semana santa
No es un Viernes Santo cualquiera.
Este no es un Viernes Santo cualquiera. La Hermandad del Cristo no hará su estación de penitencia. No hay nervios, no hay tensión. Tampoco habrá ese cansancio indescriptible a las tres de la mañana. Pero es que ese cansancio no lo cambiamos por nada. Hoy todo será mucho más duro. La penitencia va por dentro, siempre va por dentro, pero hoy más que nunca.
Tiempo para pensar, tiempo para reflexionar, tiempo para rezar. Para pedir que pase todo lo que estamos viviendo, para pedir a la Tierra, nuestra “Casa común”, que nos perdone lo que le hacemos de forma diaria. Y para pedir a los demás que nos perdonen por todas nuestras torpezas, por todo aquello que hacemos y que nos podríamos ahorrar, simplemente para no complicar tanto la vida y poder verla pasar de forma plácida.
Hoy haremos una y mil “levantás” internas en nuestra estación de penitencia particular, y haremos una carrera “no oficial” avanzando con tristeza por lo que hemos hecho mal pero con la esperanza de mejorar siempre.
Buena estación de penitencia en este Viernes Santo.
«La Borriquita». Una historia de azul y blanco.
El patio de los naranjos del Colegio San José se va llenando de azul y blanco en la tarde del Domingo de Ramos. Los juegos, carreras, mochilas y griterío diario se convierten en esa tarde en una tensa pero alegre espera antes de la estación de penitencia. Todo organizado; además del patio de los naranjos, varias aulas y salones para una marea de nazarenos que serán los que “oficialmente” inauguren la Semana Santa de Jerez “de toda la vida” aunque ya llevemos tres días de procesiones en la calle.

Costaleros arriba y abajo; entre ellos me encuentro con Javier Valle, que cambió la dirección de cofradía por una trabajadera. Podrá decirnos cuando acabe el día cuál de los dos trabajos es más duro… y cuál más desagradecido. Ya veo otras caras conocidas, los de “mi quinta”; veo a Miguel Pérez, insigne belenista que algo tuvo también que ver con la palmera de su Misterio, a Abelardo Escudero, vecino mío de infancia y juventud, veo también a Manolo y Antonio Serrano, grandes veteranos de esta Hermandad, a José Manuel Ramírez y a Javier Jiménez, otro compañero de fatigas bancarias, igual que Miguel, Antonio y el mismo José Manuel, y que desde hace muchos años siempre se me ha acercado en la calle para dejarme un recuerdo del Domingo de Ramos con la imagen de alguno de sus Titulares. Aunque no sea mi Hermandad, me encuentro como en casa; mi pasado lasaliano algo tendrá también que ver.
Y en el Oratorio, la inmensa presencia de Cristo Rey y la Estrella esperando su momento. Atributos ordenados preparados para la salida y murmullos y en algunos momentos griterío que llega desde el patio lateral, como si hubiera sonado la campana del recreo. Oraciones personales de hermanos ante sus titulares y también la mía, para que todo en esa tarde fuera perfecto.
Pero mi presencia allí no era casual, como tampoco lo fue los dos años anteriores, sino por echar una mano a un amigo de mi Hermandad, Sebastián, al que le había “tocado” ser delegado de día de la Unión de Hermandades y que, conociendo mi pasado, me había asignado para colaborar en el recorrido de “La Borriquita”. Le estoy muy agradecido por esto. Así que busqué a las dos personas con las que tenía que contactar, el Hermano Mayor y el Director de Cofradía. Los encontré en el patio de los naranjos atendiendo a los medios. Saludo desde lejos… ¡Ahora nos vemos!… ¡Sin problema!
Cuando terminaron, un saludo muy alegre, porque la tarde pintaba muy bien, y una conversación corta. Javi Castañeda, de familia con el corazón partido el Domingo de Ramos entre La Salle y la Ermita de Guía, y Juan Miguel, el Hermano Mayor, sólo me confirmaron que todo estaba controlado, sin novedades. Perfecto, no os molesto más que uno tiene que rematar la salida y el otro atender al pregonero. Mi información en el grupo de delegados de día: “Todo perfecto en San José”, sin florituras.

Se acercaba la hora y el patio, las aulas y los salones ya eran todo azul y blanco. Todo el mundo preparado, los costaleros tras los pasos y los primeros tramos de palmas levantados. Cruz de Guía y faroles… Puerta abierta, aplausos, iniciamos el camino para convertir la “Entrada Triunfal” en “Salida Gloriosa”. Gente con muchos años a la espalda en la dirección de cofradía iba entregando atributos a medida que avanzaban los tramos por el Oratorio. Un poco más, se abre otra puerta… ahora sí, mi información al grupo: “Cruz de Guía de la Borriquita en la calle”.
Sin darme cuenta, en el sitio de absoluto privilegio en que me encontraba por mi cometido de esa tarde, me vi rodeado de los más viejos del lugar, todos los que ya mencioné y muchos más. Ayudé lo que pude a poner capirotes, sostener insignias o quitar dobleces del antifaz porque ya tocó Martín el llamador del Misterio. Una levantá suave como para no despertar a la Estrella que estaba a su lado, la banda tocando desde el patio y una revirá genial para enfrentar la puerta del Oratorio. Nuevo toque del llamador, salida complicada y perfecta, Himno y el paso fuera. Unos metros después, la otra puerta y mi información en el grupo: “Cristo Rey en la calle”.

Siguió el trabajo dentro, tramos de cirios, insignias, atributos, detrás del portentoso paso de Misterio de la Hermandad, y, en un suspiro, le tocó el turno a la Señora. Antes de que fuera más tarde, me despedí del Hermano Mayor: “Juan, buena estación. Si necesitas algo ya sabes”. Pocas cosas hay en el mundo con tanta estética y simbología y que deleite más a los sentidos que un paso de palio. Vista, oído y olfato trabajan para que casi podamos tocarlo y para que podamos saborearlo en toda su dimensión. Toque de llamador y el palio arriba, una marcha eterna como la revirá del paso en el Oratorio pero que pasó en un momento. En el costado izquierdo mi amigo Lolo Becerra, su mayordomo, hermano también de nuestra otra Hermandad, El Cristo, donde está tan desaprovechado. Otro esfuerzo más y el palio ya estaba fuera. Mi última información al grupo: “La Estrella en la calle”. Ahora nos quedaba toda la tarde.
Este cinco de abril de 2020 no podrá ser. Un microorganismo nos hace valorar aún más lo que tenemos y que damos por sentado, pero que podemos perder en un momento. Estoy seguro de que los hermanos de La Borriquita, pasarán un mal momento, como lo iremos pasando los demás según lleguen los días, pero llevarán a Cristo Rey y a la Estrella en su corazón como si estuvieran vestidos de azul y blanco. Hoy me he acordado de ellos y quería dedicarles estas palabras para que supieran cómo vivió esos momentos de privilegio, alguien que no es de la Hermandad, pero que tuvo la ocasión de compartirlos y que se siente muy agradecido por ello. Ya sólo os queda un año.
Publicado por Manuel Zúñiga Hita.