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Complejos de culpa (II) – ¿Trabajo poco?

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Entre no cumplir con mi cometido y que «se me caiga el lápiz» a la hora de salida y no poder dejar de trabajar ni de madrugada, hay un abismo que podemos analizar de manera conveniente para llegar a un comportamiento razonable con respecto al trabajo y que nos aleje de estas dos aberraciones que hemos indicado, mucho más habitual la primera que la segunda pero igualmente nocivas para la persona.

En muchos momentos de nuestra vida nos podemos encontrar con disyuntivas de este tipo. Imaginemos entre estudiar y trabajar. Tengo responsabilidades en mi trabajo y también estoy estudiando una carrera, máster o cualquier otro curso. Si dedico mi tarde a estudiar puedo estar pensando que debería estar trabajando. Pero si me pongo a trabajar, estaré preocupado por la marcha de mis estudios. El resultado será que no estaré rindiendo en lo que hago por la preocupación, ni mucho menos disfrutando de ninguna de las dos cosas.

Y este es un círculo vicioso muy perverso pero que, en un alto porcentaje de ocasiones, lo generamos nosotros mismos sin ninguna intervención exterior de otras personas; autogeneramos este complejo de culpa sin la más mínima piedad hacia nosotros mismos. El resultado: sentirnos mal hagamos lo que hagamos. Si a esto le añadimos los factores externos, que los habrá, ya tendremos un cóctel de los más explosivos del mercado.

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Efectivamente, puede que nos encontremos un jefe para el que no existen las horas libres, todo es trabajo que, bajo una dulce capa de dedicación, vocación y entrega, oculta probablemente cualquier tipo de las frustraciones personales que se desfogan en la empresa (ver el artículo de este blog sobre el jefe). Puede que exista una «sana» (o no) competencia entre compañeros con o sin cargos de responsabilidad, a ver quién queda mejor enviando un informe por correo electrónico al equipo de trabajo a la hora más intempestiva. Si somos comerciales, además de todo esto aparecerá el inconmensurable universo «del cliente» en el que nos encontramos todas las modalidades de personas que existen en el mundo (al fin y al cabo es lo que son aunque podamos dudarlo en algunos casos). Así, los habrá respetuosos y prudentes, y los habrá que quieren hacer sentir su yugo sobre nosotros forzando situaciones difíciles por el hecho de no perder negocio.

Pues que sepamos, que en muchas ocasiones y con dolor de nuestro corazón, a este tipo de personas es mejor perderlas no ya como clientes sino perderlas de vista en términos absolutos, sólo hola y adiós por cortesía y educación pero poco más.

El remate de estas situaciones en las que aparece este complejo de culpa por no trabajar lo suficiente se da cuando analizamos a las Pymes y los autónomos. Porque, efectivamente, aquí se concentra todo lo que hemos dicho en los párrafos anteriores: soy jefe pero trabajo a pie de obra, tengo empleados de todo tipo y además tengo que tener en cuenta los deseos de mis clientes. Con razón algunas veces se busca una ventana por la que saltar y escaparte de todo. Curioso cuando ser dueño de tus actividades, tener la capacidad de elegir el ritmo de desarrollo, debería darte más reposo y satisfacción. Porque esta es la razón de que muchas personas opten por este camino: dejar la rigidez de una empresa grande, del mundo asalariado y de aquella «sana» competencia de la que hemos hablado antes.

En algún momento hemos hablado de la «Hipercomunicación» en nuestra sociedad, uno de los conceptos que trata el filósofo Byung-Chul Han al definirla como «sociedad de la transparencia», eso que denomina «el infierno de lo igual». Y en este caso concreto que tratamos para este complejo de culpa específico, la aceleración extrema de la comunicación tiene gran parte de la culpa.

Enviamos un mensaje y EXIGIMOS una respuesta inmediata y esto es simplemente no tener respeto por el tiempo de los demás. La aplicación además te dice si el mensaje que has enviado ha sido leído… peor aún. Más ansiedad todavía para el remitente: ¡Cómo puede ser que no me responda si ya lo ha leído! Y así vamos pasando por la vida, tan centrados en todo lo inmediato, que no nos damos cuenta de que se nos está escapando.

Las herramientas de comunicación que tenemos son fantásticas y han tenido una evolución estratosférica… y la siguen teniendo, de tal forma que no creo que nadie sepa, ni el mejor de los científicos, a lo que vamos a llegar. Y esto creo que es más un problema que otra cosa sin querer ser un agorero. Fijaros la facilidad de comunicación que tenemos hoy en día con cualquiera a través del Whatsapp, pero fijaros también los millones de idioteces que se envían por este medio tan «útil». Esa facilidad de comunicación ha tenido un efecto perverso haciendo que tengamos que navegar en un mar, o mejor en un océano de iconos, memes, oks, fotografías graciosísimas con o sin movimiento, etc, etc… La misma herramienta que me facilita la comunicación, a la vez, me la dificulta.

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Pero no es el único efecto perverso. Esta dificultad la podríamos dominar con mucha selección de grupos, mensajes, sonidos, etc. Es mucho más peligroso para nosotros la acumulación progresiva de cargas de trabajo debido a una multitarea permanente. Yo mismo mientras estoy escribiendo esto he intervenido varias veces en una conversación (importante si) en la que estoy intentando aportar para resolver una situación de conflicto, pero voy a centrarme.

Si una tarde os da por pasear con vuestra familia, ¿dejáis el móvil en casa? Yo creo que no, que lo llevamos encima de forma permanente. Pues que sepáis que hubo un tiempo en que no existía y no pasaba nada… al revés. Y ya que lo lleváis, ¿va en silencio y sólo lo consultáis de vez en cuando? Puede que si… o puede que no. Si veis los mensajes, tanto si es de vez en cuando como si saltáis cada vez que suena uno, ¿qué ocurre si un cliente os hace una pregunta o petición?… vamos a dejarlo aquí por ahora, pero no olvidéis esta cuestión.

Creo que debemos hacer una serie de consideraciones a tener en cuenta cuando asoma este complejo de culpa de que «deberíamos trabajar algo más»:

El trabajo es un gas y se expande.

Así es, y ocupará, si lo dejamos, todo el tiempo de que dispongamos y aún nos parecerá que nos queda todo pendiente. Funciona como un plato de arroz que estamos comiendo sin ganas, cuando llevemos un rato masticando al revés, nos parecerá que tenemos más que al principio. Por lo tanto, todo deberá tener su límite en cada mes, en cada semana y en cada día que vivamos. Debemos establecer rutinas con las que nos sintamos cómodos y que nos sean útiles para poder disfrutar de lo que hacemos y para poder tener tiempo de otras cosas que puedan aparecer, porque no todos los días serán iguales… gracias a Dios.

Y ahora que estamos en tiempos de trabajo a distancia, el problema se agrava porque antes, había una distinción clara: hora de entrada, trabajo (con sus pausas… o no), hora de salida… y extras. Todo muy definido. Cuando llegaron los portátiles, internet, las nubes y demás, todo se difuminó y muchos ven una ventaja en trabajar de seis a ocho de la mañana, después hacer otras cosas, otro ratito luego, después por la tarde y así caer en un desmadre con el que no consigues centrarte o con el que vas a estar trabajando todo el día y más horas que en la antigua oficina. Cuidemos nuestro tiempo, porque el que haya pasado no lo volveremos a recuperar.

Identifica verdaderos problemas que debes atender.

Si ya tenemos claro que el teléfono no lo debemos atender de forma indiscriminada porque va a hacer que trabajemos, sin la calidad necesaria por supuesto, hasta en el último rincón del mundo, vamos a intentar diferenciar aquellas situaciones que sí merecerán nuestra atención inmediata y directa.

En este caso, si tenemos una comunicación correcta con nuestro equipo, conocerán nuestros hábitos y si existe un mensaje o llamada en un momento no habitual, es que será importante. En este caso lo atenderemos con la mayor normalidad del mundo porque sabremos que será algo importante y necesario y, en el caso de que no lo sea, deberemos tomar medidas para que no se repita, bien porque alguien de mi equipo tenga más formación o más confianza o bien porque determinemos claramente que ese tipo de problemas tienen otra resolución.

Si realmente tienes un equipo y tu servicio se lleva a cabo durante toda la jornada, define guardias para horarios no habituales de forma que puedan «repartirse» las situaciones excepcionales. Y valora la posibilidad de que exista una diferenciación entre los teléfonos de trabajo y los personales.

Selecciona clientes.

Cuando estamos empezando con nuestro negocio, esto se antoja muy difícil… y lo es. Entramos casi en todo lo que nos llega porque necesitamos comenzar a generar ingresos y poner nuestra maquinaria fina para el desarrollo de nuestro negocio pero pronto nos daremos cuenta de los inconvenientes si no conseguimos controlar la situación.

Determinados clientes pueden ocupar una parte muy importante de nuestro tiempo, lo que nos va a impedir desarrollarnos. Por lo tanto, llegará un momento en que tendremos que evaluar la conveniencia de tenerlos. Creo que es importante desde un principio fijar nuestros niveles de servicio y definir hasta dónde llegaremos, si hay determinados horarios, si la resolución de problemas tiene un procedimiento determinado o si contamos con un servicio de soporte.

Aquellos clientes que, como mencioné antes, disfrutan haciéndonos sentir su yugo por el hecho de que son nuestros clientes y se saltan todos los acuerdos de servicios que les hayamos explicado, sencillamente NO deberán estar, no deben existir dudas en esto y sentiremos una tranquilidad muy grande desde el mismo momento en que los hayamos dejado. Seguramente encontrarán su proveedor adecuado, pero no seremos nosotros, sin alterarnos, sin preocuparnos, sólo es una decisión correcta según nuestros criterios y puntos de vista, así de simple.

Llegados a este punto y con estas breves consideraciones, volvamos al paseo con la familia y a los mensajes que nos llegan. Si hemos reflexionado sobre estos temas, no tendremos problemas, pero si no, comenzará nuestro complejo de culpa a actuar de forma inmisericorde: «debería responder en un momento porque tengo que sacar mi empresa adelante… en realidad lo hago por ellos»… ¡estás perdido!

Necesitamos toda la tranquilidad del mundo para ir lunes, miércoles y viernes al gimnasio durante una hora porque nos gusta y nos viene bien para la salud y esos son unos momentos nuestros y no de nuestro trabajo. También para hacer ese paseo que hemos interrumpido con la llamada innecesaria en el noventa y nueve por ciento de los casos, porque el momento será de nuestra familia y no de nuestro trabajo. Sin complejos, porque son momentos necesarios incluso para poder trabajar bien después. Y no nos olvidemos de que la preocupación nos la generamos muchas veces nosotros mismos porque el resto del mundo sigue funcionando sin nosotros, aunque nos parezca que somos imprescindibles.

¿Es necesario crecer tanto o mi negocio se encuentra bien así? Puedo parar el ritmo de crecimiento y vivir más en paralelo. O puedo no hacerlo en las temporadas que yo decida porque es con mi negocio con el que disfruto. El problema será si me siento libre para tomar esa decisión. Si lo eres, trabaja hasta por la noche si quieres… pero plantéatelo.

Y quizás alguien que haya leído el primero de mis artículos sobre el complejo de culpa, podría decir que me estoy contradiciendo, pero verá que este último criterio también coincide con el que reflejé en dicho artículo y que justificaba perfectamente que, cuando YO QUIERA puedo decidir ser menos productivo y trabajar tardes o noches. Pero no será porque tengo un complejo de trabajar poco, sino por una decisión consciente de la que soy capaz de disfrutar y que en ese preciso momento, justo en ese momento y no en otro, es la que YO QUIERO tomar. Los problemas vienen sólo cuando empieza a desaparecer mi capacidad de elegir.

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La vida es una feria

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Un buen amigo y lector, me propuso en la comida del grupo CEN de Networking del martes de feria un reto que acepté: que mi próximo artículo a comentar en el grupo tratase precisamente de eso, de la feria. Como de lo que yo hablo normalmente es de una mezcla de Economía con Filosofía, el tema quizás pueda parecer muy alejado o, por lo menos, extraño. Y aquí estoy, navegando un poco por mi mente para enlazar conceptos… lo mismo sale algo con sentido.

Refiriéndonos a la feria, podemos decirle a alguien que no la conozca: «Te voy a llevar a un sitio en el que te lo vas a pasar de escándalo y no te vas a querer ir…». Es posible que nos diga: «Dime algo sobre cómo es ese sitio.», y aquí nos pueden surgir ya algunos problemas de definición. Porque es un sitio con un inmenso y constante «polverío», con gente por todas partes y en todas las condiciones posibles en las que puede estar un ser humano entre la sobriedad y el coma, donde se come a precio de restaurante pero con una calidad… bueno… ahí lo dejamos. Aunque cada vez es costumbre menos arraigada, ya que muchas cosas bonitas se van perdiendo, hay que ir un poco «arreglao» porque si van así las mujeres y se esfuerzan, no vas a ir tú en vaqueros y camiseta al lado, qué falta de consideración; pero hace calor, mucho calor, lo que significa que nada más entrar vas a estar sudando como un pollo y la cosa no va a parar hasta las nueve de la noche por lo menos… qué situación más agradable… Además hay caballos, muchos caballos, que se van a ver muy de cerca. En mi caso este año he visto un enganche tan de cerca que me hice amigo del caballo de mano del tronco delantero para toda la vida… cosas que pasan.

Llegados a este punto, nuestro interlocutor debería estar buscando una excusa para no aparecer por ese sitio infernal que le estamos describiendo. Incluso nosotros mismos es posible que a veces hayamos buscado alguna que la mayoría de las ocasiones no ha servido para nada porque volvemos a caer en el infierno ese tan bueno que es la feria.

Pero si nos fijamos, la feria es muy parecida a la vida misma. Se desarrolla en un sitio y en ese sitio tenemos nuestras zonas favoritas en las que nos encontramos mejor y otras por las que no queremos ni asomarnos. Y hay otros sitios parecidos a los que se puede ir, porque la nuestra no es la única fiesta de este tipo que existe. A pesar de tanta gente, hay momentos en los que nos podemos sentir solos. Pero existen todas las posibilidades para relacionarnos con conocidos… y con desconocidos también. Podemos llevar una buena feria o excedernos y perder los papeles en algún momento, hay tiempo para todo, y tenemos que hacer un esfuerzo para estar allí y desenvolvernos mas o menos bien. En muchas ocasiones se nos viene a la cabeza la pregunta de ¿qué hago yo aquí?, luego casi agradecemos que termine, pero, en el fondo, nos fastidia que se acabe, en este caso, no tanto como la vida, porque sabemos que el año que viene, con permiso de la ciencia y sus virus, habrá otra.

La feria es una escuela para la toma de decisiones, aunque no nos demos cuenta. Hay que saber llegar, y también saber retirarse. Podemos planificar cómo queremos llevar el día pero…ya sabemos lo que pasa… desde el inicio las buenas intenciones van a ser sistemáticamente torpedeadas a mala idea por el entorno que nos desviará sin cesar de lo que teníamos pensado. También esto nos suena bastante. Tendremos que saber navegar, dejarnos llevar, reconducir, liderar y, si es necesario, romper una situación en el momento adecuado. En definitiva, entre la llegada y la salida, tendremos que «saber estar», que es muy importante en la vida.

Hay que medir las conversaciones, en contenido y en longitud porque no acertar en esto puede ser una importante fuente de conflictos. En la feria todo es comunicación, y, como se suelen tomar más inhibidores de la conducta de lo que sería recomendable por los médicos, se convierte, ese todo, en hipercomunicación, de la que ya hemos hablado también en algún artículo. La feria siempre fue una enorme, aunque localizada, red social. Hoy es una hiper-red social, ya no está localizada, porque aunque se pretende que «lo que pase en Las Vegas se quede en Las Vegas» todo estará quedando grabado voluntaria o involuntariamente por alguna de las doscientas personas que siempre tendrás a tu alrededor y, además, convenientemente publicado para ser, claro, malinterpretado de alguna de las mil formas que hay de hacerlo.

No nos olvidemos de los recursos económicos: estamos ante un pequeño gran mercado. ¿Cuánto se mueve en esa semana? Es un importante desahogo para muchas familias, un gran negocio para otros y un mundo de excesos para todos. Hay que saber administrarse para cubrir la demanda que nos llegará por oleadas, calcular bien el servicio para que la atención sea correcta y seamos capaces de atender bien a los clientes, procurar unas condiciones aceptables en medio de «la polvareda», en definitiva, hay que saber hacer un ajuste «acertado» (no perfecto) de todos los recursos. Y si somos consumidores, también la administración es necesaria, porque estaremos en un entorno que no sólo facilita sino que estimula el consumo por todos los lados y que nos arrastra a usar la cartera más de la cuenta, no siendo extraño que más de uno, o una, acabe con un clavel con el que no llegó o paseando un inmenso peluche con el que no sabrá qué hacer.

Pero aunque parezca que todos son riesgos en los que hay que aprender a navegar, también hay otro aspecto a tener en cuenta: el enorme espíritu de positividad que te sobreviene en cuanto pones el pie dentro. Disfrutarás del «rato de vida» que vas a pasar, quizás nos arriesguemos más de la cuenta porque el ambiente nos hacer sentirnos más seguros, al fin y al cabo, todo nos parecerá que tiene solución y, si no la tiene, pues «estaría de Dios», y, sobre todo, entrará mucho aire fresco en la vida a pesar del calor insoportable. También esto tenemos que tenerlo en cuenta en nuestra vida de empresa. No soy partidario del aburrimiento del centro y norte de la Europa calvinista en la vida de la empresa, mucho más de la alegría mediterránea con un buen hacer y un bien vivir que siempre hemos sabido exprimir: Grecia, Italia, España, imperios duros pero de mezcla, colaboración y disfrute, ante imperios del pie en el cuello, explotación y exterminio. Norte o sur, frio o calor, clasismo o feria. Pues, qué queréis que os diga… feria, siempre feria; vida, siempre vida.

Tempus fugit

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Nos acercamos al final del año. Época de revisiones, de ansiedad por cubrir los objetivos o de resignación porque ya sabemos que no vamos a llegar. A este estado de ánimo empresarial se incorpora el «espíritu navideño» para ayudar en el cóctel explosivo del momento. Ojo… no dejemos atrás las comidas con «mesura» que estamos haciendo, los extras azucarados que tomamos entre horas, un poco de alcohol para aderezar y sin olvidar las sesiones de compras que llevamos ya o nos quedan por el camino que vamos.

Visto así, estaremos deseando que llegue el 15 de enero, sin duda ninguna.

Pero como dice el título, el tiempo se nos va. Se nos va en desear siempre que nos llegue algo. Cuántos comienzan el lunes deseando que llegue el viernes. Cuántos a poco que baje el termómetro están deseando que llegue mayo, o que cuando aprieta el calor llegue noviembre… o diciembre… o enero o no se sabe ya qué mes para que refresque algo. Los hay que viven pensando en las vacaciones. Hay quien está deseando que llegue la noche y quien desea que levante el día. Y de la jubilación ni hablamos.

Y entre deseo y deseo se nos va el presente, el único momento en el que podemos VIVIR. Hoy, en este preciso instante que vivimos, somos lo que hemos conseguido hacer con nuestro pasado y tenemos la oportunidad de afianzarlo o cambiarlo si queremos con lo que podamos hacer en el futuro, pero es solamente hoy cuando podemos HACER. Y el hacer también en el sentido contrario si es que vemos que puede ser más conveniente, porque también el «no hacer» puede ser lo correcto en muchos casos. Se trata de poder decidir, de actuar o no, de decir algo o callarlo, de ir o quedarte, pero hacerlo todo porque hemos tomado esa decisión que sólo se puede tomar HOY y AHORA.

El hoy y el ahora es una herramienta potentísima. Podemos agradecer, ayudar, aconsejar y consolar. Pero también podemos decidir no odiar, rechazar o herir. Tomar la vida con la calma que necesitan las decisiones. Apartar la prisa y la ansiedad. Disfrutar al conocer a otras personas o al conocer, sin más.

En este año 2022 me incorporé de nuevo al grupo CEN de networking al que pertenecí como miembro y al que he vuelto como colaborador para aburrirles con estas cosas que se me ocurren de vez en cuando. Solo les puedo dar las gracias por acogerme y escucharme y permitirme ayudar quizás de la mejor (o única) forma que sé, con la reflexión serena que nos lleve a disfrutar un poco más… de la empresa… y de la vida.

El título del artículo no es porque ahora me crea yo un pensador o un erudito, es porque estuve el otro día comiendo en Cádiz y el restaurante se llamaba así, Tempus fugit, y me dio la idea para escribir esto, que también comenté en el grupo de networking de esta semana. Que, por cierto, también el restaurante os lo recomiendo porque comimos de lujo.

Ya que tenemos la Navidad aquí, disfrutemos de los momentos que nos traiga, porque habrá muchos muy buenos y no es cuestión de desperdiciarlos. Ya hablaremos más adelante en el nuevo año de objetivos, beneficios, costes, mercados y otras cosas que son importantes y que nos pueden también hacer disfrutar aunque de distinta forma. Pero por el momento, centrémonos en nuestro hoy con cantes, bailes, comidas y bebidas. Disfrutemos de las felicitaciones, de las sinceras y hasta de las de compromiso y que seamos capaces de absorber toda la ilusión para convertirla en la energía que nos hará falta para vivir un día tras otro el 2023.

Homenaje a José Luis Sampedro

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In Memoriam Jose Luis Sampedro
Jose Luis Sampedro (Photo credit: Sophoco)

Dios nos libre del día de las alabanzas, dice el refrán. En este caso, las alabanzas nunca tuvieron que esperar a ese día. Y hasta en la muerte tuvo la sencillez de su persona, la amabilidad de su pensamiento y la fluidez de su verbo.

En mi juventud, aunque no fue ese mi deseo inicial, estudié Económicas como muchas otras personas de mi generación. La Economía se estaba matematizando cada vez más. Modelos, números, complejidad. No me gustaba.

Un día, en Televisión Española vi a un hombre simpático, risueño, lleno de vitalidad. Ante mi asombro… ¡Estaba hablando de Economía…! Se llamaba Sampedro. Fue algo que me pareció increíble y me senté a verlo. Después de aquella entrevista, al día siguiente, fui a la facultad contento. Y convencido de que detrás de los números era verdad que había algo más… que debía haber algo más, las personas.

No contento con eso, el profesor Sampedro me tenía preparada una sorpresa aún mayor. Un reconocido economista como era, se convirtió en escritor. Pero no solo de ensayos de economía, sino de novelas. De unas novelas maravillosas y llenas de humanidad con las que nos ha hecho soñar. Aunque nunca dejó de ser “economista”, porque eso al final acaba marcándote, qué cambio de rumbo en su vida más transgresor en los momentos en que se produjo, de economista a novelista, de la seriedad a la fantasía.

Años más tarde me tocó enseñar a mí. Me acordaba de este hombre ejemplar  y le intentaba poner a esas clases toda la dedicación, pasión y disfrute que podía, tal como me imaginaba que él lo haría. No sé qué pensarían mis alumnos si alguno llegara a leer esto.

El profesor Sampedro fue guía en muchos momentos en la vida de miles de profesores y alumnos que le apreciábamos de una forma sincera, no sólo por sus logros sino por su persona, su enorme persona.

Demostró que la economía no es tan aburrida como la mayoría hace pensar al resto, que se puede cambiar de vida, que se puede vivir con ilusión y alegría. Nunca le llegué a conocer personalmente aunque tuve una ocasión inmejorable para hacerlo, pero no importa. Su forma de ser y sus obras nos han quedado para que podamos seguir teniendo ilusión por una economía más humana y una vida mejor.

Muchas gracias, profesor. Su cuerpo ya no está con nosotros, pero usted no morirá nunca.

Publicado por Manuel Zúñiga Hita

Web 2.0… una nueva forma de vida.

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Bienvenidos a la Web 2.0. Herramientas basadas en internet que nos han permitido acceder a información que no hubiéramos imaginado, a servicios que se nos han simplificado a más no poder y con las que hemos encontrado amigos que ya casi teníamos olvidados.

Se trata de un caos ordenado… o un orden caótico. Llevamos años y años buscando rutinas, estructuras, procesos y procedimientos… orden en definitiva para saber dónde estábamos y a qué atenernos. La información era un bien escaso, hasta difícil de conseguir y ahora tenemos que poner filtros para que no nos ahogue.

English: A tag cloud (a typical Web 2.0 phenom...
(Photo credit: Wikipedia)

El usuario final pasa a ser el protagonista…

El mundo nos ha quedado a un clic de ratón y el usuario, antes pasivo, se hace protagonista. Es difícil encontrar a alguien con quien queramos contactar y que no esté en alguno de los infinitos nodos de frenética actividad. Sentados delante del ordenador o con un móvil en la mano tenemos información, contactos y transacciones. Cuidado: también nuestros datos jamás habían sido tan públicos si no se tiene una prudencia mínima al interactuar.

Nuevas formas de trabajar y entender las cosas…

Nuevas profesiones como la del Community Manager, deben ser consideradas por las empresas porque son capaces de vincular e influir en seguidores para el buen nombre de una marca y sin abandonar la silla o tomar un café en un bar, como se hacía antes.

Cambia la forma de comunicar y, sobre todo, la velocidad de la comunicación hasta un punto que provoca la taquicardia. Cambian las formas de trabajo porque se abren posibilidades enormes para que los profesionales se centren en su cometido y no en las herramientas, que son cada vez más amigables. Y cambia la vida personal ya que esta ola afecta incluso a aquellos que no quieren verla venir, porque sus vidas, de una forma u otra, se están viendo afectadas en todo.

Medios Sociales: el presente… y también el futuro.

Los Medios Sociales y toda la Web 2.0 han llegado para quedarse porque suponen un avance irrenunciable en nuestras vidas, porque nos las hacen mucho más fáciles y a la vez dinámicas, y lo que ahora es una “locura” evolucionará hacia unos estados asumidos por la población de forma que se convertirán en nuestra “nueva forma de vida”. Ya podemos ver la siguiente ola 3.0. Son las herramientas de la “Nueva Economía” que establecerá un orden distinto del trabajo y la producción para llegar a un nuevo escalón en la evolución de nuestra cultura.

Yo, que fui algo escéptico en la empresa porque al principio no veía clara la utilidad (y en aquellos momentos, para ser sincero, creo que aún no la tenía), dedico “un momento para pensar” a todos estos temas en mi blog de WordPress, tengo mi currículum en LinkedIn y si me buscáis en Facebook y Twitter, también me encontraréis. Es una nueva era, hay que asumirla y, sobre todo, disfrutarla.

Publicado por Manuel Zúñiga Hita

China, una gran incógnita

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china_banderaEn varias entradas anteriores he hecho referencia a los países del “BRIC” como una de las vías de salida de la crisis y una forma de reflotar nuestro sistema económico. En concreto me he referido a China porque entiendo que es la que más expectativas nos puede ofrecer, ya que tiene una potencialidad evidente y una cultura muy distinta a la nuestra que, a la vez que apasionante para estudiar, puede resultar una salvaguarda importante para no caer de nuevo en los mismos errores que ha cometido occidente en la última década.

El desarrollo chino ha sido espectacular en los últimos años y eso está posibilitando el que asuma un papel estratégico en el concierto mundial. Su desarrollo hará que se pueda ir superando su extrema desigualdad y vaya apareciendo esa clase media que supondrá una mejora real de los niveles de vida del país.

Por eso ahora, justo ahora, es importante que España aparezca con fuerza en el panorama Chino en todos los aspectos posibles. Es importante que las empresas españolas puedan “exportar todo”, con lo que me refiero a que puedan tanto colocar productos fabricados en España, como establecerse en China para asumir parte de la producción emergente en oriente.

Es importante que China pueda ser vista como uno de los destinos de profesionales españoles que en nuestro país e incluso en Europa no tienen sitio dentro del sistema productivo para desarrollar todo lo aprendido y materializar sus ilusiones. Y esto debe hacerse tanto como parte de las empresas españolas que se establezcan allí en el país lejano, como directamente en las empresas chinas, que podrán, a través de nuestros profesionales, conocer nuestro país.

Es importante que nuestro Estado venda la marca España, que deberá ser una marca de prestigio, para que las relaciones entre las dos economías sea fructífera. No vienen nada bien las disputas soberanistas ridículas ni los escándalos de políticos corruptos de todos los colores, aunque en todos lados, incluso en China, “cuecen habas” y ellos lo saben mejor que nadie.

Si España tiene visibilidad en China, la incipiente clase media pondrá su vista en nuestro país cuando se cuelgue la cámara de fotos al hombro y, mucho ojo, cuando en China pasa algo, siempre es muy grande por pequeño que sea el porcentaje, porque ellos son muchos… muchos. Y esto puede ser un impulso importante para la economía española, y otra vez en nuestro sector salvavidas. Hagámoslo bien esta vez. Estemos preparados para dar una calidad excelente. Ya tenemos mucha experiencia y podemos hacerlo. Eliminemos a toda la gente que “te hace un favor cuando te atiende” por todos los medios a nuestro alcance.

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Sin embargo hay un “PERO” en toda esta cuestión. China es, como digo en el título, una incógnita. Una incógnita que viene de la política. Se trata de un país comunista, de una dictadura en toda regla, “popular” e hipócrita como todas las dictaduras comunistas que quieren aparentar lo que no son y que algunos incluso se creen. Como lo fue Rusia y como lo es la Cuba que tantas simpatías despierta en los sectores más “progres” y libertarios de nuestro país, esos que quieren imponer la “dictadura de la calle”. Y como lo son otras democracias encubiertas gobernadas por “comandantes” de la América Latina.

Muy pronto habrá que despejar esta incógnita de la ecuación mundial. Está por ver la evolución del régimen comunista chino hacia la apertura. No podrán mantener eternamente las censuras a internet y las redes sociales. La población se hará cada vez más sensible según progrese la clase media y todo esto podría acabar en otra “primavera alborotada” como la árabe, pero con la diferencia de que aquí, no hay tantos países occidentales implicados como en el Magreb y cualquier incidente podría ser considerado una injerencia por una potencia cuyo alcance real aún no conoce occidente.

Esta situación inestable, también es conocida por la sociedad China y esto puede ser un punto a favor de que algunas de sus empresas se establezcan en el exterior, de forma que pudieran soportar en un futuro un periodo de inestabilidad de su país. Por tanto, es posible que un periodo de inestabilidad en este nuevo motor económico mundial se convierta también en una oportunidad a medio plazo para nuestra economía, ofreciendo un establecimiento seguro y de calidad para empresas de gran nivel.

Debemos establecer acuerdos de cooperación, vías comerciales y afianzar la enseñanza y alentar el aprendizaje del Chino en España. Por si alguien ve esto como lejano y difícil, puedo decir que lejano no va a ser y, además, no debería si queremos coger este tren. Y en cuanto al idioma mandarín, puedo asegurar, por mi propia experiencia, que es apasionante.

Por último, la cultura china puede hacernos recuperar algunos valores que ellos no han perdido por la ambición desmedida. Esta cultura aún valora el tiempo necesario para hacer las cosas y vive con menos prisa. Allí, además del corto plazo, que es nuestra única medida, también existen todavía el medio y el largo plazo. No sólo podemos aportar, sino que, sobre todo, también podemos aprender. No perdamos más tiempo.

Cosas que se han hecho bien en tiempos de crisis

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SIN EDITAR

Tenía una deuda con todos los que leen lo que escribo desde uno de los primeros artículos que titulé “Otra vez el fin del mundo”, porque referí que en los tiempos de crisis, no todo se hizo mal. Es verdad que algunas veces la Economía es como una fiesta. Muchos, tendríamos que decir que la mayoría, comen, beben, bailan y se divierten sin molestar. E incluso la diversión es mayor porque es colectiva, porque todos lo están haciendo. De lo contrario, vaya aburrimiento de fiesta. Igual que en la Economía, la actividad de todos los que intervienen refuerza el sistema completo y beneficia a todos.

Claro que en las fiestas hay siempre quien se emborracha, se va a la pista con la copa llena, y se le cae el vaso al suelo. O se sube a una mesa a demostrar sus dotes atléticas y al final acaba en el suelo con toda la vajilla. Si el problema solo fuera suyo, tampoco pasaría nada extraordinario, pero siempre el borracho acaba manchando a los demás y, lo que es peor, probablemente acabe con el ánimo de la fiesta. Lo mismo que ha pasado con algunos sectores en nuestra Economía. No han respetado las buenas prácticas, se han llenado de ambición, y han acabado manchando a todos. Al final hay que salir al rescate de estos sectores de la misma forma que a la fiesta acaba llegando la ambulancia para poner la inyección que evite el coma etílico al bailarín de la mesa.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de los que se han divertido en la fiesta, sin molestar a nadie y colaborando con el ánimo general de todos. De los sectores y profesionales de la economía que han sabido evolucionar en estos años, que han crecido razonablemente, que han innovado y que han sabido anticipar nuevos tiempos, aunque ahora, de momento, se vean “pringados” también por el mal hacer de otros.

Hay empresas que supieron ver que el crecimiento tenía límites y en lugar de lanzarse a una aventura desmesurada basada en eventualidades, mantuvieron su tamaño y su calidad. Se verán afectadas también por los malos tiempos, pero tendrán más oportunidades para salir del atolladero. Otras iniciaron su actividad en sectores incipientes o en expansión y siguen siendo necesarias y creciendo, como las relacionadas con el sector tecnológico de la informática y las telecomunicaciones. Algunas otras mantuvieron los mismos negocios pero aplicando recursos distintos para su producción, con lo que dimensionaron, no porque la crisis se lo exigiera, sino de una forma natural por la evolución de su producción y su estilo de empresa.

Otras empresas buscaron mercados sustitutos de aquellos que comenzaban su caída libre y volvieron su mirada al exterior, a países que se iban a convertir en nuevas potencias en poco tiempo, como así ha sido. Su pretensión fue hacer lo mismo pero vendérselo a otros, por lo que su innovación fue su sistema de comercialización y los mercados que abrían. Muchos profesionales también se ajustaron, viendo que la gran empresa ya no daba seguridad, y han empezado actividades por su cuenta, bien relacionadas con lo que han hecho durante muchos años, bien cambiando por completo una vida de rutina que no les llenaba.

Como denominador común, la aplicación intensiva de tecnología, cada vez mayor, es un avance innegable sin marcha atrás. Las posibilidades de apertura de mercados que se pueden conseguir con el comercio online pueden ser puertas de salida muy importantes. Tenemos mucha experiencia en cosas bien hechas y, lo que es un gran valor, en cosas muy mal hechas que deberemos saber evitar, tanto nosotros, como aquellos con los que a partir de ahora trabajaremos, sea cual sea su continente.

Creo que merece la pena estudiar los casos de empresas y profesionales que han evolucionado de forma prudente, como deben hacerse los negocios, y aplicar soluciones y criterios parecidos. Creo que las empresas, y los correspondientes empresarios, deben hacer un planteamiento serio sobre el tamaño al que deben llegar sin provocar un riesgo importante porque la actividad se les empiece a ir de las manos

Creo que debemos hacer que las tecnologías de la comunicación estén en cualquier cosa que hagamos porque hoy en día son compatibles la artesanía y la tecnología punta y siempre la tecnología puede y debe ayudar. Creo que los profesionales debemos tener iniciativas y poner nuestro conocimiento para su utilización en nuestro sistema. Y creo que es necesario aprender nuevos idiomas como el portugués, el chino o el ruso (el inglés lo damos por hecho), porque muchas oportunidades para los que ya llevamos años trabajando, pero, sobre todo, para los jóvenes que necesitan incorporarse a los mercados de empleo, vendrán por este camino.

Y, además, todos debemos dedicar un momento para pensar si necesitamos de verdad consumir todo lo que consumimos y si eso nos acerca más a ser felices. Porque la reforma de nuestro sistema productivo, la sostenibilidad de los recursos y la mejora del medio ambiente en el que vivimos, no depende sólo de las empresas. Cuando consumimos, llevamos a cabo un acto de responsabilidad también muy importante. Pensémoslo.

Cerebros cautivos

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Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla
Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla (Photo credit: Wikipedia)

En una entrada anterior que titulé “Motivación: ¿Ilusión o realidad?” llegaba a la conclusión de que es la auto-motivación la capacidad fundamental a desarrollar por parte de los profesionales en cualquier lugar que se encuentren, porque es la que les llevará a conseguir los más altos logros. Decía también que la empresa, y me refería sobre todo a lo que denominamos “gran empresa”, tiene habitualmente unos mecanismos importantes de desmotivación de sus profesionales, aunque sin generalizar, porque habrá alguna que esté haciendo un esfuerzo por aprovechar al máximo a su gente.

Y estos mecanismos provienen precisamente de su gran tamaño, que hace que todo sea mucho más difícil. Llegar con una propuesta al estamento y persona adecuado, convencer a todos los que te pueden ayudar o se pueden oponer a lo que propones, intentar incluir tu propuesta en unos objetivos, planes, programas, presupuestos, líneas de producción, gamas de productos y servicios, nichos de clientela… Es necesario tanto tiempo para que algo cuaje, que se pone a prueba la paciencia de tal manera que hasta el santo Job se subiría por las paredes. Y además, será casi imposible que nuestra propuesta llegue al final con pocas variaciones. Tanto, que puede que no se parezca en nada. También introduje algo de esto en otra entrada que titulé “¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?”.

Por lo tanto, nos encontramos con cientos de profesionales brillantes incorporados a la disciplina de grandes empresas que consiguen sacar sus ideas adelante a duras penas y no todas. Y estas ideas e iniciativas se están perdiendo para nuestra Economía porque donde se están generando no llegan a materializarse. Estos profesionales son “cerebros cautivos”. Acabarán acomodándose en la rutina de su gran empresa y tampoco se les podrá culpar porque el mínimo esfuerzo y máximo rendimiento es una ley natural adoptada, además, por la Economía, que la lleva en su propia definición.

La Nueva Economía necesita poner a trabajar de forma eficiente a estos cerebros cautivos y sólo con un importante estímulo se puede hacer porque estamos hablando de quebrar aparentemente una ley económica y natural. Pero en los últimos años, ha ocurrido algo que nos ha sacado de la comodidad: la crisis más virulenta que hayamos conocido. Esta situación está llevando a gigantes a regular todo el sobreempleo de unas vacas gordas que se tenían por eternas y muchos profesionales están ahora mismo fuera de esas grandes empresas de mejor o peor manera. De una forma no deseada pero muy efectiva, muchos cerebros cautivos han sido liberados. Les falta un poco de práctica para funcionar de forma efectiva como ellos saben, pero lo harán.

Pero tienen que hacer una reflexión profunda: No deben dejarse cautivar de nuevo. La Nueva Economía necesita más autónomos, freelancers, pequeños empresarios, artesanos y profesionales independientes que estén ligados a su profesión más que a una empresa y si tienen que estarlo a una, que no sea muy grande. De esta forma, hasta las grandes empresas de la Economía saldrán beneficiadas porque cuando necesiten los servicios de estos profesionales que ahora estarán fuera de sus plantillas y su tedio, recibirán ideas con toda la potencia de los cerebros activos.

El estado debe facilitar lo que la crisis ha forzado de forma cruenta. El fomento de la actividad profesional, facilitando trámites y concediendo ayudas que, si no pueden ser directas porque las arcas no lo permitan, que sí sean indirectas con la eliminación de tasas y de algunos impuestos. Puede parecer un contrasentido que se reduzcan los ingresos del Estado de esta forma, pero será la única manera de que a corto plazo vuelvan a crecer por otras vías. La puesta en circulación de los cerebros cautivos de nuestra Economía puede ser un efecto positivo de la crisis. Una catarsis que, desde la misma tragedia, pueda llegar a suponer el bienestar y la satisfacción de una buena e importante parte de la población.

Motivación: ¿Ilusión o realidad?

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Y tu Amas tu Trabajo

Esta ha sido otra de las “vacas sagradas” de los Recursos Humanos en los últimos años. Sin embargo, estaremos de acuerdo en que, al final, ha llegado a hablarse más, mucho más, muchísimo más, de su opuesta: la des-motivación. No hay que preocuparse por esto, sin embargo, sólo concienciarse de ello. Con el nivel directivo del que se ha hecho gala en este país en los últimos quince años, la gestión de la motivación más que a una herramienta empresarial de desarrollo profesional, se ha parecido a ese juego en el que hay que dar con un martillo a la cabeza que asoma por el agujero: una persona motivada, con ilusión, saca la cabeza e inmediatamente un directivo al uso lo des-motiva de un martillazo.

A partir de ahí, el profesional que ha intentado hacer algo por su empresa (algo por lo que además le pagan y es “su obligación”), aturdido por este primer golpe se plantea el porqué de lo ocurrido, e incluso llega a darse a sí mismo una explicación razonable. Y vuelta a empezar. Segundo martillazo… ¿y ahora cuál es el problema? Explicación y vuelta a empezar. Y así sucesivamente hasta que ya empieza a no sacar la cabeza y quedar sumido en una realidad de monotonía o de instrucciones sin sentido aparente (claro que los de arriba tienen más información de por qué se hacen las cosas como se hacen) que constituyen lo que yo llamo la “dirección por bandazos” (ahora todos para allá, ahora todos para el otro lado…). Pero claro, los golpes duelen.

Si llegados a este punto, alguno de los lectores está sonriendo, aunque sea levemente, será que algún golpe se ha llevado. Esto es un problema empresarial grave porque hay que saber encauzar las iniciativas de las personas, sin hacer cosas que a la empresa no le interesen, pero sin frustrar a nadie porque esa fuerza, esa iniciativa y esa capacidad de pensar siempre es necesaria.

En cualquier caso, el tratamiento “teórico” de la motivación desde el punto de vista de la empresa lo dejaremos para otro momento. Hoy me quiero centrar en la actitud del profesional que ha experimentado este “juego de despropósitos”. ¿Debemos caer en el pozo de la mediocridad para no llevarnos más martillazos en el juego? ¿Debemos dejar de tener ideas, iniciativas, para hacer lo normal, “lo que se nos pide” sin aportar nada más? Categóricamente NO. Pero no porque sea malo para la empresa, que lo es, sino porque es malo para el profesional. Porque lo que no se ejercita se atrofia y en este caso estamos hablando de nuestra mente.

Aunque una propuesta no salga adelante por cualquier motivo, (y cuando digo “cualquier” hablo desde una explicación razonada hasta un ridículo, estúpido y tajante NO sin más o una callada por respuesta), el ejercicio de pensarla, estructurarla, darle forma en el papel y llegar a defenderla es tan importante para el profesional, que no podemos permitirnos el lujo de tan siquiera dudar si debemos hacerlo. Hay que seguir porque nuestra “persona” gana cada vez que lo hacemos.

Con un poco de suerte, de estas experiencias aprenderemos a que vaya saliendo poco a poco algún proyecto. Aunque si los golpes son muchos y continuados, quizás no estemos en la empresa correcta, quizás debamos emprender nosotros nuestro camino por otro lado. Y qué difícil es esto en nuestra cultura de estar toda la vida en una empresa aunque vivamos nuestro trabajo de forma triste y el mejor proyecto sea la lotería primitiva compartida con los compañeros del departamento.

Cambiemos el concepto. Hablemos de AUTO-motivación. Hagamos depender nuestro contento o descontento de lo que seamos capaces de hacer, de lo que seamos capaces de progresar nosotros mismos. No dejemos descansar este impulso sólo en el reconocimiento de otros. Porque esos otros podrán ser mejores o peores, pero tarde o temprano irán desapareciendo y apareciendo otros nuevos. Lo que siempre estará con nosotros será nuestra capacidad, nuestro convencimiento y nuestras ganas de hacer los proyectos que creamos oportunos para avanzar.

Si conseguimos la complicidad, ayuda o aprobación de los demás, habremos dado un gran paso, pero si no lo conseguimos, tenemos que seguir en el empeño de hacer grandes cosas. Y la más grande de todas probablemente sea que nuestra mano nunca llegue a manejar un martillo en el juego.

La automotivación es una de las cualidades de los profesionales de la “Nueva Economía” y la ayuda a los demás, la principal cualidad de sus directivos.

Cuando la persona reclama el protagonismo

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Sea of Tranquility

En el mes de marzo del año 2002, siendo jefe de Formación, publiqué en la revista “Capital Humano” un artículo denominado “La persona, la nueva formación y los ciclos”. Mucho ha llovido desde entonces, pero creo que es interesante recordar algunas cosas de las que decía entonces y que ahora son incluso más aplicables a las situaciones vividas en la última década.

El sentido que le di entonces fue el de la existencia de ciclos en la vida y en la economía, esos que ahora se niegan diciendo que probablemente no volvamos a un sistema como el que hemos conocido hasta ahora por la relevancia de los cambios.

Lo que venía a decir en él es que no podemos dejar que el sistema, cualquiera que sea, piense por nosotros, que la cantinela del estado del bienestar nos atonte, porque incluso ese estado del bienestar puede también terminar su ciclo. No podemos dejar que esto sea un “café para todos” y al precio que sea. Debemos asumir nuestro protagonismo y no dejarlo todo en manos del Estado, al que ahora le pedimos todo, arrogándonos derechos sobre cualquier cosa por poco trascendente que sea.

El paso de la Economía Social de Mercado al Estado del Bienestar ha supuesto un incremento de la comodidad y de las posesiones materiales para los que nos hemos encontrado dentro de uno de los países que siguieron esta tendencia, pero creo que a costa de evolucionar hacia un encefalograma plano. Hemos dado importancia a cosas que no la tenían y nos hemos debilitado moralmente.

En los sistemas de Economía Social de Mercado creció nuestro bienestar pero teniendo plena conciencia de nuestra propia aportación e importancia. Volvamos como personas, a adquirir ese protagonismo aprendiendo de los grandes errores recientes. Seguro que sabemos hacerlo, para ser conscientes de lo verdaderamente importante en la vida.

Artículo de la Revista Capital Humano: “La persona, la nueva formación y los ciclos” (marzo 2002)