empresa
Captar negocio desde la acción formativa
Este es otro artículo que escribí hace ya varios años, en noviembre de 2006 en concreto, y que he recuperado de la Revista Capital Humano. Se trata de algo sobre lo que hablaré en próximas entradas en el blog dedicadas a la formación como columna vertebral del progreso humano.
¿Por qué nos formamos los humanos? ¿Por qué nuestras necesidades van más allá de lo estrictamente necesario para sobrevivir? ¿Por qué hemos acumulado como especie un conocimiento muy superior al que necesitamos para este fin? Creo que hemos llegado a aprender por placer en muchos casos, que el saber no es ya un medio sino un fin en sí. Pero lo discutiremos en otro momento.
En lo que atañe a este artículo de “Capital Humano”, y viendo la situación de las Cajas y lo que ha pasado desde entonces, hay algunos párrafos que me causan, yo diría que incluso un profundo dolor que ya expresé en un post anterior, “La empresa sin alma”. En él hacía alusión a las frases grandilocuentes que se habían pronunciado en las empresas sobre sus recursos humanos y que quedaron vacías en cuanto vinieron los problemas por la actual crisis moral y económica.
Pero resulta que este artículo lo escribí yo, una persona comprometida con mi trabajo y criterios, responsable de la formación de esa empresa y que creía en lo que estaba haciendo para ayudar a los profesionales de mi organización. Ligar la formación a resultados y actividades del día a día, con objetivos reales y sobre las tareas fue un éxito por la implicación de todos los que intervinimos: el equipo de formación, los formadores internos, los externos de Epise y, sobre todo, los participantes que pudieron sentir calor y ayuda en momentos en los que creo que les hacía falta.
Esta cercanía de la formación a los objetivos, de la posible especialización excesiva, o del momento en que esta especialización es requerida, son cuestiones difíciles pero apasionantes que trataremos para todos los niveles de la educación, desde la guardería a la empresa o al calor de un sofá en el rincón más acogedor de nuestra casa
Gracias a los amigos de Epise, que me invitaron a participar con esta ponencia en sus jornadas de estudio de Granada del año 2006 y que dio origen a este artículo de Capital Humano.
Artículo de la Revista Capital Humano: «Captar negocio desde la acción formativa» (noviembre 2006)
Motivación: ¿Ilusión o realidad?
Esta ha sido otra de las “vacas sagradas” de los Recursos Humanos en los últimos años. Sin embargo, estaremos de acuerdo en que, al final, ha llegado a hablarse más, mucho más, muchísimo más, de su opuesta: la des-motivación. No hay que preocuparse por esto, sin embargo, sólo concienciarse de ello. Con el nivel directivo del que se ha hecho gala en este país en los últimos quince años, la gestión de la motivación más que a una herramienta empresarial de desarrollo profesional, se ha parecido a ese juego en el que hay que dar con un martillo a la cabeza que asoma por el agujero: una persona motivada, con ilusión, saca la cabeza e inmediatamente un directivo al uso lo des-motiva de un martillazo.
A partir de ahí, el profesional que ha intentado hacer algo por su empresa (algo por lo que además le pagan y es “su obligación”), aturdido por este primer golpe se plantea el porqué de lo ocurrido, e incluso llega a darse a sí mismo una explicación razonable. Y vuelta a empezar. Segundo martillazo… ¿y ahora cuál es el problema? Explicación y vuelta a empezar. Y así sucesivamente hasta que ya empieza a no sacar la cabeza y quedar sumido en una realidad de monotonía o de instrucciones sin sentido aparente (claro que los de arriba tienen más información de por qué se hacen las cosas como se hacen) que constituyen lo que yo llamo la “dirección por bandazos” (ahora todos para allá, ahora todos para el otro lado…). Pero claro, los golpes duelen.
Si llegados a este punto, alguno de los lectores está sonriendo, aunque sea levemente, será que algún golpe se ha llevado. Esto es un problema empresarial grave porque hay que saber encauzar las iniciativas de las personas, sin hacer cosas que a la empresa no le interesen, pero sin frustrar a nadie porque esa fuerza, esa iniciativa y esa capacidad de pensar siempre es necesaria.
En cualquier caso, el tratamiento “teórico” de la motivación desde el punto de vista de la empresa lo dejaremos para otro momento. Hoy me quiero centrar en la actitud del profesional que ha experimentado este “juego de despropósitos”. ¿Debemos caer en el pozo de la mediocridad para no llevarnos más martillazos en el juego? ¿Debemos dejar de tener ideas, iniciativas, para hacer lo normal, “lo que se nos pide” sin aportar nada más? Categóricamente NO. Pero no porque sea malo para la empresa, que lo es, sino porque es malo para el profesional. Porque lo que no se ejercita se atrofia y en este caso estamos hablando de nuestra mente.
Aunque una propuesta no salga adelante por cualquier motivo, (y cuando digo “cualquier” hablo desde una explicación razonada hasta un ridículo, estúpido y tajante NO sin más o una callada por respuesta), el ejercicio de pensarla, estructurarla, darle forma en el papel y llegar a defenderla es tan importante para el profesional, que no podemos permitirnos el lujo de tan siquiera dudar si debemos hacerlo. Hay que seguir porque nuestra “persona” gana cada vez que lo hacemos.
Con un poco de suerte, de estas experiencias aprenderemos a que vaya saliendo poco a poco algún proyecto. Aunque si los golpes son muchos y continuados, quizás no estemos en la empresa correcta, quizás debamos emprender nosotros nuestro camino por otro lado. Y qué difícil es esto en nuestra cultura de estar toda la vida en una empresa aunque vivamos nuestro trabajo de forma triste y el mejor proyecto sea la lotería primitiva compartida con los compañeros del departamento.
Cambiemos el concepto. Hablemos de AUTO-motivación. Hagamos depender nuestro contento o descontento de lo que seamos capaces de hacer, de lo que seamos capaces de progresar nosotros mismos. No dejemos descansar este impulso sólo en el reconocimiento de otros. Porque esos otros podrán ser mejores o peores, pero tarde o temprano irán desapareciendo y apareciendo otros nuevos. Lo que siempre estará con nosotros será nuestra capacidad, nuestro convencimiento y nuestras ganas de hacer los proyectos que creamos oportunos para avanzar.
Si conseguimos la complicidad, ayuda o aprobación de los demás, habremos dado un gran paso, pero si no lo conseguimos, tenemos que seguir en el empeño de hacer grandes cosas. Y la más grande de todas probablemente sea que nuestra mano nunca llegue a manejar un martillo en el juego.
La automotivación es una de las cualidades de los profesionales de la “Nueva Economía” y la ayuda a los demás, la principal cualidad de sus directivos.
La confianza perdida en las Entidades Financieras
De entre todas las pérdidas que han sufrido las entidades financieras de este país en los últimos años, hay algo que destaca sobremanera: Han perdido la confianza de los clientes y de la sociedad en general y esto es bastante más importante que las inversiones en ladrillo que ya no se saben cómo atacar, pero que al fin y al cabo no son más que un hecho económico que sanear de su balance, que pasará en más o menos tiempo y de lo que se podrán recuperar según las habilidades que cada una aplique.
Hace años, los clientes iban a su entidad financiera a consultar a los empleados de la oficina, en general o a alguien en concreto, cosas que en algunos casos nada tenían que ver con la actividad financiera que les resolvía dicha entidad. Cualquier aspecto casi de su vida en el que intervenía un flujo monetario era susceptible de consultar a su asesor ,o más que asesor amigo, de confianza de la oficina. Se sucedían así preguntas sobre una carta que le había enviado Hacienda, qué coche podría venir mejor a la familia o qué hacía con las vacaciones.
En realidad este tipo de preguntas (y sus correspondientes respuestas) hacía que las entidades financieras estuvieran presentes como factor de firmeza y confianza en la vida de las personas, y en esto siempre tuvieron más fama las Cajas que los Bancos. Bien, pues este activo, esa penetración en la vida de las personas, ha sido la más importante posesión que se ha tenido para poder hacer luego los negocios, para atraer el pasivo, conceder créditos y, ahí comenzaron los problemas, “colocar” todo tipo de productos.
La ambición sin límites de las cúpulas de estas entidades ha hecho que para crecer y crecer, y ganar más y más, se hayan tenido que poner en práctica dos tipos de actuaciones lamentables. La primera la pérdida de la prudencia en el crédito, error de libro para los financieros bancarios. Se han concedido créditos por encima de las capacidades de pago de las familias, amparándonos en que había suficiente garantía o mejor dicho, suficiente evolución al alza en el valor de la garantía (el ladrillo tan traído y llevado).
Pero la segunda actuación fue aún peor; la venta de productos financieros tan complejos, que en algunos casos yo dudo que muchos de los empleados de banca que los estaban vendiendo supieran de forma cierta el alcance de los mismos. Demasiado complicados para el tipo de clientela de muchos de los segmentos en los que se “colocaron”. Pero había objetivos que cumplir para crecer y crecer y ganar y ganar.
Ahora, esta confianza se ha venido abajo, y las entidades financieras se han convertido en unas empresas vulgares, mal vistas y que han ido tapando sus errores, su pérdida de confianza y sus agujeros económicos con fusiones que parecían poner una cortina de humo en todo lo que había pasado: Borrón y cuenta nueva.
Queda un importante camino por andar. Porque una economía no se puede permitir el lujo de que su gente no tenga confianza en sus entidades de crédito. Porque estas entidades son un punto de referencia muy importante que da solidez y tranquilidad a las personas, y eso ahora no es así. Las entidades financieras, además de sanear balances y realizar la reconversión del sector, lo mismo que hicieron la siderurgia o los astilleros, tienen un trabajo pendiente muy difícil que realizar pero totalmente imprescindible: Recuperar la confianza de la gente. En un próximo post, hablaré de cómo entiendo yo que debería abordarse.
¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?
Hace unos días me encontré por la calle con un buen amigo, que fue alumno mío en la universidad y con el que comparto también Hermandad, la del Cristo, aquí en Jerez y que es dueño de un pequeño hotel en el centro de la ciudad.
Hablando de todo un poco y sobre todo de cómo están las cosas y cómo nos iba a cada uno, me hizo el siguiente comentario: “Estoy contento con el tamaño que tiene mi hotel y no lo quiero más grande. Somos varias generaciones ya, aguantó en la guerra civil, las demás crisis y esta también la pasará. Hace unos años algunos me aconsejaron que comprara el edificio contiguo para ampliarlo y les dije que con lo que tenía era suficiente. Ahora me alegro de esa decisión porque si les hubiera hecho caso, tendría muchos problemas para soportar los pagos de esa ampliación.”
Agustín, que así se llama mi amigo, y que es persona comprometida, tanto como para llevar el simpecado de la Hermandad el Viernes Santo durante varios años, acertó en su decisión. Renunció a la ambición desmedida que nos ha inundado en los años pasados, al afán de ganar más y más dinero aunque para ello tuviéramos que renunciar a muchas horas de disfrute para poder dedicarlas a este fin, ganar más y más dinero comprometiendo algunas veces hasta nuestra propia salud.
Hoy, su hotel sigue teniendo una ocupación importante, dice que el mundo es muy grande y que los clientes que necesita si no los saca de los sitios que venían antes, los buscará en otros, pero su ocupación sigue igual, y por lo tanto los recursos que necesitaba antes, también los necesita ahora, y los ingresos que tenía antes, quizás con alguna reducción, también los sigue teniendo ahora. Su teórica “falta de ambición” a la que yo llamaría prudencia y buen hacer, resulta una bendición en los tiempos que corren.
Los políticos petimetres de los últimos años han aplicado para las empresas la máxima de “cuanto más grandes mejor”, la versión moderna del “caballo grande ande o no ande” y siguen haciéndolo, véase el ejemplo de la banca hacia dónde nos está llevando. Siempre se ha comprobado que las pymes españolas eran las que daban el mayor porcentaje de empleo del país… pero cuanto más grandes mejor. Tendremos que hablar del enfoque de estas pymes que ha podido llevarlas por algún mal camino que ahora estén pagando, pero será en próximas entradas.
Mientras tanto, dediquemos un momento para pensar en lo que nos dice Agustín, porque la obsesión por el tamaño de las empresas ha acabado con muchas de ellas, pero claro, es que las pequeñas no cotizan en bolsa en este mundo globalizado… mala suerte. Sin embargo estas empresas son nuestra economía real, la base de nuestro país y la base también de la Nueva Economía.
La empresa sin alma
Da igual el tiempo que lleves, el compromiso, la vinculación, la motivación… No importa tu experiencia, si has aprovechado el tiempo, tu capital intelectual, tu formación… Si hay que dar números y esos números son los de una reducción de plantilla, prescindirán de ti.
Esta es la realidad de nuestras empresas, pasarse «por el forro» todas esas máximas grandilocuentes que nos han estado regalando los responsables de Recursos Humanos, y por indicación de ellos los más altos directivos, sobre la importancia de su «capital intelectual», de la gestión del talento, de la mejora de las competencias, de la integración y motivación del trabajador.
Ha resultado ser papel mojado en cuanto la cosa se ha puesto dificil, hasta convertirse en un coge el dinero y corre… Y durante un momento, alguno de esos altos directivos que ha visto cómo han hundido la empresa por la que «se desvivían» habrá pensado «¿me tendría que estar dando vergüenza ahora?». Y acto seguido se habrá respondido a sí mismo: «Sí… algo… pero bueno, ya se pasará y por lo menos mi bolsillo anda calentito». Pero esto lo habrá hecho sólo alguno, los demás sólo han visto la segunda parte, la de llevarse dinero suficiente como para vivir dos vidas.
La empresa española, con honrosas excepciones, ha progresado en estos años «A PESAR» de sus altos directivos, por la existencia de profesionales formados, con ideas y ganas de trabajar que han mantenido la producción y que han sido capaces incluso de cumplir los objetivos que les marcaban esos altos irresponsables. Quizás ahí ha estado el error, en que nunca el estrato de profesionales supo decir NO a lo que se le marcaba aún a sabiendas de que conducía a un suicidio colectivo. Pero estaba en juego el puesto de trabajo en época de bonanza y nadie quería hacer de héroe a costa de su bienestar personal. Al fin y al cabo todo se vendía, todo subía por la nubes…
El resultado sin embargo ha sido que muchos de estos profesionales han acabado finalmente perdiendo su puesto de trabajo. Sí, ese que defendían en época de bonanza, pero que ahora pierden en «vacas flacas», con un entorno mucho peor. Y los que les pusieron los objetivos, ricos, esperando otra oportunidad de asombrar al mundo con su sapiencia.
Esta es una nueva época, y yo creo sinceramente que este país saldrá adelante y muy reforzado de todo lo que nos está pasando, porque muchos cerebros muy capacitados se han «LIBERADO» del yugo de la gran empresa y ahora tienen que ponerse a pensar para crear nuevas estructuras y formas de trabajo. Veremos más pequeñas empresas y profesionales «freelance», que serán capaces de poner en valor su aportación al sistema sin que tengan que pasar por el tamiz de altos directivos arrimados a buenos árboles políticos y que no llegaban a la suela del zapato a la mayoría de ellos.
Veremos, y en realidad ya lo estamos viendo, la utilización de las nuevas tecnologías para que estos trabajos puedan internacionalizarse. Veremos multiplicarse las opciones de contratación para las empresas. Veremos cómo se gana confianza en los «nuevos artesanos» de esta época incipiente que vivimos. Ya la garantía no sólo nos la dará la gran empresa. Los profesionales, pymes y pequeños negocios volverán a centrar nuestra atención.
Y con las nuevas tecnologías, mucha atención, porque serán para multitud de productos y servicios, los profesionales, pymes y pequeños negocios de «cualquier rincón del mundo» los que atiendan esa demanda. Demos la bienvenida a la NUEVA ECONOMÍA. ¡Ya era hora y nos lo merecíamos!
- ← Anterior
- 1
- 2
- 3
