la sensación… sólo la sensación, pero no tu aislamiento.

Hace ya mucho tiempo que en toda manifestación humana se prima la cantidad en lugar de la calidad, que pasa sistemáticamente a un segundo plano. Todo debe ser transparente, nuestra vida está expuesta a la vista de todos, de lo contrario es que algo tenemos que ocultar. Más amigos, más relaciones, más negocios, más producción, más consumo… y menos salud.

No queda aquí la cosa, el futuro nos puede llegar a horrorizar. Os dejo aquí dos términos de los que ya hablaremos: transhumanismo y posthumanismo. La nueva ola de gente bien intencionada que piensa que estos avances de la ciencia no los utilizará el ser humano para el mal. Visto lo visto, no sé yo qué pensar, si son muy ingenuos o muy estúpidos, algo totalmente compatible con un alto coeficiente intelectual, sobre todo para gente que sale de las últimas generaciones que en occidente hemos vivido sin muchos problemas. En fin, esperemos que estos grandes avances de la humanidad no los hagan en la Rusia actual de 2022.

La Economía sin alma

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Hace ya bastantes años, asistí a un congreso de jefes de formación de entidades financieras y, tras una de las ponencias que correspondía a un profesor universitario, comenté que yo era un «economista frustrado». No recuerdo lo que pregunté en ese momento al ponente, pero sí que me definí de esta manera, y lo expliqué. Frustrado porque elegí una ciencia social y la matemática la había invadido. Frustrado por la evolución de unos mercados que ya no respondían a sus objetivos iniciales y habían caído en la más pura especulación. Frustrado porque el medio más sofisticado que habíamos creado para nuestro progreso, la empresa, se había convertido en un instrumento de tortura.

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Claro que podemos reconocer estos problemas e intentar darles solución para el mayor bienestar y felicidad de todos los componentes de nuestro «sistema». Pero nos encontramos con algunos inconvenientes:

  • Estamos inmersos en nuestra vorágine particular del día a día, de sacar adelante nuestro negocio, nuestro trabajo, nuestras obligaciones. Nos arrastra, nos dejamos llevar, no tenemos tiempo ni a veces fuerza para corregir nada, absolutamente nada, por pequeño que parezca.
  • Las respuestas las buscamos sólo dentro de nuestro entorno, en este caso en la Economía. Así no salimos del bucle, pero es que, tal y como está la vida, nos habremos centrado tanto en nuestra área concreta que difícilmente tendremos ocasión de buscar soluciones fuera.

Seguro que se nos pueden ocurrir más, pero nos quedaremos con estos dos para abrir boca, porque son muy importantes en nuestra vida y son capaces de darle forma a una existencia que puede llegar a ser infeliz. Y si no, pensemos un poco… ¿cuánta gente conocemos que esté verdaderamente contenta con su trabajo, con su empresa, con su modo de vida? Y cuando hablo del modo de vida no me refiero al del fin de semana que mucha gente desea desde que empieza el lunes (mala señal). A la hiperactividad senderista, montañera, de playa, de barbacoas, cines, teatros, espectáculos, discotecas, conciertos. De fútbol, tenis, baloncesto, balonmano y hasta golf y piragüismo. Lo que sea para la gran evasión, para sentir que te diviertes, que sales de la rutina, para «engañarte» como sea.

¿Malvivimos cinco días de la semana pensando sólo en esos otros dos de fiesta? Y eso si el fin de semana está libre porque ¿y quien trabaja en fin de semana, cómo se hace este planteamiento para los lunes o los miércoles? Si todo esto es así, vivimos más mal que bien. Y si en ese sagrado fin de semana las cosas no vienen como queremos, que no nos quepa duda de que el lunes está ahí.

La resaca del día a día.

Nuestro día a día nos consume, nos arrastra como una corriente de resaca en la playa. Y es tan peligroso como esa resaca, porque luchar abiertamente contra ese diario nos puede agotar hasta la resignación. Muchos lo llaman «rutina» pero creo que el concepto está equivocado. Las rutinas son una herramienta que tenemos y que necesitamos para sacar nuestra vida adelante. De hecho difícilmente podremos mejorar si no incorporamos elementos en nuestras rutinas que se establezcan como algo habitual en nuestra vida. Ese hábito aristotélico que conformará cómo somos y nos comportamos, nuestro carácter.

No se trata de la negación de nuestra condición actual, de romper con nuestro día a día, de cerrar la empresa e irnos a vivir a una cueva. Sólo cuando llegamos a extremos insoportables en la vida, tendrían justificación este tipo de cambios. Cambios de rumbo sacralizados por algunos programas de televisión que nos muestran la inmensa felicidad que obtuvieron algunos al dejar su trabajo en una gran ciudad con puestos de corbata diaria para servir comidas en un chiringuito de una playa de Puerto Plata.

No dudo de la felicidad que puede darnos ese planteamiento, pero es que la mayoría somos «normales», del centro de la campana de Gauss, y habrá también que pensar cuánta gente ha fracasado estrepitosamente en planteamientos radicales de ese tipo y han tenido luego que volver con el rabo entre las piernas a una existencia que les parecerá mucho más triste… o quizás no, una vez vista la experiencia con la cruel realidad por testigo.

Pues nademos como en una corriente de resaca, sin grandes resistencias, desviándonos poco a poco hasta encontrar la vuelta a la orilla. Usemos nuestras rutinas para introducir en la vida elementos de mejora, pequeños pero importantes para nosotros. Dejemos la impaciencia por nuestro día a día para disfrutar cada vez más pequeños momentos que se convertirán en grandes y permanentes hábitos. El tiempo así, estará a nuestro favor.

Si queremos leer más porque así nos sentiremos mejor, no nos planteemos tres horas todos los días porque seguramente no podremos. Pero quizás podamos veinte minutos tomando café por la mañana antes de trabajar, o en la cama por la noche antes de dormir. Nos parecerá poco y que no merece la pena. Pero hacedlo y cuando pase un año entero echad un vistazo al estante de los libros leídos, a ver qué os encontráis. Porque al final la cantidad irá siguiendo poco a poco a la calidad, y en la vida no todo es «cantidad».

Si el problema es la salud física, todos sabemos lo que pasa cuando nos proponemos ir al gimnasio todos los días, o salir a correr cinco veces en semana… o comer sólo verduras… no hay más preguntas Señoría…

Usemos las rutinas para mejorar nuestra vida, incorporemos pequeños detalles que nos hagan disfrutar. Los cambios bruscos y los objetivos demasiado ambiciosos que he señalado como ejemplos por todos conocidos como los de la lectura, el gimnasio, las dietas, etc, sólo nos provocarán frustración, porque participamos de un sistema social concreto, con unas formas que adoptamos y que son, hoy por hoy, nuestro estilo de vida, nuestra cultura. Y habrá que trabajar para ganarnos la vida, y cuidar la casa y habrá hijos (e hijas, para que nadie se enfade) que nos «quitarán» mucho tiempo… Y hasta cosas que nos gustan al principio, como la pertenencia a clubs, hermandades, asociaciones, etc, pueden convertirse en otras obligaciones que nos martiricen.

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Pero con el trabajo, la casa, los hijos… podemos incorporar este tipo de pequeñas cosas con las que disfrutar. ¡Quién sabe! Quizás encuentres los veinte minutos para leer esperando a que el niño salga del entrenamiento de fútbol en lugar de desesperarte por lo que tarda. O para escuchar música a todo volumen mientras limpias el salón. Nunca se sabe dónde va a saltar la liebre.

Y con todo aquello que «no sea una obligación» un sano NO también nos ayudará.

Sólo una advertencia en este punto de la potencia de una rutina para nuestra vida. Que también lo negativo entra por aquí. Así que tendremos que pensar si es conveniente fumar un cigarro después de comer o tomar una cerveza antes de cenar. Nada importante, pero pasará como con los libros del estante de los leídos después de un año.. ¿cuántos hay?

La solución endogámica.

El segundo inconveniente que señalé era buscar las respuestas a nuestros problemas siempre dentro y sólo dentro de nuestro entorno. Decía Avicena que para solucionar una enfermedad debían tratarse sus causas y no los síntomas, aunque si el estado del enfermo era de mucha gravedad, habría que actuar de urgencia sobre los síntomas. Parece que hoy en día nos quedamos sólo en la segunda parte, el enfermo en la UCI y a parar la fiebre.

Vivimos en sistemas globales, cada vez más globales para nuestro bien en muchas cosas y para nuestra desgracia en muchas otras. Esto implica un juego de acciones y reacciones cada vez más complicado por lo que cuando buscamos soluciones cada vez tendremos que ampliar más nuestro campo de actuación. Y el mayor problema será no encontrar una solución razonable dentro de nuestro ámbito de actuación, lo que nos llevará a intentar simplificar al máximo el problema y a obtener la menos mala de las soluciones. Es lo correcto para actuar de inmediato, algo que yo he defendido en muchas ocasiones: no podemos pretender siempre la solución perfecta al problema planteado. Será necesario utilizar la política del «mal menor», la menos mala de las soluciones, algo que ya planteara Aristóteles como forma de actuación, y es la segunda referencia que le hago.

Pero no deberíamos quedarnos ahí, solo en el cortísimo plazo. Será evidente que no hemos encontrado una solución correcta y una vía de actuación adecuada. Hemos hecho lo que debíamos ya que no actuar hubiera sido mucho peor. Sin embargo, se hará necesario que investiguemos la situación. Si no había una solución correcta dentro del entorno, seguramente sí la habrá fuera de él, por lo que deberíamos ampliar la búsqueda.

Si nos fijamos, no hay una sola crisis económica que no venga precedida de una intensa crisis social. Pero las soluciones que buscamos habitualmente son sólo «económicas», más o menos dinero en el mercado, mayor o menor tipo de interés, más o menos impuestos… Pero dejamos que sigan la hipocresía política, el populismo de los salvapatrias revolucionarios y, sobre todo los mismos patrones de consumo y de vida que han conseguido llevarnos a la situación crítica.

Deberíamos plantearnos qué es para nosotros la «buena vida». Significa «tener» o quizás es más «disfrutar», que no son la misma cosa por mucho que se intenten identificar los dos términos o que uno sea el resultado del otro. ¿Son correctos los patrones de consumo que tenemos hoy en día? Esto es lo que proviene de nuestro «estado social y personal» y lo que se refleja luego en nuestra actitud económica con respecto al consumo. Creo que sería necesaria una reflexión sobre nuestro modo de vida en particular y en la influencia sobre los otros modos de vida que hay sobre el planeta para prevenir futuras crisis, mucho más serias, que se plantearán sobre los recursos que utilizamos como si no tuvieran límite, además en muchos casos pasando por encima de lo que sea y de quien sea para obtenerlos.

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La ambición humana no tiene límites. Y la Economía debe recuperar su faceta social. Algunos conceptos económicos deberían ser replanteados a la luz de una ética empresarial real, y no la que se quiere disimular con un falso ecologismo que compense los desastres que se provocan. Y no me refiero con esto a los accidentes, que siempre pueden ocurrir, sino a los efectos de la actividad diaria que resulta nociva para el medio en el que vivimos personas y empresas. Porque el deterioro de las condiciones… ¿no perjudicará también en un futuro no muy lejano a estas empresas? Estoy seguro de que así será, pero prima el beneficio inmediato, confundido de manera malintencionada con el «bien vivir» al que me referí antes.

Es preciso que las soluciones a los problemas económicos no solo se busquen en la Economía sino que abran su campo de estudio al resto de la realidad humana, como ciencia social que es, y que se indaguen los problemas sociales, antropológicos y del medio ambiente. De lo contrario, las soluciones endogámicas y matematizadas de la Economía de la Empresa sólo conseguirán efectos rebote perniciosos aunque aparenten en un principio que mejoran la situación.

Tengo serias dudas de que nuestra élite dirigente tenga valor suficiente para abordar soluciones de este tipo. Por esto, será necesario que los distintos grupos que actuamos en economía, empresas, consumidores y, si ello fuera posible, nos niveles menos politizados de la administración, tomemos decisiones como resultado de una mayor apertura en el estudio de los problemas cotidianos. Debemos buscar las causas más lejanas, aquellas que están en el comportamiento de las personas, en su sentir y en su cultura. Sólo así las decisiones serán adecuadas y no paños calientes para salir del paso. Sólo así podremos llegar a una nueva Economía más social y a la vez más estable y beneficiosa para todos.

Me estoy volviendo loco… ¿hay algún Community Manager por ahí?

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Si tienes una empresa pequeña, mediana o grande o eres un profesional y quieres mantener una relación fluida con tus clientes y mejorar tus resultados, aprovecha la oportunidad que te ofrecen los medios sociales. Pero si cuando decidas aventurarte, te parece una selva con miles de caminos, vericuetos y peligros, busca sin dudar a quien sepa hacer fácil lo difícil. Busca tu Community manager.

Un guía para navegar y hacer negocios

El Community manager sabrá darte una visión de tu empresa en las redes y medios sociales. Analizará tu actividad, productos y clientes. Sabrá orientar tu plataforma para que reciba las solicitudes de información o las compras directas. Y determinará cuáles son los mejores medios para crear una comunidad de clientes que acabe siendo rentable.

El Community manager sabrá escuchar lo que se dice de tu empresa para orientar la acción a medio o largo plazo o “apagar los fuegos” a corto. Te ayudará a responder a tus clientes, a aportar valor y ser generoso en la red para mejorar tu imagen y reputación. Y también te podrá diseñar las campañas para pasar “al ataque”.

El poder de las comunidades

No nos engañemos. Tal como están las cosas, si tienes una empresa o eres un profesional, posiblemente en algún sitio de la red estén hablando de ti. No perdamos esta oportunidad, es más, fomentemos las situaciones que vengan bien a nuestro negocio. Pero hagámoslo bien porque lo mal hecho también se puede difundir y a una velocidad insospechada.

Las formas de relación están cambiando para muchos aspectos de la vida. La formación se hace de forma distinta, el acceso al trabajo también. Si necesitas un profesional para algo podrás encontrar con seguridad una comunidad en la que encontrar el más apropiado.

Las comunidades son poderosos elementos para que las personas interactúen y se están utilizando para la divulgación del conocimiento y aportar valor a nuestras vidas tanto para lo profesional como para nuestro ocio. También están cambiando la estructura de los negocios porque son elementos potenciadores de intercambios.

Las personas que forman parte de una comunidad esperan una aportación de valor por parte de todos los miembros y castigan a los que no lo hacen, pero también son agradecidas y premian la generosidad. Y muchos estarán dispuestos a pagar una suscripción por unos buenos servicios, o se sentirán más vinculados a una marca que hace las cosas bien, les ayuda y aporta valor. Una buena comunidad, seria y activa, en torno a nuestro negocio y bien gobernada por un profesional de esta materia es garantía de futuras relaciones comerciales estables.

Comunicación, comunicación y más comunicación

Tu Community manager estará atento a lo que se dice de tu negocio, bueno o malo. Investigará lo que se dice de la competencia, bueno o malo. Y te lo comunicará para que tomes medidas e incluso, según su formación, te propondrá algunas.

Tomará la iniciativa para la mejora de la imagen de tu empresa en todos los medios sociales “que sean necesarios” según la clase de negocio. Así, conseguirá que la comunidad en torno a tu empresa sea cada vez mayor, que todo lo que digas se oiga más, que puedas ir a sitios donde antes no se te conocía y que llegues al deseado incremento de las ventas. Todo con la profesionalidad que hace que este medio sea cada vez más estimado por encima de los que lo usan sin ton ni son.

Si tienes una empresa o negocio y quieres aprovechar la potencia de los medios sociales y no perder un tren que nos lleva a un nuevo concepto de las relaciones entre las personas, no lo dudes más y pon un Community manager en tu vida.

Web 2.0… una nueva forma de vida.

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Bienvenidos a la Web 2.0. Herramientas basadas en internet que nos han permitido acceder a información que no hubiéramos imaginado, a servicios que se nos han simplificado a más no poder y con las que hemos encontrado amigos que ya casi teníamos olvidados.

Se trata de un caos ordenado… o un orden caótico. Llevamos años y años buscando rutinas, estructuras, procesos y procedimientos… orden en definitiva para saber dónde estábamos y a qué atenernos. La información era un bien escaso, hasta difícil de conseguir y ahora tenemos que poner filtros para que no nos ahogue.

English: A tag cloud (a typical Web 2.0 phenom...
(Photo credit: Wikipedia)

El usuario final pasa a ser el protagonista…

El mundo nos ha quedado a un clic de ratón y el usuario, antes pasivo, se hace protagonista. Es difícil encontrar a alguien con quien queramos contactar y que no esté en alguno de los infinitos nodos de frenética actividad. Sentados delante del ordenador o con un móvil en la mano tenemos información, contactos y transacciones. Cuidado: también nuestros datos jamás habían sido tan públicos si no se tiene una prudencia mínima al interactuar.

Nuevas formas de trabajar y entender las cosas…

Nuevas profesiones como la del Community Manager, deben ser consideradas por las empresas porque son capaces de vincular e influir en seguidores para el buen nombre de una marca y sin abandonar la silla o tomar un café en un bar, como se hacía antes.

Cambia la forma de comunicar y, sobre todo, la velocidad de la comunicación hasta un punto que provoca la taquicardia. Cambian las formas de trabajo porque se abren posibilidades enormes para que los profesionales se centren en su cometido y no en las herramientas, que son cada vez más amigables. Y cambia la vida personal ya que esta ola afecta incluso a aquellos que no quieren verla venir, porque sus vidas, de una forma u otra, se están viendo afectadas en todo.

Medios Sociales: el presente… y también el futuro.

Los Medios Sociales y toda la Web 2.0 han llegado para quedarse porque suponen un avance irrenunciable en nuestras vidas, porque nos las hacen mucho más fáciles y a la vez dinámicas, y lo que ahora es una “locura” evolucionará hacia unos estados asumidos por la población de forma que se convertirán en nuestra “nueva forma de vida”. Ya podemos ver la siguiente ola 3.0. Son las herramientas de la “Nueva Economía” que establecerá un orden distinto del trabajo y la producción para llegar a un nuevo escalón en la evolución de nuestra cultura.

Yo, que fui algo escéptico en la empresa porque al principio no veía clara la utilidad (y en aquellos momentos, para ser sincero, creo que aún no la tenía), dedico “un momento para pensar” a todos estos temas en mi blog de WordPress, tengo mi currículum en LinkedIn y si me buscáis en Facebook y Twitter, también me encontraréis. Es una nueva era, hay que asumirla y, sobre todo, disfrutarla.

Publicado por Manuel Zúñiga Hita

China, una gran incógnita

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china_banderaEn varias entradas anteriores he hecho referencia a los países del “BRIC” como una de las vías de salida de la crisis y una forma de reflotar nuestro sistema económico. En concreto me he referido a China porque entiendo que es la que más expectativas nos puede ofrecer, ya que tiene una potencialidad evidente y una cultura muy distinta a la nuestra que, a la vez que apasionante para estudiar, puede resultar una salvaguarda importante para no caer de nuevo en los mismos errores que ha cometido occidente en la última década.

El desarrollo chino ha sido espectacular en los últimos años y eso está posibilitando el que asuma un papel estratégico en el concierto mundial. Su desarrollo hará que se pueda ir superando su extrema desigualdad y vaya apareciendo esa clase media que supondrá una mejora real de los niveles de vida del país.

Por eso ahora, justo ahora, es importante que España aparezca con fuerza en el panorama Chino en todos los aspectos posibles. Es importante que las empresas españolas puedan “exportar todo”, con lo que me refiero a que puedan tanto colocar productos fabricados en España, como establecerse en China para asumir parte de la producción emergente en oriente.

Es importante que China pueda ser vista como uno de los destinos de profesionales españoles que en nuestro país e incluso en Europa no tienen sitio dentro del sistema productivo para desarrollar todo lo aprendido y materializar sus ilusiones. Y esto debe hacerse tanto como parte de las empresas españolas que se establezcan allí en el país lejano, como directamente en las empresas chinas, que podrán, a través de nuestros profesionales, conocer nuestro país.

Es importante que nuestro Estado venda la marca España, que deberá ser una marca de prestigio, para que las relaciones entre las dos economías sea fructífera. No vienen nada bien las disputas soberanistas ridículas ni los escándalos de políticos corruptos de todos los colores, aunque en todos lados, incluso en China, “cuecen habas” y ellos lo saben mejor que nadie.

Si España tiene visibilidad en China, la incipiente clase media pondrá su vista en nuestro país cuando se cuelgue la cámara de fotos al hombro y, mucho ojo, cuando en China pasa algo, siempre es muy grande por pequeño que sea el porcentaje, porque ellos son muchos… muchos. Y esto puede ser un impulso importante para la economía española, y otra vez en nuestro sector salvavidas. Hagámoslo bien esta vez. Estemos preparados para dar una calidad excelente. Ya tenemos mucha experiencia y podemos hacerlo. Eliminemos a toda la gente que “te hace un favor cuando te atiende” por todos los medios a nuestro alcance.

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Sin embargo hay un “PERO” en toda esta cuestión. China es, como digo en el título, una incógnita. Una incógnita que viene de la política. Se trata de un país comunista, de una dictadura en toda regla, “popular” e hipócrita como todas las dictaduras comunistas que quieren aparentar lo que no son y que algunos incluso se creen. Como lo fue Rusia y como lo es la Cuba que tantas simpatías despierta en los sectores más “progres” y libertarios de nuestro país, esos que quieren imponer la “dictadura de la calle”. Y como lo son otras democracias encubiertas gobernadas por “comandantes” de la América Latina.

Muy pronto habrá que despejar esta incógnita de la ecuación mundial. Está por ver la evolución del régimen comunista chino hacia la apertura. No podrán mantener eternamente las censuras a internet y las redes sociales. La población se hará cada vez más sensible según progrese la clase media y todo esto podría acabar en otra “primavera alborotada” como la árabe, pero con la diferencia de que aquí, no hay tantos países occidentales implicados como en el Magreb y cualquier incidente podría ser considerado una injerencia por una potencia cuyo alcance real aún no conoce occidente.

Esta situación inestable, también es conocida por la sociedad China y esto puede ser un punto a favor de que algunas de sus empresas se establezcan en el exterior, de forma que pudieran soportar en un futuro un periodo de inestabilidad de su país. Por tanto, es posible que un periodo de inestabilidad en este nuevo motor económico mundial se convierta también en una oportunidad a medio plazo para nuestra economía, ofreciendo un establecimiento seguro y de calidad para empresas de gran nivel.

Debemos establecer acuerdos de cooperación, vías comerciales y afianzar la enseñanza y alentar el aprendizaje del Chino en España. Por si alguien ve esto como lejano y difícil, puedo decir que lejano no va a ser y, además, no debería si queremos coger este tren. Y en cuanto al idioma mandarín, puedo asegurar, por mi propia experiencia, que es apasionante.

Por último, la cultura china puede hacernos recuperar algunos valores que ellos no han perdido por la ambición desmedida. Esta cultura aún valora el tiempo necesario para hacer las cosas y vive con menos prisa. Allí, además del corto plazo, que es nuestra única medida, también existen todavía el medio y el largo plazo. No sólo podemos aportar, sino que, sobre todo, también podemos aprender. No perdamos más tiempo.

Los nuevos emigrantes

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Lo de la Economía Global no es ninguna broma. Aunque los niveles de globalización, según los expertos, aún son menores de lo que pensamos, se dan algunas facetas que evolucionan con rapidez hacia una pérdida total de fronteras. Lo podemos ver con internet; podemos buscar cualquier conocimiento, producto, servicio o simple curiosidad en cualquier momento, en cualquier idioma y con múltiples finalidades. Esto ha hecho que nos planteemos, como ya advertí en un artículo anterior, que podamos seguir haciendo lo mismo que hacíamos, pero que podamos venderlo en cualquier otra parte del mundo si hay medios para que llegue.

Esto que nos parece una enorme ventaja en el lado de la comercialización, visto desde el lado de los medios de producción, se puede convertir en un gran inconveniente. Claro que eso será según nuestra forma de pensar «no globalizada». En nuestro mercado hay una necesidad limitada de recursos, mientras que en otros emergentes se necesitan recursos justamente de ese tipo que a nosotros nos sobra. Volvemos a los países emergentes, los de la América Latina, ademas de Rusia, China e India. Estos paises que están en un grado de desarrollo en algunos casos superlativo y que nos recuerdan a nosotros hace algunas décadas, cuando la deuda no nos ahogaba y se podía utilizar el gasto público como motor de la Economía. Algo que hicimos hasta que lo hemos reventado.

Y cuando hablo de recursos productivos, me estoy refiriendo a los humanos, claro está. Los demás pueden tener más arreglo con acuerdos comerciales internacionales para desplazar algunos a estos países o para utilizarlos aquí completando producciones de estas nuevas potencias (hablaremos de esto también en futuros artículos). Tenemos profesionales que ahora no son necesarios en el mismo régimen de trabajo asalariado en España, si bien será necesario también un ajuste inter regional. La solución para estos recursos expertos sólo tiene dos vías: EMPRENDER por su cuenta o SALIR a estas otras economías emergentes.

La teoría es sencilla, pero las dos soluciones necesitan el valor suficiente para ponerlas en práctica. Y las dos dependen de la mentalidad con la que se aborden. La primera de ellas es desarrollar una forma de pensar independiente y arriesgada que nunca se ha apoyado de forma suficiente en este país y que, por la acción de algunas ovejas negras, ha estado en algunos casos hasta mal vista. Este pensamiento tiene reminiscencias en las enormes dificultades que tiene que abordar cualquiera que quiera iniciar una actividad empresarial (permisos, licencias, todas las administraciones posibles pidiendo cosas, etc…)

Pero la segunda, salir al exterior, es aún más difícil en España. Nuestra tradición es trabajar en nuestra ciudad, a ser posible en nuestro barrio o en el centro, y a ser posible en el portal junto a casa. Cambiar de ciudad ha sido siempre un trauma para la gran mayoría y lo de cambiar de país ya era para aventureros, prófugos, gente desesperada o algún que otro especímen «raro». Pero las cosas han cambiado, y no sólo afectan a los profesionales «reconvertidos», también a los jóvenes recién licenciados. Profesionales brillantes con futuro, pero no aquí. Creo que debemos ser conscientes de esto. Los miles de estudiantes universitarios que están terminando sus carreras no podrán ser todos absorbidos por el mercado nacional, al menos en las especialidades que han estudiado.

Esta situación nos lleva a varios de los interrogantes que habrá que abordar con respecto a la educación, algo que haré en próximos artículos. La Economía Nacional sólo puede absorber en cada momento un determinado número de profesionales en unos sectores y con unas dedicaciones específicas. Los demás no serán necesarios en aquellas materias para las que han estudiado. Entonces…¿debe cada persona estudiar lo que quiere realmente? ¿aunque luego no tenga salida…y lo sepamos de antemano? Y lo que es más importante para la Economía, ¿debe el Estado financiar estos estudios sin salida en nuestro sistema? Sea como sea, está claro que el Estado, gran padre, debe llegar a un difícil equilibrio para que el sistema educativo, en este caso el superior, funcione y cubra las expectativas del país.

Pero, de lo que se trata hoy es de ser conscientes de que muchos de los universitarios que han terminado recientemente sus estudios o que lo van a hacer próximamente, tendrán que ir a trabajar a una de estas economías emergentes, si realmente están interesados en hacerlo en su disciplina. La alternativa será intentar trabajar aquí, pero en otra cosa que probablemente no tenga nada que ver, no ya con su especialidad, sino con su carrera en general o incluso con su nivel de estudios. Si la persona está satisfecha por los estudios realizados y conforme con trabajar en otra cosa, no habrá problema, salvo la pérdida parcial comunitaria de la inversión realizada en esta persona. Pero si pasa a la EXIGENCIA al «gran padre» de que haya un puesto para ella, que sepa que ni este sistema económico, ni ningún otro puede «pintar» un puesto a su medida porque esto no funciona así.

Miento un poco en realidad, que me perdone el lector. Porque la verdad en los últimos años es que se han «pintado» muchos puestos en las administraciones y empresas públicas y otras entidades político-sociales, que nos han costado el dinero a los contribuyentes. Ya conocemos los resultados, por eso podemos reafirmarnos en que las cosas no funcionan así y sólo deben utilizarse y consumirse los recursos necesarios para la producción y en concreto, los más rentables para la misma.

It's what's for dinner, tonight.

Aquellos universitarios que estudiaron una disciplina por vocación o por pasión o simplemente porque creían que se podrían labrar su futuro ahí, y lo siguen pensando, deben adaptar su mente a este mundo globalizado y considerar como opción la de buscar el trabajo allá donde se necesite su conocimiento. Sinceramente pienso que si personas brillantes deben salir para realizarse profesionalmente, este sentimiento y esta situación deben asumirla con serenidad. Porque será mucho mejor que llegar a irse del país porque se han convertido, como dije antes, en «gente desesperada» que deja atrás una tragedia social.

Siempre estaremos orgullosos de los profesionales que triunfan en el extranjero porque sentimos su triunfo como algo nuestro. Siempre estarán también los que ven el lado negativo y piensan que «vaya país este que no tiene trabajo para su gente» y «vaya inútiles los dirigentes que no saben arreglar esta situación». Yo estoy mejor entre los primeros. Los que piensan en negativo en España ya los tenemos casi como «ruido de fondo» en nuestras vidas y cada vez les hacemos menos caso. Y el problema del ajuste fino de la educación y los recursos, lo trataré en otro artículo más adelante, cuando yo mismo consiga que mi mente sea más global.

Cosas que se han hecho bien en tiempos de crisis

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SIN EDITAR

Tenía una deuda con todos los que leen lo que escribo desde uno de los primeros artículos que titulé “Otra vez el fin del mundo”, porque referí que en los tiempos de crisis, no todo se hizo mal. Es verdad que algunas veces la Economía es como una fiesta. Muchos, tendríamos que decir que la mayoría, comen, beben, bailan y se divierten sin molestar. E incluso la diversión es mayor porque es colectiva, porque todos lo están haciendo. De lo contrario, vaya aburrimiento de fiesta. Igual que en la Economía, la actividad de todos los que intervienen refuerza el sistema completo y beneficia a todos.

Claro que en las fiestas hay siempre quien se emborracha, se va a la pista con la copa llena, y se le cae el vaso al suelo. O se sube a una mesa a demostrar sus dotes atléticas y al final acaba en el suelo con toda la vajilla. Si el problema solo fuera suyo, tampoco pasaría nada extraordinario, pero siempre el borracho acaba manchando a los demás y, lo que es peor, probablemente acabe con el ánimo de la fiesta. Lo mismo que ha pasado con algunos sectores en nuestra Economía. No han respetado las buenas prácticas, se han llenado de ambición, y han acabado manchando a todos. Al final hay que salir al rescate de estos sectores de la misma forma que a la fiesta acaba llegando la ambulancia para poner la inyección que evite el coma etílico al bailarín de la mesa.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de los que se han divertido en la fiesta, sin molestar a nadie y colaborando con el ánimo general de todos. De los sectores y profesionales de la economía que han sabido evolucionar en estos años, que han crecido razonablemente, que han innovado y que han sabido anticipar nuevos tiempos, aunque ahora, de momento, se vean “pringados” también por el mal hacer de otros.

Hay empresas que supieron ver que el crecimiento tenía límites y en lugar de lanzarse a una aventura desmesurada basada en eventualidades, mantuvieron su tamaño y su calidad. Se verán afectadas también por los malos tiempos, pero tendrán más oportunidades para salir del atolladero. Otras iniciaron su actividad en sectores incipientes o en expansión y siguen siendo necesarias y creciendo, como las relacionadas con el sector tecnológico de la informática y las telecomunicaciones. Algunas otras mantuvieron los mismos negocios pero aplicando recursos distintos para su producción, con lo que dimensionaron, no porque la crisis se lo exigiera, sino de una forma natural por la evolución de su producción y su estilo de empresa.

Otras empresas buscaron mercados sustitutos de aquellos que comenzaban su caída libre y volvieron su mirada al exterior, a países que se iban a convertir en nuevas potencias en poco tiempo, como así ha sido. Su pretensión fue hacer lo mismo pero vendérselo a otros, por lo que su innovación fue su sistema de comercialización y los mercados que abrían. Muchos profesionales también se ajustaron, viendo que la gran empresa ya no daba seguridad, y han empezado actividades por su cuenta, bien relacionadas con lo que han hecho durante muchos años, bien cambiando por completo una vida de rutina que no les llenaba.

Como denominador común, la aplicación intensiva de tecnología, cada vez mayor, es un avance innegable sin marcha atrás. Las posibilidades de apertura de mercados que se pueden conseguir con el comercio online pueden ser puertas de salida muy importantes. Tenemos mucha experiencia en cosas bien hechas y, lo que es un gran valor, en cosas muy mal hechas que deberemos saber evitar, tanto nosotros, como aquellos con los que a partir de ahora trabajaremos, sea cual sea su continente.

Creo que merece la pena estudiar los casos de empresas y profesionales que han evolucionado de forma prudente, como deben hacerse los negocios, y aplicar soluciones y criterios parecidos. Creo que las empresas, y los correspondientes empresarios, deben hacer un planteamiento serio sobre el tamaño al que deben llegar sin provocar un riesgo importante porque la actividad se les empiece a ir de las manos

Creo que debemos hacer que las tecnologías de la comunicación estén en cualquier cosa que hagamos porque hoy en día son compatibles la artesanía y la tecnología punta y siempre la tecnología puede y debe ayudar. Creo que los profesionales debemos tener iniciativas y poner nuestro conocimiento para su utilización en nuestro sistema. Y creo que es necesario aprender nuevos idiomas como el portugués, el chino o el ruso (el inglés lo damos por hecho), porque muchas oportunidades para los que ya llevamos años trabajando, pero, sobre todo, para los jóvenes que necesitan incorporarse a los mercados de empleo, vendrán por este camino.

Y, además, todos debemos dedicar un momento para pensar si necesitamos de verdad consumir todo lo que consumimos y si eso nos acerca más a ser felices. Porque la reforma de nuestro sistema productivo, la sostenibilidad de los recursos y la mejora del medio ambiente en el que vivimos, no depende sólo de las empresas. Cuando consumimos, llevamos a cabo un acto de responsabilidad también muy importante. Pensémoslo.

Cerebros cautivos

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Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla
Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla (Photo credit: Wikipedia)

En una entrada anterior que titulé “Motivación: ¿Ilusión o realidad?” llegaba a la conclusión de que es la auto-motivación la capacidad fundamental a desarrollar por parte de los profesionales en cualquier lugar que se encuentren, porque es la que les llevará a conseguir los más altos logros. Decía también que la empresa, y me refería sobre todo a lo que denominamos “gran empresa”, tiene habitualmente unos mecanismos importantes de desmotivación de sus profesionales, aunque sin generalizar, porque habrá alguna que esté haciendo un esfuerzo por aprovechar al máximo a su gente.

Y estos mecanismos provienen precisamente de su gran tamaño, que hace que todo sea mucho más difícil. Llegar con una propuesta al estamento y persona adecuado, convencer a todos los que te pueden ayudar o se pueden oponer a lo que propones, intentar incluir tu propuesta en unos objetivos, planes, programas, presupuestos, líneas de producción, gamas de productos y servicios, nichos de clientela… Es necesario tanto tiempo para que algo cuaje, que se pone a prueba la paciencia de tal manera que hasta el santo Job se subiría por las paredes. Y además, será casi imposible que nuestra propuesta llegue al final con pocas variaciones. Tanto, que puede que no se parezca en nada. También introduje algo de esto en otra entrada que titulé “¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?”.

Por lo tanto, nos encontramos con cientos de profesionales brillantes incorporados a la disciplina de grandes empresas que consiguen sacar sus ideas adelante a duras penas y no todas. Y estas ideas e iniciativas se están perdiendo para nuestra Economía porque donde se están generando no llegan a materializarse. Estos profesionales son “cerebros cautivos”. Acabarán acomodándose en la rutina de su gran empresa y tampoco se les podrá culpar porque el mínimo esfuerzo y máximo rendimiento es una ley natural adoptada, además, por la Economía, que la lleva en su propia definición.

La Nueva Economía necesita poner a trabajar de forma eficiente a estos cerebros cautivos y sólo con un importante estímulo se puede hacer porque estamos hablando de quebrar aparentemente una ley económica y natural. Pero en los últimos años, ha ocurrido algo que nos ha sacado de la comodidad: la crisis más virulenta que hayamos conocido. Esta situación está llevando a gigantes a regular todo el sobreempleo de unas vacas gordas que se tenían por eternas y muchos profesionales están ahora mismo fuera de esas grandes empresas de mejor o peor manera. De una forma no deseada pero muy efectiva, muchos cerebros cautivos han sido liberados. Les falta un poco de práctica para funcionar de forma efectiva como ellos saben, pero lo harán.

Pero tienen que hacer una reflexión profunda: No deben dejarse cautivar de nuevo. La Nueva Economía necesita más autónomos, freelancers, pequeños empresarios, artesanos y profesionales independientes que estén ligados a su profesión más que a una empresa y si tienen que estarlo a una, que no sea muy grande. De esta forma, hasta las grandes empresas de la Economía saldrán beneficiadas porque cuando necesiten los servicios de estos profesionales que ahora estarán fuera de sus plantillas y su tedio, recibirán ideas con toda la potencia de los cerebros activos.

El estado debe facilitar lo que la crisis ha forzado de forma cruenta. El fomento de la actividad profesional, facilitando trámites y concediendo ayudas que, si no pueden ser directas porque las arcas no lo permitan, que sí sean indirectas con la eliminación de tasas y de algunos impuestos. Puede parecer un contrasentido que se reduzcan los ingresos del Estado de esta forma, pero será la única manera de que a corto plazo vuelvan a crecer por otras vías. La puesta en circulación de los cerebros cautivos de nuestra Economía puede ser un efecto positivo de la crisis. Una catarsis que, desde la misma tragedia, pueda llegar a suponer el bienestar y la satisfacción de una buena e importante parte de la población.