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Personas y empresa (I) – ¿Qué se espera de mí si soy el jefe?
Si se consultan en internet las tipologías de personas que hay en una empresa, nos va a salir una innumerable relación de clasificaciones, unas más originales que otras y con más o menos sesgo cómico, que analizarán este tema desde todos los puntos de vista posibles. Son artículos, por lo general que tienen muchas lecturas porque son como el horóscopo: sencillos de leer y que despiertan una curiosidad por ver lo que pone, en este caso sobre todo para intentar identificarnos con alguna de las tipologías que describe, buena se entiende, porque todos somos muy buenos en la empresa y resultaría difícil identificarse con uno de los perfiles problemáticos que se mencionen.
Sin embargo, como ejercicio personal, esta identificación con un perfil de los «malos», incompletos o que no aportan mucho, sería muy enriquecedor por el gran recorrido de mejora personal que supondría aunque solo fuera por el simple reconocimiento de que no todo es color de rosa con nosotros mismos. En realidad nos resultará mucho más fácil encuadrar a cualquier otro en estos perfiles que a nosotros mismos, por lo que, si del criterio personal de cada uno dependiera, estas categorías problemáticas estarían vacías o con sólo un grupo de valientes capaces de reconocer errores.

Si esto sólo se usara para satisfacer una curiosidad y no como un criterio de trabajo, no tendría mayor importancia pero es que sí que se usa. Y como ejemplo, hace poco escuché unas declaraciones de un miembro del sindicato Csif, de la Administración, hablar de la situación en los centros infantiles de Andalucía, que habían empezado el curso con plazas sin cubrir, lo que planteaba serios problemas de servicio en algunos centros. Gracias a Dios, ese era el único problema, que estaba siendo solventado por una «abnegada» y competente plantilla de trabajadoras (y trabajadores, que en este sector son mayoritarias). Una pregunta… ¿toda la plantilla es competente? Típico sesgo sindical: el problema es de número, pero para él todos los trabajadores son buenos, en ningún caso considera que hay gente que no sirve ni para estar escondida y debería buscar otro sitio para estar. 100% de competencia laboral… pero quizás algunos centros tengan problemas por bajas (y no me refiero a las normales), o por falta de rendimiento de algunos trabajadores, o directamente por inadecuación y falta de competencia en su trabajo de algunos otros. Esto no se mira porque sería señalar a algún «compañero» o «compañera» y eso no está bien, aunque esté causando que el resto estén haciendo un sobreesfuerzo real o que estén causando una deficiencia del servicio también «real».
Por lo tanto, al analizar la categorías tendemos a tener un sesgo, tanto al calificarnos a nosotros como a los demás, pero sobre todo, a nosotros. Y quizás el problema sea que, como tendemos a categorizarlo todo de forma «absoluta», estamos perdiendo la riqueza que nos da la diversidad de las situaciones en la empresa y en la vida misma. Si cambian las circunstancias, nuestro comportamiento puede cambiar. Si soy capaz de aprovechar las enseñanzas que recibo de la vida, probablemente también. Y eso hará que podamos pertenecer simultáneamente a varias categorías de las que vamos a analizar en esta serie de artículos. Haré mi propia clasificación en base a la experiencia que tengo y para ello, como decía Nietzsche, tendré que dejar de leer sobre este tema, porque si no, no será lo que yo piense y pueda aportar sino un resumen o una amalgama de las opiniones más o menos versadas de los demás.
Pero voy a comenzar la casa por el tejado. Este grupo de artículos va a responder a una demanda de emprendedores que tiene curiosidad y necesidad de saber cómo bregar con los recursos humanos de su empresa, cómo comunicarse con ellos, cómo motivarlos, etc, porque soy su responsable, empresario, emprendedor, coordinador, jefe o como le queramos llamar a esta figura. Pero hay una pregunta fundamental: ¿qué es lo que se espera de MÍ? Tendremos que reflexionar sobre si yo estoy preparado para trabajar con toda esta tipología de personas cambiante que vamos a describir aquí, y si no lo estoy, que puede ser perfectamente, en qué facetas debo evolucionar para estarlo. Porque, en realidad, nunca se está suficientemente preparado para tratar con todas las personas en todas las situaciones… siempre habrá una nueva.
A estas cuestiones del desarrollo directivo se le han dado todas las vueltas del mundo. Se han volcado las reflexiones sobre el tema técnico, luego sobre el humano, se han impartido miles de cursos de desarrollo directivo con técnicas para manejar equipos y tiempos y al final, después de décadas, la misma doctrina del «Management» nos dice que «no podrás ser un buen jefe si no eres una buena persona». Así de simple… y así de complicado. Porque ser buena persona no significa bajo ningún concepto ser «tonto». Y si hoy, al cabo de tantos años y tantos jefes que he tenido, pienso un poco en esta cuestión, puedo confirmar que es cierta.
Pero, bajando a la tierra, ¿en qué áreas debería trabajar entonces? Porque para tener un cargo de responsabilidad también operará que no se comporta uno igual en todas las situaciones. Por lo tanto, habrá que considerar que tampoco nosotros como jefes seremos «absolutamente buenos» o absolutamente malos», al igual que hemos hecho referencia a que con los trabajadores pasará esto mismo.
Pues vamos a recuperar cuatro términos de nuestra tradición occidental que concretan muy bien el resumen de una vida buena y responsable. Si nos remitimos a la religión Cristiana, las denominó «virtudes cardinales», pero estos conceptos fueron absorbidos por esta nueva línea de pensamientos y provienen de nuestra tradición Grecorromana muy anterior. Del mismo modo, existen valores parecidos que rigen la vida en otras culturas: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
La prudencia, la virtud por excelencia que nos decía Aristóteles, con su otra inseparable cara de la moneda, la sabiduría (práctica) que nos va a permitir saber afrontar las diferentes situaciones que la vida nos presente y que nos ayudará a navegar con rumbo, manteniendo nuestros criterios y siendo capaces de adaptarnos a las circunstancias en cada momento. Y estas dos caras de la moneda sólo se adquirirán a través de la experiencia que nos ofrece la vida, pero una experiencia activa, con implicación, con ganas de llegar a conclusiones sobre lo que pasa a nuestro alrededor y que nos permita tomar en un futuro decisiones correctas.

La justicia, para dar a cada uno lo que le corresponde, para tratar a las personas como un fin en sí mismas y no como un simple medio para conseguir algo. Y remarco lo de dar «lo que le corresponda», nunca a todos lo mismo, porque no se trata de igualar en los resultados como hacen las políticas «buenistas» a las que tan acostumbrados estamos en los últimos tiempos para la compra patética de votos y el mantenimiento en el poder, sino de ofrecer a cada persona los medios que necesitará para su desarrollo y el reconocimiento y las recompensas que se deriven de sus actos.
Fortaleza para sacar adelante los retos y superar las dificultades. Para hacer lo correcto en cada momento aunque existan otras opciones más placenteras, para asumir lo que nos plantean las distintas situaciones de la vida, incluso aquellas en las que ser prudentes no ha bastado. Aquellas en las que hay que debatirse entre lo correcto y lo que no lo es y en las que incluso tenemos que decantarnos por esta segunda opción para evitar males mayores.
Y la templanza para «gobernar» sobre nosotros mismos, sobre cuerpo y alma, para alejarnos de los extremos y para soportar los errores de acercarnos a veces demasiado a ellos. Para no caer en perfeccionismos obsesivos o dejadez indolente que nos denigra. Es esta una virtud dedicada por entero a nuestro interior, como la del acero de una espada, para el que también se usa este término, de forma que nunca llegue a romperse.
Si pensamos en un jefe «buenista» de los que abundan hoy en día, es decir, ese ejército de «tontos» de los que habíamos hablado antes, probablemente no tengan ni siquiera un mínimo razonable en ninguno de estos aspectos: tratan a todos por igual, con lo que benefician a quienes menos lo merecen, eluden las dificultades y «sacan balones» continuamente, son gente que, si es que llegan a tener experiencia en algo, no son capaces de usarla para nada y tienen una vida probablemente hedonista y sin sentido. Y sí, es verdad, por los recovecos de la vida se nos cuelan en todos los ámbitos y son los que en muchos sitios están «liderando», entre comillas y por llamarlo de alguna manera, los procesos vitales en los que nos vemos envueltos; empresa, política y sociedad en general. También habrá que pensar que algo no habremos hecho bien si esta horda de incapaces es la que nos gobierna en la mayoría de los ámbitos. Será que el buen juicio y la capacidad se retira a cuarteles de invierno cuando es la ineptitud la que campa a sus anchas.
A medida que alguien consiga progresar en esas cuatro virtudes seguramente aparecerá un estado de «calma vital», aunque sea a destellos momentáneos, que nos indicarán que avanzamos por buen camino. Hará falta tiempo para esto. Si hemos dicho que la prudencia y la sabiduría se adquieren con la experiencia, podremos quizás explicarnos por qué la gente joven no conoce esa calma. Cuando no hay justicia, en el sentido descrito, no puede haber calma. Si las situaciones nos dominan en lugar de nosotros a ellas, tampoco la habrá. Y si, al final, no conseguimos controlar nuestros impulsos, también tendremos más ansiedad que sosiego.
Trabajemos estas virtudes, no sólo porque los demás es lo que esperan de nosotros si tenemos que liderar un proyecto, una empresa o una comunidad cualquiera, sino porque nosotros mismos también será eso lo que queramos de nuestra persona.

Vivimos de percepciones
Una buena amiga, a propósito de todas estas reflexiones que estoy haciendo en el blog, me envió hace unos días una cita de Saramago que había leído:
«El mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad.»
José Saramago
Y lo que yo me planteo es si alguna vez ha dejado de ser así. Después de darle muchas vueltas, creo que nada ha cambiado desde que Platón formuló esta teoría, y creo que hay un mundo distinto por cada persona que exista sobre la faz de la tierra. Y la evolución de las civilizaciones lo confirma. Hay mundos sencillos, muy básicos, en los que la gente ve la vida pasar sin muchas más preocupaciones en su cabeza pero muchos males en el cuerpo. Los hay, algo más complicados, con muchos más avances en la tecnología donde la vida ya no pasa tan plácidamente. Y también existen mundos tormentosos en los que resulta muy complicado vivir aunque tengamos todas las comodidades.
Es curioso, pero parece que según avanza la tecnología en esos mundos para curar los males del cuerpo y hacer más llevadera la vida, más problemas aparecen en la mente para compensar ese desarrollo y que siempre tengamos algo de qué preocuparnos.
La Filosofía nos regala el concepto del «Saber» para salir del mundo de sombras y que seamos capaces de ver la realidad del mundo, una realidad incontestable que sería común a cualquiera que llegara a su contemplación, algo que nos parecería imposible en los tiempos que corren, y la Religión nos regala el concepto de «Dios» para que, en su contemplación directa, podamos llegar también a eludir esas sombras. Tanto para la Filosofía como para la Religión, y en algunos casos resulta muy difícil trazar una línea entre las dos, cobra una importancia fundamental el camino hacia su meta final (el saber o el mismo Dios, sea el que sea), porque ese camino es nuestro presente y es éste el que estamos «condenados a vivir», bendita condena.
En cursos que he impartido he comentado la carga emocional que tienen nuestras decisiones a la hora de comprar y, por lo tanto, la importancia que tiene que las consideremos a la hora de vender un producto o servicio, sabiendo que en muchos casos a estas cosas no se les puede aplicar mucha lógica. ¿No estaremos hablando de entrar un momento en el mundo del otro para ver si le cuadra lo que le queremos vender?
También se habla desde hace tiempo ya de la «empatía», ponernos en el lugar del otro para entender sus comportamientos y sentimientos. Más de lo mismo, ¿no estamos de nuevo intentando entrar en el mundo del otro para ver si somos capaces de entender algo de lo que pasa por su cabeza?
El problema es que para hacer todo esto tenemos que salir un momento de «nuestro propio mundo», porque no podremos saber qué sensación tiene un pez si no nos metemos en el agua. Y aunque este ejemplo puede ser extremo porque el pez puede respirar en el agua y yo no, los mundos de algunas personas pueden ser igual de incompatibles, lo que va a requerir un esfuerzo tremendo para poder llegar a entender qué pasa por sus cabezas.

Una primera conclusión a la que podemos llegar es que jamás llegamos a la realidad como tal y que tenemos que manejar un concepto fundamental para nosotros que es el de PERCEPCIÓN. De la misma forma que llegamos a la conclusión de que lo único que no cambia es el cambio permanente, podemos llegar a decir que el conjunto de las distintas percepciones que tenemos sobre lo que ocurre en el mundo constituye nuestra realidad. Ese conjunto de percepciones que tenemos continuamente de todo lo que nos rodea ES nuestro mundo, y no tiene nada que ver con el de los demás.
Y ahora comienzan las interacciones, las relaciones más o menos amigables, más o menos interesadas o directamente los choques entre mundos, entre las distintas formas de percibir una realidad que permanece oculta. Y el problema de la comunicación. Por eso entiendo esta reflexión que hago aquí como extensión del artículo anterior sobre la «Hipercomunicación». Tal como mantenía en ese artículo, debemos protegernos de buena parte del caudal de información que nos llega precisamente porque intenta influir de forma manipuladora en «la percepción» que tenemos de las cosas y debemos ser conscientes de que cualquiera que se comunique con nosotros no lo va a hacer desde «la realidad» sino desde su propia percepción de la misma.
En realidad, todos manipulamos, o lo intentamos, y todos nos manipulan, o lo intentan, precisamente porque ninguno tiene el conocimiento absoluto de la realidad. Y si nos fijamos, personas que llegan a tener un nivel de conocimiento similar sobre algo pueden llegar a estar de acuerdo o, al menos, a estar muy cerca en sus criterios, mientras que si estamos confrontando percepciones superficiales sobre algo, los desacuerdos y los choques pueden llegar a ser bastante importantes. Por otra parte, somos capaces de confiar en personas que entendemos que «en ese camino de conocimiento» sobre algo, han llegado más lejos que nosotros, como ocurre con la mayoría de profesionales especializados.
Y esto último, un profesional, es lo que busca cualquier persona que se acerca a una empresa para lo que sea. Sabemos que el profesional nos dará un servicio y una opinión en función de su percepción y que será siempre subjetiva. Pero esperamos que esa percepción esté basada en un camino de conocimiento y experiencia adecuado. Esta será la garantía de nuestra empresa, ofrecer una percepción más cercana a la realidad que es la que busca nuestro cliente, sobre todo cuando estamos ofertando servicios que no sean tangibles. Y tenemos una responsabilidad importante, que es preparar adecuadamente ese camino de «sabiduría» y de «confianza» que garantizará nuestro desempeño, y operar sobre la parte emocional de nuestro cliente pero con la honestidad más absoluta porque, de lo contrario, además de tener esa insatisfacción que puede provocar una ética dudosa para obtener objetivos, nuestra empresa se puede ver perjudicada por las «percepciones muy negativas» que podemos generar en nuestros clientes en aquellos casos de ventas cogidas con alfileres.
Tengamos en cuenta, por lo tanto y como siempre, las dos direcciones: seamos conscientes de que lo que recibimos no son verdades absolutas sino percepciones de personas y seamos capaces de colocar un filtro razonable para valorar la corrección de lo que nos llega. Pero, sobre todo, seamos capaces de trabajar sobre nuestras propias percepciones para que cada vez se acerquen más a una realidad que nos convierta en profesionales y personas con criterio, y capaces de comunicarlas con la honestidad de aquellos sabedores de que no tienen la razón absoluta.

Cuatro años casi…
Poco tiempo es ese en la vida y muchos sentimientos, sin embargo, tienen cabida en él. A la última etapa de mi vida profesional llegué un 1 de agosto, después de varios años bonitos pero muy duros como consultor por cuenta propia. Se trataba de aprovechar los muchos años de buen trabajo en banca y no tirar por la borda las ventajas que da el sector por un sueño romántico de emprendimiento incierto, y tan incierto que ha sido luego para muchos.
El jueves 16 de junio, celebré mi prejubilación con la mayoría de los compañeros que han formado parte de mi vida en esta etapa. Y si la firma de toda la documentación fue el adiós formal a la empresa, realmente la verdadera desvinculación, la emocional, fue esta comida.
Entre los dos momentos, un sinfín de vivencias. Llegaba a una empresa que realmente no había sido nunca «la mía», así que tocaba empezar otra vez, como en 1985, en una ventanilla muy parecida a pesar de los años. Me recibió, curiosamente, la persona que se iba a convertir en la más importante de esta etapa por la ayuda tan desinteresada que me prestó y las innumerables veces que la tuve que molestar. Comprometida con la entidad y con el trabajo a pesar de las dificultades. Suerte que tuve.
Pero, teniendo en cuenta mi situación de ser una persona más bien «mayorcita» que «se reincorporaba para irse en la primera oportunidad» , pensaba que, por no ser un activo muy interesante, lo iba a pasar mal. La empresa podía moverme en un radio de 25 kilómetros, que después fueron 50, y tenerme danzando por la sierra sin saber muy bien qué hacer conmigo. Pero no fue así, no lo hizo, y esto es lo primero que tengo que agradecer.
Lo que vino después de ese temor inicial fue un grupo de personas sencillamente genial, las personas que realmente hacen la empresa, algunas veces (o muchas) a pesar de las consignas que provienen de un despacho impersonal en la planta catorce de una torre algo alejada de la realidad.
Como el director estaba de vacaciones, el primer jefe que tuve fue el subdirector, una persona tan alta como buena que me dio las primeras consignas de mi nueva etapa. Todavía le recuerdan los clientes a los que ayudó todo lo que pudo y más. Con el paso del tiempo cambió a otra oficina y le sustituyó una persona que yo pensé que acababa de salir de clase del Instituto, pero no, era la nueva subdirectora, incansable… todos los días ha tenido examen… y todos los días ha sacado nota.
A la vuelta de ese primer mes de agosto, el director, paisano mío, volvió y él fue quien me transmitió la tranquilidad que necesitaba para esta nueva (y última) etapa. Cuál era mi plan de actuación y qué se esperaba de mí en este equipo. No sé si habré llegado a conseguirlo en algún momento. También le tocó cambiar… y nos vino el relevo. Una mente eléctrica con la capacidad de encontrar el argumento correcto en una milésima de segundo… envidia sana. Además está ahora en la noble tarea de aumentar el número de futuros contribuyentes que nos paguen las pensiones… ya volverá.
Otra más llegó ese primer día, con un bolso, dos bolsas, el maletín del portátil y seguro que algo más que se me olvida, una persona que aporta todo el optimismo del mundo y a la que por cercanía de su puesto, también le tocó la mundial conmigo. Y también se fue… a trabajar «el campo», y la sustituyó otra persona de altura, en todos los sentidos, con cara de traviesa, que lo habrá sido, y que visto y no visto, también se dedicó a aportar contribuyentes… y que volvió hace poco… y nos duró tres días… el Guadiana, y ahora hace de todo en una oficina, que es lo que tiene ser la única persona trabajando allí.
Apareció también por la oficina otro «técnico», como yo, de los que trabajábamos en Sierpes y San Francisco facilitando (o complicando) la vida a las oficinas. Una paliza diaria de coche en el sentido contrario a las que yo me daba en tiempos.
A estas alturas del relato, ya no se sabe muy bien quién sustituía a quién, pero… ¿y a mí? ¿quién me iba a sustituir a mi? Pues apareció alguien… un fusionado, como lo he sido yo cuatro veces, y que por su trayectoria aportaría a la oficina el plus comercial que yo no he podido. Aunque tampoco venía a sustituirme, así que, como yo seguía sin recibir la carta, a casa, que tenía que cuidar de otro nuevo contribuyente más que había venido.
Y nuestra última incorporación, todo simpatía, con una misión difícil en la oficina, aunque me pregunto si hay alguna fácil como está la cosa en el pueblo. Una apuesta de futuro para la entidad y a la que las comidas de los jueves le han quitado las ganas de aportar contribuyentes a pesar de lo que le viene dentro de poco.
Este es el equipo de la entidad con el que me ha tocado trabajar. Pero también surgió una palabra mágica en la economía actual… eteteeeee… una especie de mercado informe de horas que la empresa necesita para cubrir huecos de todo tipo, un saco de talento desaprovechado con el que se sale del paso sin mirar mas a largo plazo, tal vez porque el largo plazo ya no exista… ni el medio, y nos perdemos en ver si somos capaces de pasar el día. Y esto nunca ha sido bueno para la inteligencia.
De este saco salieron varios elementos de mucho cuidado que la entidad debería tener en cuenta a futuro aunque poco importará lo que yo diga. Fueron muy cercanas para mí porque entre otras cosas me sustituían para ir desayunar así que algo sé de lo que hablo. Un supercomercial con vida social muy intensa, una conocedora del mercado como ninguna, una comprometida con las necesidades de verdad del cliente y una máquina todoterreno que ya la hubiera querido yo en alguno de los equipos de mis épocas de jefatura.
Si sumamos estas capacidades, todas necesarias para una empresa actual, sale un equipo invencible. Sólo hay un pequeño detalle… hay que saber combinarlas, no vale todos haciendo de todo, no vale el «no pienses y actúa», no vale hacer lo que se pueda… Pero ese saber combinar le corresponde a la empresa, para que no se malgasten esfuerzos y capacidades, o para que no se desmotiven los dueños de las capacidades. Pero me pregunto yo, como lo hice muchas veces desde que estudiaba en la calle Porvera… ¿quién es «la empresa»?
Para todas estas personas, que han sido mi vida profesional los últimos cuatro años… casi, sólo tengo agradecimiento por lo bien que me acogieron, por todo lo que me ayudaron y, lo más importante, por todo lo que me enseñaron (y no me estoy refiriendo a operaciones del terminal). Espero sinceramente que os vaya todo bien en la vida y que seáis capaces de disfrutarla de forma plena. No importa que haya dificultades, de todo se sale. Sólo hay que mirar al frente con ilusión. Hacedlo porque valéis mucho, y nunca, nunca lo dudéis.
Web 2.0… una nueva forma de vida.
Bienvenidos a la Web 2.0. Herramientas basadas en internet que nos han permitido acceder a información que no hubiéramos imaginado, a servicios que se nos han simplificado a más no poder y con las que hemos encontrado amigos que ya casi teníamos olvidados.
Se trata de un caos ordenado… o un orden caótico. Llevamos años y años buscando rutinas, estructuras, procesos y procedimientos… orden en definitiva para saber dónde estábamos y a qué atenernos. La información era un bien escaso, hasta difícil de conseguir y ahora tenemos que poner filtros para que no nos ahogue.
El usuario final pasa a ser el protagonista…
El mundo nos ha quedado a un clic de ratón y el usuario, antes pasivo, se hace protagonista. Es difícil encontrar a alguien con quien queramos contactar y que no esté en alguno de los infinitos nodos de frenética actividad. Sentados delante del ordenador o con un móvil en la mano tenemos información, contactos y transacciones. Cuidado: también nuestros datos jamás habían sido tan públicos si no se tiene una prudencia mínima al interactuar.
Nuevas formas de trabajar y entender las cosas…
Nuevas profesiones como la del Community Manager, deben ser consideradas por las empresas porque son capaces de vincular e influir en seguidores para el buen nombre de una marca y sin abandonar la silla o tomar un café en un bar, como se hacía antes.
Cambia la forma de comunicar y, sobre todo, la velocidad de la comunicación hasta un punto que provoca la taquicardia. Cambian las formas de trabajo porque se abren posibilidades enormes para que los profesionales se centren en su cometido y no en las herramientas, que son cada vez más amigables. Y cambia la vida personal ya que esta ola afecta incluso a aquellos que no quieren verla venir, porque sus vidas, de una forma u otra, se están viendo afectadas en todo.
Medios Sociales: el presente… y también el futuro.
Los Medios Sociales y toda la Web 2.0 han llegado para quedarse porque suponen un avance irrenunciable en nuestras vidas, porque nos las hacen mucho más fáciles y a la vez dinámicas, y lo que ahora es una “locura” evolucionará hacia unos estados asumidos por la población de forma que se convertirán en nuestra “nueva forma de vida”. Ya podemos ver la siguiente ola 3.0. Son las herramientas de la “Nueva Economía” que establecerá un orden distinto del trabajo y la producción para llegar a un nuevo escalón en la evolución de nuestra cultura.
Yo, que fui algo escéptico en la empresa porque al principio no veía clara la utilidad (y en aquellos momentos, para ser sincero, creo que aún no la tenía), dedico “un momento para pensar” a todos estos temas en mi blog de WordPress, tengo mi currículum en LinkedIn y si me buscáis en Facebook y Twitter, también me encontraréis. Es una nueva era, hay que asumirla y, sobre todo, disfrutarla.
Publicado por Manuel Zúñiga HitaChina, una gran incógnita
En varias entradas anteriores he hecho referencia a los países del “BRIC” como una de las vías de salida de la crisis y una forma de reflotar nuestro sistema económico. En concreto me he referido a China porque entiendo que es la que más expectativas nos puede ofrecer, ya que tiene una potencialidad evidente y una cultura muy distinta a la nuestra que, a la vez que apasionante para estudiar, puede resultar una salvaguarda importante para no caer de nuevo en los mismos errores que ha cometido occidente en la última década.
El desarrollo chino ha sido espectacular en los últimos años y eso está posibilitando el que asuma un papel estratégico en el concierto mundial. Su desarrollo hará que se pueda ir superando su extrema desigualdad y vaya apareciendo esa clase media que supondrá una mejora real de los niveles de vida del país.
Por eso ahora, justo ahora, es importante que España aparezca con fuerza en el panorama Chino en todos los aspectos posibles. Es importante que las empresas españolas puedan “exportar todo”, con lo que me refiero a que puedan tanto colocar productos fabricados en España, como establecerse en China para asumir parte de la producción emergente en oriente.
Es importante que China pueda ser vista como uno de los destinos de profesionales españoles que en nuestro país e incluso en Europa no tienen sitio dentro del sistema productivo para desarrollar todo lo aprendido y materializar sus ilusiones. Y esto debe hacerse tanto como parte de las empresas españolas que se establezcan allí en el país lejano, como directamente en las empresas chinas, que podrán, a través de nuestros profesionales, conocer nuestro país.
Es importante que nuestro Estado venda la marca España, que deberá ser una marca de prestigio, para que las relaciones entre las dos economías sea fructífera. No vienen nada bien las disputas soberanistas ridículas ni los escándalos de políticos corruptos de todos los colores, aunque en todos lados, incluso en China, “cuecen habas” y ellos lo saben mejor que nadie.
Si España tiene visibilidad en China, la incipiente clase media pondrá su vista en nuestro país cuando se cuelgue la cámara de fotos al hombro y, mucho ojo, cuando en China pasa algo, siempre es muy grande por pequeño que sea el porcentaje, porque ellos son muchos… muchos. Y esto puede ser un impulso importante para la economía española, y otra vez en nuestro sector salvavidas. Hagámoslo bien esta vez. Estemos preparados para dar una calidad excelente. Ya tenemos mucha experiencia y podemos hacerlo. Eliminemos a toda la gente que “te hace un favor cuando te atiende” por todos los medios a nuestro alcance.
Sin embargo hay un “PERO” en toda esta cuestión. China es, como digo en el título, una incógnita. Una incógnita que viene de la política. Se trata de un país comunista, de una dictadura en toda regla, “popular” e hipócrita como todas las dictaduras comunistas que quieren aparentar lo que no son y que algunos incluso se creen. Como lo fue Rusia y como lo es la Cuba que tantas simpatías despierta en los sectores más “progres” y libertarios de nuestro país, esos que quieren imponer la “dictadura de la calle”. Y como lo son otras democracias encubiertas gobernadas por “comandantes” de la América Latina.
Muy pronto habrá que despejar esta incógnita de la ecuación mundial. Está por ver la evolución del régimen comunista chino hacia la apertura. No podrán mantener eternamente las censuras a internet y las redes sociales. La población se hará cada vez más sensible según progrese la clase media y todo esto podría acabar en otra “primavera alborotada” como la árabe, pero con la diferencia de que aquí, no hay tantos países occidentales implicados como en el Magreb y cualquier incidente podría ser considerado una injerencia por una potencia cuyo alcance real aún no conoce occidente.
Esta situación inestable, también es conocida por la sociedad China y esto puede ser un punto a favor de que algunas de sus empresas se establezcan en el exterior, de forma que pudieran soportar en un futuro un periodo de inestabilidad de su país. Por tanto, es posible que un periodo de inestabilidad en este nuevo motor económico mundial se convierta también en una oportunidad a medio plazo para nuestra economía, ofreciendo un establecimiento seguro y de calidad para empresas de gran nivel.
Debemos establecer acuerdos de cooperación, vías comerciales y afianzar la enseñanza y alentar el aprendizaje del Chino en España. Por si alguien ve esto como lejano y difícil, puedo decir que lejano no va a ser y, además, no debería si queremos coger este tren. Y en cuanto al idioma mandarín, puedo asegurar, por mi propia experiencia, que es apasionante.
Por último, la cultura china puede hacernos recuperar algunos valores que ellos no han perdido por la ambición desmedida. Esta cultura aún valora el tiempo necesario para hacer las cosas y vive con menos prisa. Allí, además del corto plazo, que es nuestra única medida, también existen todavía el medio y el largo plazo. No sólo podemos aportar, sino que, sobre todo, también podemos aprender. No perdamos más tiempo.
El nivel de la educación en España
Mucho revuelo en los últimos tiempos en la educación en este país, muchas voces exigiendo (de nuevo) cada una de ellas algo parcial y casi sectario. En otras ocasiones, exigiendo generalidades que no dicen nada salvo una apelación al populismo, a la justicia, a los derechos de la persona y demás excusas que suelen poner por delante de su discurso aquellos que no tienen verdaderos argumentos salvo su conveniencia o su cabezonería.
Sin embargo, hay una sola realidad: el fracaso absoluto de las políticas educativas como demuestran una y otra vez los niveles de los alumnos españoles en las pruebas que se realizan en el ámbito europeo o mundial. Falta de comprensión, falta de capacidad de argumentación, falta de capacidad matemática y abstracta… ¿Para qué seguir? Lo peor es que estos resultados no indican que los alumnos españoles tengan más o menos acumulación de conocimientos. Lo peor es que la falta de estas capacidades, indica que no están preparados para afrontar la vida tal como es en su más cruda realidad.
Y esto que digo, no lo hago sólo porque haya visto los resultados de estas pruebas comparativas en los medios de comunicación. Desgraciadamente, lo experimenté durante trece años cuando impartía una asignatura de primer curso en la Universidad. Era una asignatura de Economía dura, “la Micro”. Bueno, dura los primeros años, luego la primera reforma universitaria cambió el nombre, los contenidos y la reblandeció casi para que no sirviera de nada. Se convirtió así en “Principios de Economía”, una asignatura más “genérica”, más “insulsa” y algo muy importante, “más fácil” claro, adaptada al nivel de los cerebros con encefalograma cada vez más plano que nos llegaban un año tras otro.
Como yo daba clases como asociado por la tarde porque en esos momentos trabajaba también en otra empresa, algo que fue luego mal visto y casi perseguido por la Universidad, tuve la suerte de contar entre mis alumnos con personas mayores, trabajadores, autónomos o empresarios, que se matriculaban para progresar en sus ámbitos profesionales. Además, parte del alumnado era también “especial” ya que la globalidad de “estudiantes profesionales” quedaba en el turno de mañana y los de la tarde aparecían en este turno por una gran diversidad de razones. Por ejemplo, por una inquietud de poder buscar trabajo por la mañana, o por asumir algún tipo de responsabilidad familiar, o por asistir a otro tipo de actividades complementarias. Pero también, de los 80 a 100 alumnos que tenía en mi lista, de los que asistían normalmente a clase entre 20 y 30, los había que estaban en este turno porque ya no había sitio en el de mañana.
Con esta tesitura, comenzaba las clases de una asignatura dura con la que disfrutaba en las cuatro horas lectivas de cada semana intentando transmitir las entrañas del funcionamiento de la Economía. Avanzaba en el programa de la asignatura, que tenía la lógica de años, muchos años de enseñanza a sus espaldas, con referencias en España como la del profesor Castañeda, y, más pronto o más tarde, llegaban los exámenes. Todos mis alumnos eran conscientes de que los exámenes iban a ser exigentes, adecuados a lo que se espera de los profesionales que debían ser una vez finalizada la carrera. Y no me gustaba especialmente el tipo “test”, consciente de la quiniela que suponía en muchas ocasiones. Prefería que la gente se EXPRESARA, que fuera capaz de explicar abiertamente aquello que le preguntaba, que usara sus propias argumentaciones. Suponía que toda la educación recibida hasta los dieciocho años tendría que haber servido para abrir las mentes, para que fueran capaces de asimilar conocimientos, conceptos abstractos, de concretar, de sintetizar y también de analizar.
Cuando vi los primeros exámenes tuve una sensación que estaba entre el asombro y la tristeza, entre la sorpresa y la desesperación más absoluta. ¿Qué había pasado? ¿Cómo después de tanta dedicación e ilusión por enseñar el resultado era ese? Nunca tuve un porcentaje de aprobados superior al veinte por ciento. Claro que el problema podía ser mío. Podía ser un pésimo profesor y no haberme dado cuenta. Pero claro, todos los profesores a la vez no podíamos ser tan malos. Alguno bueno habría en el claustro. Y además no era eso lo que decían algunas encuestas de mí, respondidas por los propios estudiantes, y que pude comprobar pasados los años cuando estaba ya a punto de cerrar esa etapa profesional en la Universidad.
Una inmensa mayoría de estas personas mayores de edad, que llevaban estudiando toda su vida, era INCAPAZ DE EXPRESARSE en condiciones de transmitir una idea. Pero ya estaban en primero de carrera, no se podía volver a empezar con ellos y, si el nivel de la Universidad era el correcto, un nivel exigente que proporcionara una adecuada preparación, lo iban a pasar muy mal en los próximos años. Pero nosotros éramos los profesores de Economía, Derecho, Sociología, etc, no los de lectura, expresión oral y escrita, Lengua y Matemáticas. Todo esto tenía que haberse resuelto en los dieciocho años anteriores.
En los años posteriores todo empeoró. Cada vez capacidades menos desarrolladas, menos interés, más dejadez y por supuesto más exigencia de derechos. Como si plantear un nivel elevado en los exámenes supusiera una afrenta. Si un alumno no aprueba es porque el profesor es malo o el nivel inadecuado. Nunca porque el alumno es un incapaz. Y el profesor… que tuviera cuidado, porque si no entraba en cintura, quizás era mal valorado luego en las encuestas y podía tener problemas.
La respuesta del sistema educativo no fue aumentar la exigencia y la disciplina en los niveles inferiores, no. La laxitud se generalizó, el mimo al alumno se extralimitó, la autoridad de los profesores fue cuestionada y eliminada, los padres, tampoco ayudaron a que los alumnos mantuvieran el respeto y la cordura mínima que exigía el sistema, y los programas se adaptaron, con mucha pedagogía, eso sí, para nuevas formas de aprender, nuevas asignaturas y todo muy “light”, no fuera a ser que a alguien se le acusara de ser un defensor de aquello de “la letra con sangre entra”.
Para que no fuera así, todas las facilidades, si hay que bajar el nivel para que los niños no se esfuercen tanto y protesten, se baja. Si hay que reducir el número de horas, se reduce. Si hay que examinar cada dos temas porque no pueden estudiar cinco juntos, se hace. Si hay que regalar un ordenador portátil a cada uno, se regala. Si hay que reducir el número de alumnos casi a clases particulares, se reduce. Total, estamos en vacas gordas y sale dinero de todas partes… y si no, nos endeudamos y no pasa nada… porque tenemos la excusa perfecta y nadie se atreverá a discutirla: «es por la educación de nuestros hijos que es lo más importante, que es el futuro del país».
Esta turba de hipócritas es la que ha regido los destinos de la educación en España y que ha vendido esto como una mejora de la calidad de la enseñanza y un paso más del “Estado del Bienestar”. Si tener menos horas lectivas, que los exámenes sean más fáciles, que no se pueda poner un cero por gañán que se sea, que los alumnos pasen y pasen de curso sin problema, que se tenga “libertad” para replicar a un profesor, para no hacer los deberes de toda la vida y para no valorar lo que la educación significa… si todo esto es una mejora de la calidad y del bienestar, el objetivo en estos años se ha conseguido al cien por cien.
Pero, por torpes que seamos, todos sabemos que no es así. Cuando no hay esfuerzo y dedicación. Cuando no hay horas y horas para llegar al conocimiento. Cuando no hay una disciplina y una exigencia que marque límites y objetivos. Cuando no hay una actitud de firmeza por parte de docentes y padres. Cuando no hay una actitud de entrega por los alumnos, sintiéndolo mucho, NUNCA podremos llegar a tener personas preparadas.
La calidad en la educación no está sólo en los ratios y en los materiales. Si se pueden tener, mejor. Pero la verdadera calidad siempre está en las personas que intervienen, en la dedicación de los docentes, en la actitud de los alumnos y en el apoyo de los padres. Sabemos que lo que he descrito antes no es “bienestar”, es una especie de letargo que produce una satisfacción más cercana a la del animal que a la de la persona, como ocurre con el caballo que se libra de una carrera aunque haya un toque de espuela o del perro que se zafa de una orden. Si las cosas siguen así, acabaremos por no querer ni al caballo ni al perro. No hagamos lo mismo con las personas, no nos creamos que ese letargo es bienestar, no nos creamos que no hacer lo que dice el profesor es un logro de la libertad porque el profesor es un elemento represor del sistema.
La verdadera satisfacción llegará a la persona cuando vea los resultados de su esfuerzo a lo largo de su vida. Llegará cuando vea todo el trabajo que tuvo que hacer para conseguir sus objetivos. Entonces se dibujará en su cara una sonrisa indescriptible, agradeciéndose a sí misma todo lo realizado. Sonreirá por los buenos y los malos momentos, y se acordará de los profesores “duros”, aquellos que le exigieron y con los que consiguió superarse. Aquellos blandos con los que “no había problema” no se recordarán porque lo importante no será tanto lo aprendido como la capacidad de esfuerzo que se llevó a cabo. Y si no, ¿por qué no pensamos un poco en ello, a ver a quién recordamos y a quién no?
Y ahora, la turba de hipócritas que ha hundido la educación y despilfarrado recursos sin ton ni son, está preocupada de nuevo por los problemas fundamentales, entre ellos seguramente estarán si hay o no crucifijo en las clases, si se ha puesto o no el belén en las Navidades, si se habla en un idioma o en otro, si se incluye una asignatura con la Historia de la Comunidad de turno o, ¿por qué no?, de la provincia, comarca, ciudad o incluso del barrio que, con unos dirigentes con un nivel de estupidez congénita adecuado, podría llegar a tener himno, bandera y hasta llegar a ser independiente. Esto es lo importante para ellos, para esas minorías ruidosas, como todas las minorías, porque creen que haciendo ruido van a tener más razón. No les resultará importante si los niños aprenden a leer y escribir en condiciones o si entienden los conceptos de la Matemática y comprenden la vida que les rodea.
Esto de leer y escribir será de la escuela antigua, no son conceptos modernos, pero por mucho que le pese a la turba de hipócritas, a mí en ese primer curso de la Universidad me habría encantado que los que estaban allí hubieran sido atendidos en su momento en condiciones y hubieran tenido mayor capacidad para entender los conceptos y para expresar lo que habían aprendido. En aquel momento fue tarde, pero ¿y ahora? ¿Seguiremos adoctrinando desde la política «progre» y absolutamente mediocre que se ha utilizado hasta ahora o seremos capaces de hacer que los alumnos entiendan y se expresen bien para que así puedan afrontar con firmeza y libertad con mayúsculas todo lo que su vida les deparará? Y en la vida complicada que hemos conseguido, unas cosas son difíciles, otras más difíciles y otras extremadamente difíciles, requieren mucho esfuerzo y no vienen caídas del cielo.
Con todo esto, ¿Creen ustedes que es necesario cambiar el sistema educativo? Yo creo que sí… y mucho. Seguiremos hablando de este tema, no cabe la menor duda.
Los nuevos emigrantes
Lo de la Economía Global no es ninguna broma. Aunque los niveles de globalización, según los expertos, aún son menores de lo que pensamos, se dan algunas facetas que evolucionan con rapidez hacia una pérdida total de fronteras. Lo podemos ver con internet; podemos buscar cualquier conocimiento, producto, servicio o simple curiosidad en cualquier momento, en cualquier idioma y con múltiples finalidades. Esto ha hecho que nos planteemos, como ya advertí en un artículo anterior, que podamos seguir haciendo lo mismo que hacíamos, pero que podamos venderlo en cualquier otra parte del mundo si hay medios para que llegue.
Esto que nos parece una enorme ventaja en el lado de la comercialización, visto desde el lado de los medios de producción, se puede convertir en un gran inconveniente. Claro que eso será según nuestra forma de pensar «no globalizada». En nuestro mercado hay una necesidad limitada de recursos, mientras que en otros emergentes se necesitan recursos justamente de ese tipo que a nosotros nos sobra. Volvemos a los países emergentes, los de la América Latina, ademas de Rusia, China e India. Estos paises que están en un grado de desarrollo en algunos casos superlativo y que nos recuerdan a nosotros hace algunas décadas, cuando la deuda no nos ahogaba y se podía utilizar el gasto público como motor de la Economía. Algo que hicimos hasta que lo hemos reventado.
Y cuando hablo de recursos productivos, me estoy refiriendo a los humanos, claro está. Los demás pueden tener más arreglo con acuerdos comerciales internacionales para desplazar algunos a estos países o para utilizarlos aquí completando producciones de estas nuevas potencias (hablaremos de esto también en futuros artículos). Tenemos profesionales que ahora no son necesarios en el mismo régimen de trabajo asalariado en España, si bien será necesario también un ajuste inter regional. La solución para estos recursos expertos sólo tiene dos vías: EMPRENDER por su cuenta o SALIR a estas otras economías emergentes.
La teoría es sencilla, pero las dos soluciones necesitan el valor suficiente para ponerlas en práctica. Y las dos dependen de la mentalidad con la que se aborden. La primera de ellas es desarrollar una forma de pensar independiente y arriesgada que nunca se ha apoyado de forma suficiente en este país y que, por la acción de algunas ovejas negras, ha estado en algunos casos hasta mal vista. Este pensamiento tiene reminiscencias en las enormes dificultades que tiene que abordar cualquiera que quiera iniciar una actividad empresarial (permisos, licencias, todas las administraciones posibles pidiendo cosas, etc…)
Pero la segunda, salir al exterior, es aún más difícil en España. Nuestra tradición es trabajar en nuestra ciudad, a ser posible en nuestro barrio o en el centro, y a ser posible en el portal junto a casa. Cambiar de ciudad ha sido siempre un trauma para la gran mayoría y lo de cambiar de país ya era para aventureros, prófugos, gente desesperada o algún que otro especímen «raro». Pero las cosas han cambiado, y no sólo afectan a los profesionales «reconvertidos», también a los jóvenes recién licenciados. Profesionales brillantes con futuro, pero no aquí. Creo que debemos ser conscientes de esto. Los miles de estudiantes universitarios que están terminando sus carreras no podrán ser todos absorbidos por el mercado nacional, al menos en las especialidades que han estudiado.
Esta situación nos lleva a varios de los interrogantes que habrá que abordar con respecto a la educación, algo que haré en próximos artículos. La Economía Nacional sólo puede absorber en cada momento un determinado número de profesionales en unos sectores y con unas dedicaciones específicas. Los demás no serán necesarios en aquellas materias para las que han estudiado. Entonces…¿debe cada persona estudiar lo que quiere realmente? ¿aunque luego no tenga salida…y lo sepamos de antemano? Y lo que es más importante para la Economía, ¿debe el Estado financiar estos estudios sin salida en nuestro sistema? Sea como sea, está claro que el Estado, gran padre, debe llegar a un difícil equilibrio para que el sistema educativo, en este caso el superior, funcione y cubra las expectativas del país.
Pero, de lo que se trata hoy es de ser conscientes de que muchos de los universitarios que han terminado recientemente sus estudios o que lo van a hacer próximamente, tendrán que ir a trabajar a una de estas economías emergentes, si realmente están interesados en hacerlo en su disciplina. La alternativa será intentar trabajar aquí, pero en otra cosa que probablemente no tenga nada que ver, no ya con su especialidad, sino con su carrera en general o incluso con su nivel de estudios. Si la persona está satisfecha por los estudios realizados y conforme con trabajar en otra cosa, no habrá problema, salvo la pérdida parcial comunitaria de la inversión realizada en esta persona. Pero si pasa a la EXIGENCIA al «gran padre» de que haya un puesto para ella, que sepa que ni este sistema económico, ni ningún otro puede «pintar» un puesto a su medida porque esto no funciona así.
Miento un poco en realidad, que me perdone el lector. Porque la verdad en los últimos años es que se han «pintado» muchos puestos en las administraciones y empresas públicas y otras entidades político-sociales, que nos han costado el dinero a los contribuyentes. Ya conocemos los resultados, por eso podemos reafirmarnos en que las cosas no funcionan así y sólo deben utilizarse y consumirse los recursos necesarios para la producción y en concreto, los más rentables para la misma.
Aquellos universitarios que estudiaron una disciplina por vocación o por pasión o simplemente porque creían que se podrían labrar su futuro ahí, y lo siguen pensando, deben adaptar su mente a este mundo globalizado y considerar como opción la de buscar el trabajo allá donde se necesite su conocimiento. Sinceramente pienso que si personas brillantes deben salir para realizarse profesionalmente, este sentimiento y esta situación deben asumirla con serenidad. Porque será mucho mejor que llegar a irse del país porque se han convertido, como dije antes, en «gente desesperada» que deja atrás una tragedia social.
Siempre estaremos orgullosos de los profesionales que triunfan en el extranjero porque sentimos su triunfo como algo nuestro. Siempre estarán también los que ven el lado negativo y piensan que «vaya país este que no tiene trabajo para su gente» y «vaya inútiles los dirigentes que no saben arreglar esta situación». Yo estoy mejor entre los primeros. Los que piensan en negativo en España ya los tenemos casi como «ruido de fondo» en nuestras vidas y cada vez les hacemos menos caso. Y el problema del ajuste fino de la educación y los recursos, lo trataré en otro artículo más adelante, cuando yo mismo consiga que mi mente sea más global.
Cosas que se han hecho bien en tiempos de crisis
Tenía una deuda con todos los que leen lo que escribo desde uno de los primeros artículos que titulé “Otra vez el fin del mundo”, porque referí que en los tiempos de crisis, no todo se hizo mal. Es verdad que algunas veces la Economía es como una fiesta. Muchos, tendríamos que decir que la mayoría, comen, beben, bailan y se divierten sin molestar. E incluso la diversión es mayor porque es colectiva, porque todos lo están haciendo. De lo contrario, vaya aburrimiento de fiesta. Igual que en la Economía, la actividad de todos los que intervienen refuerza el sistema completo y beneficia a todos.
Claro que en las fiestas hay siempre quien se emborracha, se va a la pista con la copa llena, y se le cae el vaso al suelo. O se sube a una mesa a demostrar sus dotes atléticas y al final acaba en el suelo con toda la vajilla. Si el problema solo fuera suyo, tampoco pasaría nada extraordinario, pero siempre el borracho acaba manchando a los demás y, lo que es peor, probablemente acabe con el ánimo de la fiesta. Lo mismo que ha pasado con algunos sectores en nuestra Economía. No han respetado las buenas prácticas, se han llenado de ambición, y han acabado manchando a todos. Al final hay que salir al rescate de estos sectores de la misma forma que a la fiesta acaba llegando la ambulancia para poner la inyección que evite el coma etílico al bailarín de la mesa.
Pero de lo que quiero hablar hoy es de los que se han divertido en la fiesta, sin molestar a nadie y colaborando con el ánimo general de todos. De los sectores y profesionales de la economía que han sabido evolucionar en estos años, que han crecido razonablemente, que han innovado y que han sabido anticipar nuevos tiempos, aunque ahora, de momento, se vean “pringados” también por el mal hacer de otros.
Hay empresas que supieron ver que el crecimiento tenía límites y en lugar de lanzarse a una aventura desmesurada basada en eventualidades, mantuvieron su tamaño y su calidad. Se verán afectadas también por los malos tiempos, pero tendrán más oportunidades para salir del atolladero. Otras iniciaron su actividad en sectores incipientes o en expansión y siguen siendo necesarias y creciendo, como las relacionadas con el sector tecnológico de la informática y las telecomunicaciones. Algunas otras mantuvieron los mismos negocios pero aplicando recursos distintos para su producción, con lo que dimensionaron, no porque la crisis se lo exigiera, sino de una forma natural por la evolución de su producción y su estilo de empresa.
Otras empresas buscaron mercados sustitutos de aquellos que comenzaban su caída libre y volvieron su mirada al exterior, a países que se iban a convertir en nuevas potencias en poco tiempo, como así ha sido. Su pretensión fue hacer lo mismo pero vendérselo a otros, por lo que su innovación fue su sistema de comercialización y los mercados que abrían. Muchos profesionales también se ajustaron, viendo que la gran empresa ya no daba seguridad, y han empezado actividades por su cuenta, bien relacionadas con lo que han hecho durante muchos años, bien cambiando por completo una vida de rutina que no les llenaba.
Como denominador común, la aplicación intensiva de tecnología, cada vez mayor, es un avance innegable sin marcha atrás. Las posibilidades de apertura de mercados que se pueden conseguir con el comercio online pueden ser puertas de salida muy importantes. Tenemos mucha experiencia en cosas bien hechas y, lo que es un gran valor, en cosas muy mal hechas que deberemos saber evitar, tanto nosotros, como aquellos con los que a partir de ahora trabajaremos, sea cual sea su continente.
Creo que merece la pena estudiar los casos de empresas y profesionales que han evolucionado de forma prudente, como deben hacerse los negocios, y aplicar soluciones y criterios parecidos. Creo que las empresas, y los correspondientes empresarios, deben hacer un planteamiento serio sobre el tamaño al que deben llegar sin provocar un riesgo importante porque la actividad se les empiece a ir de las manos
Creo que debemos hacer que las tecnologías de la comunicación estén en cualquier cosa que hagamos porque hoy en día son compatibles la artesanía y la tecnología punta y siempre la tecnología puede y debe ayudar. Creo que los profesionales debemos tener iniciativas y poner nuestro conocimiento para su utilización en nuestro sistema. Y creo que es necesario aprender nuevos idiomas como el portugués, el chino o el ruso (el inglés lo damos por hecho), porque muchas oportunidades para los que ya llevamos años trabajando, pero, sobre todo, para los jóvenes que necesitan incorporarse a los mercados de empleo, vendrán por este camino.
Y, además, todos debemos dedicar un momento para pensar si necesitamos de verdad consumir todo lo que consumimos y si eso nos acerca más a ser felices. Porque la reforma de nuestro sistema productivo, la sostenibilidad de los recursos y la mejora del medio ambiente en el que vivimos, no depende sólo de las empresas. Cuando consumimos, llevamos a cabo un acto de responsabilidad también muy importante. Pensémoslo.
Captar negocio desde la acción formativa
Este es otro artículo que escribí hace ya varios años, en noviembre de 2006 en concreto, y que he recuperado de la Revista Capital Humano. Se trata de algo sobre lo que hablaré en próximas entradas en el blog dedicadas a la formación como columna vertebral del progreso humano.
¿Por qué nos formamos los humanos? ¿Por qué nuestras necesidades van más allá de lo estrictamente necesario para sobrevivir? ¿Por qué hemos acumulado como especie un conocimiento muy superior al que necesitamos para este fin? Creo que hemos llegado a aprender por placer en muchos casos, que el saber no es ya un medio sino un fin en sí. Pero lo discutiremos en otro momento.
En lo que atañe a este artículo de “Capital Humano”, y viendo la situación de las Cajas y lo que ha pasado desde entonces, hay algunos párrafos que me causan, yo diría que incluso un profundo dolor que ya expresé en un post anterior, “La empresa sin alma”. En él hacía alusión a las frases grandilocuentes que se habían pronunciado en las empresas sobre sus recursos humanos y que quedaron vacías en cuanto vinieron los problemas por la actual crisis moral y económica.
Pero resulta que este artículo lo escribí yo, una persona comprometida con mi trabajo y criterios, responsable de la formación de esa empresa y que creía en lo que estaba haciendo para ayudar a los profesionales de mi organización. Ligar la formación a resultados y actividades del día a día, con objetivos reales y sobre las tareas fue un éxito por la implicación de todos los que intervinimos: el equipo de formación, los formadores internos, los externos de Epise y, sobre todo, los participantes que pudieron sentir calor y ayuda en momentos en los que creo que les hacía falta.
Esta cercanía de la formación a los objetivos, de la posible especialización excesiva, o del momento en que esta especialización es requerida, son cuestiones difíciles pero apasionantes que trataremos para todos los niveles de la educación, desde la guardería a la empresa o al calor de un sofá en el rincón más acogedor de nuestra casa
Gracias a los amigos de Epise, que me invitaron a participar con esta ponencia en sus jornadas de estudio de Granada del año 2006 y que dio origen a este artículo de Capital Humano.
Artículo de la Revista Capital Humano: «Captar negocio desde la acción formativa» (noviembre 2006)
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