Vivencias
Cuando la persona reclama el protagonismo
En el mes de marzo del año 2002, siendo jefe de Formación, publiqué en la revista “Capital Humano” un artículo denominado “La persona, la nueva formación y los ciclos”. Mucho ha llovido desde entonces, pero creo que es interesante recordar algunas cosas de las que decía entonces y que ahora son incluso más aplicables a las situaciones vividas en la última década.
El sentido que le di entonces fue el de la existencia de ciclos en la vida y en la economía, esos que ahora se niegan diciendo que probablemente no volvamos a un sistema como el que hemos conocido hasta ahora por la relevancia de los cambios.
Lo que venía a decir en él es que no podemos dejar que el sistema, cualquiera que sea, piense por nosotros, que la cantinela del estado del bienestar nos atonte, porque incluso ese estado del bienestar puede también terminar su ciclo. No podemos dejar que esto sea un “café para todos” y al precio que sea. Debemos asumir nuestro protagonismo y no dejarlo todo en manos del Estado, al que ahora le pedimos todo, arrogándonos derechos sobre cualquier cosa por poco trascendente que sea.
El paso de la Economía Social de Mercado al Estado del Bienestar ha supuesto un incremento de la comodidad y de las posesiones materiales para los que nos hemos encontrado dentro de uno de los países que siguieron esta tendencia, pero creo que a costa de evolucionar hacia un encefalograma plano. Hemos dado importancia a cosas que no la tenían y nos hemos debilitado moralmente.
En los sistemas de Economía Social de Mercado creció nuestro bienestar pero teniendo plena conciencia de nuestra propia aportación e importancia. Volvamos como personas, a adquirir ese protagonismo aprendiendo de los grandes errores recientes. Seguro que sabemos hacerlo, para ser conscientes de lo verdaderamente importante en la vida.
Artículo de la Revista Capital Humano: “La persona, la nueva formación y los ciclos” (marzo 2002)
¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?
Hace unos días me encontré por la calle con un buen amigo, que fue alumno mío en la universidad y con el que comparto también Hermandad, la del Cristo, aquí en Jerez y que es dueño de un pequeño hotel en el centro de la ciudad.
Hablando de todo un poco y sobre todo de cómo están las cosas y cómo nos iba a cada uno, me hizo el siguiente comentario: “Estoy contento con el tamaño que tiene mi hotel y no lo quiero más grande. Somos varias generaciones ya, aguantó en la guerra civil, las demás crisis y esta también la pasará. Hace unos años algunos me aconsejaron que comprara el edificio contiguo para ampliarlo y les dije que con lo que tenía era suficiente. Ahora me alegro de esa decisión porque si les hubiera hecho caso, tendría muchos problemas para soportar los pagos de esa ampliación.”
Agustín, que así se llama mi amigo, y que es persona comprometida, tanto como para llevar el simpecado de la Hermandad el Viernes Santo durante varios años, acertó en su decisión. Renunció a la ambición desmedida que nos ha inundado en los años pasados, al afán de ganar más y más dinero aunque para ello tuviéramos que renunciar a muchas horas de disfrute para poder dedicarlas a este fin, ganar más y más dinero comprometiendo algunas veces hasta nuestra propia salud.
Hoy, su hotel sigue teniendo una ocupación importante, dice que el mundo es muy grande y que los clientes que necesita si no los saca de los sitios que venían antes, los buscará en otros, pero su ocupación sigue igual, y por lo tanto los recursos que necesitaba antes, también los necesita ahora, y los ingresos que tenía antes, quizás con alguna reducción, también los sigue teniendo ahora. Su teórica “falta de ambición” a la que yo llamaría prudencia y buen hacer, resulta una bendición en los tiempos que corren.
Los políticos petimetres de los últimos años han aplicado para las empresas la máxima de “cuanto más grandes mejor”, la versión moderna del “caballo grande ande o no ande” y siguen haciéndolo, véase el ejemplo de la banca hacia dónde nos está llevando. Siempre se ha comprobado que las pymes españolas eran las que daban el mayor porcentaje de empleo del país… pero cuanto más grandes mejor. Tendremos que hablar del enfoque de estas pymes que ha podido llevarlas por algún mal camino que ahora estén pagando, pero será en próximas entradas.
Mientras tanto, dediquemos un momento para pensar en lo que nos dice Agustín, porque la obsesión por el tamaño de las empresas ha acabado con muchas de ellas, pero claro, es que las pequeñas no cotizan en bolsa en este mundo globalizado… mala suerte. Sin embargo estas empresas son nuestra economía real, la base de nuestro país y la base también de la Nueva Economía.
Una buena dosis de “Optimismol” cada ocho horas. La medicina de la Nueva Economía.
1. QUÉ ES optimismol y PARA QUÉ SE UTILIZA.
Optimismol pertenece a un grupo de medicamentos denominados “reactivos” (actúa aumentando los niveles de sentido común producido por el cerebro y equilibra la funciones respiratorias y el nivel de ácido producido por el estómago).
Optimismol está indicado para tratar las siguientes afecciones:
- Exceso de actividad.
- Falta de actividad.
- Desánimo o desaliento.
- Estados de indecisión galopante.
2. ANTES DE TOMAR optimismol
No se conocen alergias a este medicamento por lo que no deben existir restricciones en su uso con las dosis indicadas. Recomendado para el embarazo y la lactancia. Puede afectar a su capacidad para la conducción y el manejo de maquinaria dado que su principal componente favorece la alegría y el bienestar.
3. CÓMO TOMAR optimismol
Optimismol se autoadministra por vía intracerebral, por lo que no será necesaria la utilización de cápsulas, inyecciones, ni cualquier otro método que sirva como excusa para no tomarlo porque no se pueda tragar, duela o se olvide.
Administración del producto
La primera toma la debemos hacer a las siete de la mañana, aproximadamente, para que nos haga efecto en los momentos más importantes de nuestro trabajo. La segunda, a las tres de la tarde, mejor un poco antes de comer para que la digestión no interrumpa su proceso de absorción. De esta forma tendremos una energía suplementaria si hay que seguir trabajando, estando también indicada para casos de discusiones extensas y acaloradas en la puerta del trabajo o de algún local “afterwork”, reuniones en el colegio de los niños (incluido el programa extraescolar), actividades gimnásticas y deportivas de toda índole y tareas domésticas en general. La última toma debe realizarse a la hora de la cena, con lo que se conseguirá un sueño reparador.
En casos excepcionales como el trabajo por turnos, nocturno, etc, deberán consultar con el especialista para adaptar las tomas. También indicada para los casos en los que no se tenga trabajo, aunque es posible que en esta situación sea necesario aumentar la dosis tomando el producto cada cuatro horas.
4. POSIBLES EFECTOS ADVERSOS
No son conocidos efectos adversos irremediables. En cualquier caso, tenga en cuenta las siguientes indicaciones:
Si toma más optimismol del que debiera
Aunque no son conocidas las intoxicaciones, en el caso de que tome una cantidad muy superior a la indicada podrá producirse un estado de volatilidad absurda con negación de la realidad existente que podría tener efectos adversos en su actividad, por lo que se recomienda la administración de una dosis de nuestro producto “terrenal”, con lo que podrán recuperarse los valores normales.
Si olvidó tomar una dosis de optimismol
No se preocupe, tome tres en la siguiente.
5. COMPONENTES Y CONSERVACIÓN DE optimismol
El principio activo de este medicamento es el OPTIMISMO.
Los demás componentes son: Un poco de alegría, fé en uno mismo y ganas de hacer cosas.
Debe conservarse en lugar fresco y seco, alejado de pesadumbres y tristezas.
No necesita receta, no se vende en farmacias, es libre, está en nosotros… Y el único coste que tiene es el de proponérselo.
La empresa sin alma
Da igual el tiempo que lleves, el compromiso, la vinculación, la motivación… No importa tu experiencia, si has aprovechado el tiempo, tu capital intelectual, tu formación… Si hay que dar números y esos números son los de una reducción de plantilla, prescindirán de ti.
Esta es la realidad de nuestras empresas, pasarse «por el forro» todas esas máximas grandilocuentes que nos han estado regalando los responsables de Recursos Humanos, y por indicación de ellos los más altos directivos, sobre la importancia de su «capital intelectual», de la gestión del talento, de la mejora de las competencias, de la integración y motivación del trabajador.
Ha resultado ser papel mojado en cuanto la cosa se ha puesto dificil, hasta convertirse en un coge el dinero y corre… Y durante un momento, alguno de esos altos directivos que ha visto cómo han hundido la empresa por la que «se desvivían» habrá pensado «¿me tendría que estar dando vergüenza ahora?». Y acto seguido se habrá respondido a sí mismo: «Sí… algo… pero bueno, ya se pasará y por lo menos mi bolsillo anda calentito». Pero esto lo habrá hecho sólo alguno, los demás sólo han visto la segunda parte, la de llevarse dinero suficiente como para vivir dos vidas.
La empresa española, con honrosas excepciones, ha progresado en estos años «A PESAR» de sus altos directivos, por la existencia de profesionales formados, con ideas y ganas de trabajar que han mantenido la producción y que han sido capaces incluso de cumplir los objetivos que les marcaban esos altos irresponsables. Quizás ahí ha estado el error, en que nunca el estrato de profesionales supo decir NO a lo que se le marcaba aún a sabiendas de que conducía a un suicidio colectivo. Pero estaba en juego el puesto de trabajo en época de bonanza y nadie quería hacer de héroe a costa de su bienestar personal. Al fin y al cabo todo se vendía, todo subía por la nubes…
El resultado sin embargo ha sido que muchos de estos profesionales han acabado finalmente perdiendo su puesto de trabajo. Sí, ese que defendían en época de bonanza, pero que ahora pierden en «vacas flacas», con un entorno mucho peor. Y los que les pusieron los objetivos, ricos, esperando otra oportunidad de asombrar al mundo con su sapiencia.
Esta es una nueva época, y yo creo sinceramente que este país saldrá adelante y muy reforzado de todo lo que nos está pasando, porque muchos cerebros muy capacitados se han «LIBERADO» del yugo de la gran empresa y ahora tienen que ponerse a pensar para crear nuevas estructuras y formas de trabajo. Veremos más pequeñas empresas y profesionales «freelance», que serán capaces de poner en valor su aportación al sistema sin que tengan que pasar por el tamiz de altos directivos arrimados a buenos árboles políticos y que no llegaban a la suela del zapato a la mayoría de ellos.
Veremos, y en realidad ya lo estamos viendo, la utilización de las nuevas tecnologías para que estos trabajos puedan internacionalizarse. Veremos multiplicarse las opciones de contratación para las empresas. Veremos cómo se gana confianza en los «nuevos artesanos» de esta época incipiente que vivimos. Ya la garantía no sólo nos la dará la gran empresa. Los profesionales, pymes y pequeños negocios volverán a centrar nuestra atención.
Y con las nuevas tecnologías, mucha atención, porque serán para multitud de productos y servicios, los profesionales, pymes y pequeños negocios de «cualquier rincón del mundo» los que atiendan esa demanda. Demos la bienvenida a la NUEVA ECONOMÍA. ¡Ya era hora y nos lo merecíamos!
Cuando perdemos algo
La vida te da algunas veces y algunas veces te quita. Nada es permanente y nada seguro salvo el final y la temporalidad a la que estamos sometidos. Pero tenemos costumbres, rutinas y nos gusta acomodarnos. Algunos antropólogos dicen que la rutina mata nuestra libertad, que nos impide tomar decisiones que nos lleven por caminos distintos y puede que mejores. Pero hay que tomar estas palabras con moderación. Sí es cierto que acomodarse limita nuestros campos de actuación, pero también nos facilita buena parte de la vida que sería de otra forma insufrible.
Cuando perdemos algo importante para nosotros, nos invade una sensación de vacío y de inseguridad; de esfuerzos e ilusiones tirados por la borda; de que las cosas no volverán a ser lo mismo e incluso algunas veces de que no podremos seguir adelante.
Inundaciones y terremotos se llevan a veces los bienes acumulados de toda una vida. Las crisis se llevan los trabajos. Y otras circunstancias alejan de nosotros a las personas que queremos. Pero vuelve a salir el sol al día siguiente. Millones de seres siguen en la rueda de la vida que no se para por los problemas de ninguno de ellos.
Pero nada se pierde del todo. Volviendo a los antropólogos, en su método de investigación, dicen que muchas veces en el viaje a otra cultura, el camino es más importante a veces que el propio destino. Según esto, para las cosas materiales, las menos importantes, nos queda el uso que les dimos, las satisfacciones o disgustos que obtuvimos de ellas, en definitiva, la experiencia de su uso que irá a parar de una forma desordenada a nuestro cerebro para cuando nos haga falta recordar en una situación parecida o en nuestra relación con algo similar.
Cuando se trata de personas todo se complica. Además de la materialidad del cuerpo, que perdemos de vista, las personas somos capaces de transmitir sensaciones, sentimientos de afecto o de odio, de complicidad o desapego, de alegría o tristeza. Cuando perdemos a alguien que nos importa también nos quedan estímulos del viaje «a ninguna parte» que hayamos realizado con esa persona, aunque con seguridad la idea del final de ese viaje nos pueda parecer aterradora.
Habremos aprendido mucho, habremos disfrutado, nos habremos entristecido por las mismas cosas, habremos sabido dar y recibir ayuda en momentos difíciles y un sinfín de sentimientos más que se entremezclan en una relación humana… pero vuelve a salir el sol al día siguiente.
Cuando llega ese día siguiente y con el sol en todo lo alto, volveremos a pensar en lo bueno o lo malo que ocurrió, en porqué las cosas fueron como fueron, en lo que cada uno fue capaz de aportar. Con calma y viendo la vida venir. La vida que sigue y en la que no contaremos ya con esa persona. Pero sí con las vivencias, con los sentimientos que forman parte ya de nosotros, con aquello que aprendimos de ella. Y si nos aturde la tristeza o, peor aún, el odio, la primera misión de ese nuevo día será desterrarlos, porque estos son sentimientos que no ayudan a nada y que no nos dejarán afrontar el resto de nuestra vida disfrutando lo que supimos vivir antes en la compañía que se perdió.
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