Complejos de culpa (I) – Productividad obsesiva

Posted on Actualizado enn

Pase que en España no seamos los más productivos del mundo, que desaprovechemos el tiempo un poco y no consigamos hacer en el mismo tiempo todo lo que un alemán, francés o noruego son capaces de hacer. También habrá que ver si por el camino de hacer las cosas, esas que nos han costado a nosotros más tiempo, ellos han disfrutado más o menos que nosotros, porque puede que la productividad sea mayor en sus casos pero la satisfacción menor. Es importante, eso sí, que el resultado final pueda tener la misma calidad en todos los casos.

Siempre que sale una estadística de productividad en Europa, o, en general, en ese grupo de países denominados «del primer mundo», comienza el debate por la posición de España. Una serie de expertos han definido los parámetros, en este caso de la productividad, de forma aséptica y fría y según unas teorías de la producción que no consideran bien los entornos y las formas de ser, y se acaban estableciendo las escalas de quiénes son mejores o peores. Pero según esos criterios sobre los que, muy probablemente, nadie nos ha preguntado.

Y así, siguiendo el error perpetuo de España desde que terminó el siglo de oro y empezó a fraguarse la ideología liberal y progresista, lo que viene de fuera siempre es lo mejor y se convierte en ley, nosotros no somos capaces de hacer nada a derechas y de establecer el más mínimo criterio y, por lo tanto somos una especie de «chuflas» y retrasados ante una Europa que nos escribió la historia. ¡Todos a acomplejarse!… Y hasta hoy y prácticamente en todos los aspectos de la vida: en cada parcela, una mayoría de acomplejados y una pseudo élite de expertos que se sienten por encima del común de los mortales porque defienden criterios que se han establecido en otros sitios «más avanzados», sin la más mínima capacidad de crítica hacia esos criterios que nos tenemos que «tragar» y sin ser capaces, tanto que saben, de proponer nada nuevo.

Photo by Ron Lach on Pexels.com

Pero creo que sería necesario que nos hiciéramos algunas preguntas, porque según su respuesta es posible que cambie mucho la situación:

Ante esta situación de la productividad por ejemplo, ¿aplicamos igual o mejor tecnología? Si la respuesta es que no, tenemos un claro margen de mejora que podremos analizar para igualarnos y probablemente con esas mejoras podremos alcanzar el mismo nivel. Aquí no habría mucha justificación de esos complejos, existe realmente un desfase y simplemente nosotros decidiremos cómo y cuándo hacer esas mejoras.

Si la respuesta es que sí y tenemos a nuestra disposición las mismas herramientas, entonces la cosa será algo más complicada y tendríamos que pasar a una segunda pregunta: ¿Es siempre así o estamos en aquello de generalizar por costumbre? Un vicio muy instaurado en nuestro país, analizamos unos resultados parciales e inmediatamente, si son malos claro, lo extendemos a la generalidad de los casos. Esto nos llevará al resultado de que habrá una gran mayoría trabajando muy bien, pero bajo el estigma de que no lo hace y sólo porque hay algunos que no cumplen esos estándares (que vienen de fuera). Tampoco caben aquí complejos porque en ningún sitio del mundo existirá un nivel de uniformidad total en la actividad económica y siempre «habrá de todo en la viña del Señor».

Pero está también la otra opción, que efectivamente sea siempre así en la mayoría de los casos, y teniendo a nuestra disposición la misma tecnología, los resultados sean peores. Esta situación nos llevaría a la tercera pregunta: ¿Nos importa realmente? Porque ya aquí, estamos entrando en otro tipo de análisis muchísimo más profundos aunque nos parezca todo lo contrario.

En el caso que nos ocupa de la productividad en el trabajo, el desfase podría significar que yo tardo, por ejemplo, tres horas más en hacer la misma tarea, con la misma calidad, que un holandés o un alemán teniendo a mi alcance las mismas herramientas y el mismo conocimiento personal y experiencia que ellos. Si esas tres horas además, las cobro, la empresa o el proyecto incurrirá en unos mayores costes de personal (suponiendo el mismo salario, que sabemos que en muchos casos no es así). Por lo tanto, o el margen será menor o, para tener el mismo que mis dos competidores, tendría que subir el precio del producto o servicio que he llevado a cabo. En ambas circunstancias mi negocio pierde, en teoría.

Y aunque haciendo las cuentas esto sería un hecho constatable, también he dicho «en teoría». Hagamos un supuesto: he tardado tres horas más porque he atendido, cuando no estaba previsto, a dos compañeros de trabajo que me pidieron opinión o ayuda para sus distintas actividades en lugar de ser un «estreñido» que les cortó en seco y les dijo que me pidieran cita por correo electrónico. Como consecuencia de esa ayuda, uno de ellos ha logrado una solución para la suya y el otro ha aprendido algo que incorporará de forma continuada como mejora a sus actividades diarias. La vida es compleja, como dije en otro artículo, así que, ¿qué balance podríamos hacer ahora? Mi actividad ha resultado algo más «cara» sí, pero posiblemente las mejoras de los otros dos compañeros han generado una notable mejora de la productividad de ellos y, por lo tanto, una mejora de la productividad «general» de la empresa desde ese preciso momento. ¿Con qué nos quedamos? Probablemente ya no sea tan crítica mi peor productividad, aunque también dichas aportaciones se las podría haber hecho en otro momento planificado más adelante y lo tendríamos todo… ¡o no!

Photo by Liza Summer on Pexels.co

Imaginemos que esas horas de más NO LAS COBRO. ¿Por qué puede ocurrir esto? Porque la empresa (que en muchos casos puedo ser yo mismo) no me las va a pagar aunque realmente hicieran falta para el proyecto; mal vamos, pero este es un tema muy distinto, porque si hacían falta, algo cambia en las condiciones con respecto al holandés y al alemán, pero en cualquier caso el coste de la actividad debería ser superior y estaríamos falseando los resultados… y esto da, no sólo para un artículo, sino hasta para un libro entero, y le dedicaremos tiempo al tema de los costes.

Pero, por ahora, vamos a las otras opciones: me han interrumpido esos compañeros y les he atendido con el resultado que he dicho antes y YO he decidido trabajarlas para terminar mi proyecto. O simplemente YO he decidido tomármelo con más calma en mi trabajo y de forma consciente he tardado más para hacerlo de una forma más tranquila, segura, e incluso disfrutándolo más. Con la primera opción (que es la que haría cualquier autónomo o pyme), la empresa no sólo no ha incrementado el coste sino que ha tenido una mejora; con la segunda opción (que es la que «debería» hacer el autónomo alguna que otra vez) no ha tenido incremento de coste y la persona ha seguido una decisión propia que entendemos que es satisfactoria para su bienestar personal.

En estos casos estoy sacrificando tres horas de mi vida personal para dedicarlas al trabajo sin tener ninguna compensación «económica», pero quizás de otro tipo sí (satisfacción por la ayuda prestada, satisfacción por disfrute de mi trabajo… y así podríamos seguir con este tipo de justificaciones por el que una buena parte de la población nos diría que somos tontos, que no debemos hacerlo, que deberíamos reclamar más salario, negarnos en redondo, acudir a la justicia o incluso a los sindicatos para que empiecen a envenenarlo todo, aunque eso era antes, ya ni eso…).

Es posible que nuestra forma de trabajo sea distinta a la del holandés o a la del alemán, pero el punto crítico es, según yo creo, ese «YO he decidido» que he usado antes y que constituye una libre y consciente elección de mi situación en el trabajo y que nadie puede ni debe criticar, porque hay fundamentos que no podemos imaginar detrás de cada comportamiento humano. Si nos fijamos, salvo en el último caso en el que decido trabajar de forma más relajada, en los demás en que atiendo a mis compañeros, cobrando las horas o sin cobrar, en realidad el problema es de una simple imputación contable, porque esas tres horas (y su correspondiente coste), nunca deberían haberse imputado al proyecto en cuestión, por lo que mi productividad habría sido la misma que la de los del norte, y si he cumplido al final los plazos, que es donde deberíamos tener mucho cuidado, incluso superior por las aportaciones realizadas a las demás actividades.

Si nos encontramos en estas situaciones, cualquiera de ellas, que son además la mayoría, COMPLEJOS NINGUNO, sólo mirada al frente y defensa de nuestra forma de trabajo, esa que nos hace más afables y que vivamos mejor si no fuera por el permanente complejo de culpa que tenemos en este tema concreto de la productividad.

Pero mucho cuidado: si no rindes lo suficiente, tardas más siempre, no aportas mucho al resto e incluso no cumples plazos… si siempre hay una excusa para lo que no se hace y una queja del poco tiempo que se tiene y lo complicado que resulta todo, probablemente debas plantearte que eres un flojo o un inútil o incluso las dos cosas juntas y que tu sitio no está ahí, en esa empresa y probablemente en ninguna otra, y si no cambias de actitud, deberías acabar en un sitio que yo personalmente no acabo de concretar o, como mínimo, en una cola de las tantas que hay para ayudas sin contraprestación alguna, quitándosela también a alguien que realmente la necesite, que hasta para eso se puede ser inútil en grado máximo.

Photo by Liza Summer on Pexels.com

Un comentario sobre “Complejos de culpa (I) – Productividad obsesiva

    […] quizás alguien que haya leído el primero de mis artículos sobre el complejo de culpa, podría decir que me estoy contradiciendo, pero verá que este último criterio también coincide […]

Replica a Complejos de culpa (II) – ¿Trabajo poco? « Un momento para pensar Cancelar la respuesta